Pausa eterna

Sangran los ojos

del rincón sin nombre

de la especie bélica que olvidó su alma

al habitar un mundo irreconocible,

de dolor, de desarmonía sin humanidad.

Rota…

deshecha inconsciencia

cansada de una niñez sin memoria,

de guerras atravesando el pecho.

Pero no…

no se puede des-saber lo vivido

ni des-sentir lo sentido.

Y entonces arde…

arde este anhelo brutal

de una especie más alta,

más limpia,

más incapaz de herirse a sí misma.

Una especie que no necesite aprender la paz

porque jamás olvidó cómo venerarla.

Sin embargo…

nos mordemos entre nosotros,

nos creemos ajenos,

sin saber que nos lloramos en distintos cuerpos,

misma carne, misma conciencia desangrada.

Hagamos trizas esta historia repetida

de frías y ataráxicas estadísticas.

¡A reconstruir!

Con manos nuevas.

Con miradas que no conozcan el odio,

con palabras de sosiego.

Entender —con rabia sagrada—

que no somos víctimas de la guerra.

Somos su pausa eterna…

Y decirlo…

con certeza,

con poder,

con compasión.

¡Ya no más!

Ya jamás

lastimaremos

nuestro mundo.

Poeta coahuilense. Autora de siete libros de poesía: Inspirario entre andares y poemas, Anhelhadas, Jácaras mágicas de Saltillo, Eroticario, Bella niña, Fridario y Vida en negritas. Acreedora del primer lugar internacional en género de poesía del certamen anual convocado por la revista Parnaso del Nuevo Mundo, de Perú. Sus poemas han sido publicados en las revistas Argo, Acequia, de la Ibero, Revista de la UNAM y Espacio 4.

Un comentario en “Pausa eterna

Deja un comentario