Pregunta diabética

En la repetición consiste el aprendizaje y confirmación de un nuevo conocimiento.

—Doc Kiskesabe, soy hombre sano, pero fíjese que por primera vez me hice unos estudios que me pidió un médico y me encontró el azúcar normal, de 90 (rango 60 a 110), pero me dijo que mi hemoglobina glicosilada salió ligeramente alta, de 6%, siendo lo normal 5.7% y me sugirió que viera a un especialista en endocrinología porque ya soy diabético. Vi al endocrinólogo que me recomendó y efectivamente, me dijo que ya soy prediabético y que debía tomar metformina «para prevenir». Pero yo le dije que no tengo familiares diabéticos y varias veces me había medido el azúcar en la vena y en ayunas y que siempre he salido normal. He leído lo que escribe en esta columna y lo que dice por radio y como el endocrinólogo me dijo que la hemoglobina glicosilada detecta la diabetes antes de que el azúcar moleste, porque yo no tengo ninguna molestia. Este especialista me dice que la hemoglobina glicosilada en mi caso, me está diciendo que yo padezco de diabetes desde hace mínimo unos 10 años, pero yo tengo dudas ¿Usted qué opina?

Respuesta:

—Sus dudas son bastante razonables, y con todo respeto hacia la investidura del endocrinólogo, quien seguramente sabe mucho más que yo de diabetes, pero no concuerdo con la interpretación que le hace a esos resultado de azúcar y hemoglobina glicosilada. Mis argumentos son los siguientes:

1. Los datos clínicos de diabetes: mucha orina, mucha sed, mucha hambre, y azúcar por encima de 180, no hay duda del diagnóstico con o sin hemoglobina glicosilada o glucosilada. En estos casos hasta el paciente puede estar seguro del diagnóstico sin necesidad de la opinión de un médico general o especialista. Si el azúcar no ha rebasado los 180 y por supuesto no hay síntomas, simplemente no hay diabetes y decirle esto a una persona, no es rentable el negocio del dolor y el sufrimiento humano.

2. «El negocio» es bueno cuando el paciente no tiene síntomas, con azúcar menor de 180 miligramos, en estos casos es cuando se facilita el terrorismo diabético y se abusa de estudios de poco valor práctico y aunque con «alti$imo» «valor académico» y muy alto costo económico para personas sanas, en relación al costo beneficio. Solicitar al laboratorio la medición en sangre del péptico C, insulina sérica, curva de tolerancia a la glucosa, hemoglobina glicosilada en pacientes con menos de 180 miligramos, es por demás injusto. La justicia es un parámetro de la buena calidad en la atención médica y esto es relacionado a la relación costo beneficio. Significa en estos casos mucho gasto, con mínimo beneficio.

3. Si la medición de la hemoglobina glicosilada solo sugiere que el azúcar estuvo elevado en los dos meses previos, es una falacia afirmar que esa persona, sana, sin síntomas de diabetes, tiene diabetes desde hace 5 o 10 años antes, si al haber medido el azúcar varias veces esta ha sido normal.

https://diabetes.org/espanol/diagnostico

En este enlace, se especifica con claridad que el diagnóstico de diabetes se establece si el paciente tiene más de 180 miligramos de azúcar con síntomas clínicos. Pero, refieren otros criterios de diagnóstico, con los que le «conjugan el verbo engatusar» a personas sanas y las convierten en diabéticos, una verdadera enfermedad llamada doctor.

La frase «escoja el especialista y de paso escogerá su enfermedad» es un proverbio que sugiere que la elección de un especialista puede influir en el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad. En otras palabras, la persona que se especializa en un área específica puede tener conocimientos más avanzados sobre las enfermedades propias de la especialidad, lo que puede llevar, entre comillas «a un mejor diagnóstico y tratamiento», aunque como hemos visto, no necesariamente.

La práctica clínica correlacionada con la teoría, me reafirma que este tipo de pacientes, en realidad son sanos, pero el mercantilismo propio del ejercicio actual de la medicina en un sistema capitalista injusto, conduce a este tipo de práctica medica, perjudicial a la sociedad.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.

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