Rap, política y humo digital, el arte de IA que enfada a los poderosos

Dor Brothers rompe los moldes con un video viral creado íntegramente por inteligencia artificial. Entre acusaciones de plagio y elogios a su irreverencia, el colectivo marca el pulso de una nueva era

El video —ya convertido en fenómeno viral— donde Donald Trump aparece fumando un cigarro, rodeado de mujeres que bailan al ritmo de un rap, podría pasar por una provocación propia de la sátira política, pero lo que lo distingue es su origen: fue creado sin cámaras, sin actores, sin escenografías, únicamente a través de inteligencia artificial (IA). La escena, que caricaturiza al presidente con un tono agresivo, ha sumado más de 16 millones de vistas en YouTube, convirtiéndose en símbolo de una nueva forma de hacer arte digital: directa, subversiva y al margen de los métodos tradicionales. La producción, firmada por Dor Brothers, no solo desató elogios y críticas encendidas, sino que evidenció cómo la IA está redefiniendo la manera en que se construyen mensajes políticos, económicos y sociales en la era de los algoritmos.

«Lo único que importará serán las ideas creativas, las ideas singulares y los creadores únicos».

Yonatan Dor, director de Dor Brothers

La publicación digital ha resultado hasta ahora el mayor éxito de Dor Brothers, un estudio que supera los 100 millones de visualizaciones en diversas plataformas gracias a su catálogo de videos creados íntegramente con IA. Según Stuart A. Thompson, autor del reportaje «Arrasa en internet estudio de video IA», el colectivo aprovecha las herramientas digitales no solo como un recurso técnico, sino como una forma de expresión artística que conecta de manera inmediata con las audiencias de redes sociales. Lejos de limitarse a la sátira política, explora una estética que su director, Yonatan Dor, compara con el estilo de «MTV de la vieja escuela de los 90», apuntando a contenidos subversivos que priorizan la viralización. Con apenas cuatro empleados de tiempo completo y una red de freelancers, el estudio ha logrado convertir sus proyectos en un negocio rentable, superando el millón de dólares en ingresos anuales, principalmente a través de colaboraciones comerciales y consultorías para marcas interesadas en incursionar en la IA.

Opiniones divididas

La popularidad de Dor Brothers no ha estado exenta de polémicas. Mientras una parte del público celebra la creatividad y audacia de sus videos, otra los considera un reflejo del deterioro de los estándares artísticos. En plataformas como YouTube y X (antes Twitter), no es raro encontrar comentarios que llaman a sus obras «basura de IA», acusándolos de producir imitaciones de bajo costo y de apoyarse en material protegido por derechos de autor para entrenar sus modelos.

La discusión ha polarizado a artistas, críticos y creadores. Algunos consideran que la IA representa una amenaza para la integridad del arte, al desdibujar la línea entre originalidad y plagio. Otros consideran estas herramientas una vía para democratizar la creación, eliminando las barreras económicas y técnicas que durante años han limitado a quienes no tienen acceso a los recursos de una gran producción.

«Es obvio; las cosas están cambiando constantemente», afirma Yonatan Dor desde Lisboa. «Necesitamos adaptarnos como especie a la tecnología». Para él, la IA no es un sustituto de la creatividad humana, sino un vehículo que permite ejecutar ideas con mayor libertad. «Lo único que importará serán las ideas creativas, las ideas singulares y los creadores únicos», asegura.

¿Arte inteligente?

Este fenómeno no es exclusivo de Dor Brothers. En la industria del video generado por IA, otros estudios han optado por enfoques más sofisticados, creando cortometrajes que rivalizan con producciones de Hollywood. Un ejemplo reciente es un relato visual sobre un ataque con drones en Ucrania, que la revista Variety comparó con Misión: Imposible por su calidad técnica y narrativa. Al mismo tiempo, otra compañía —Runway— organiza festivales de cine enfocados en la IA, donde obras del calibre de Total Pixel Space —un ensayo visual sobre la naturaleza del arte, realizado íntegramente por IA— reciben reconocimiento de la crítica.

Mientras estos festivales buscan legitimar la IA como una herramienta artística válida, la batalla cultural en torno a su uso sigue abierta. Dor Brothers, por su parte, ha preferido mantenerse en la órbita de las redes sociales, apostando por un lenguaje visual ágil y provocador que no busca necesariamente la aprobación de la industria cinematográfica tradicional.

Futuro en ciernes

La evolución de las herramientas de IA ha permitido anticipar un futuro en el que será posible crear personajes digitales con identidad visual y sonora coherente, capaces de protagonizar videos completos sin intervención humana directa. «Así, cada vez que generes, tendrá una voz similar y lucirá igual», explica Dor. «Y entonces realmente estaremos empezando a competir con Hollywood».

El impacto de esta transformación va más allá de lo técnico. La facilidad para producir videos con contenido crítico, subversivo o incluso polémico abre nuevas posibilidades en el terreno de la comunicación política y social. Lo que antes requería equipos de filmación, locaciones y presupuestos considerables, ahora puede realizarse desde una computadora, con un enfoque más inmediato y, en muchos casos, más irreverente.

El auge de los artistas de IA plantea también preguntas sobre la autenticidad y el valor del arte en la era digital. Para los críticos, la creación a través de algoritmos representa una banalización del proceso artístico, mientras que para sus defensores, se trata de una evolución natural en la forma en que los humanos se expresan. La discusión no parece tener una resolución próxima, pero lo cierto es que la proliferación de videos como los de Dor Brothers indica que el mercado está dispuesto a consumir estas nuevas formas de arte, incluso si ello implica replantear conceptos tradicionales como autoría y originalidad.

En su reportaje, Stuart A. Thompson destaca la manera en que Dor Brothers y otros creadores han sabido adaptarse a este nuevo entorno, en el que la tecnología se convierte en aliada de la expresión artística, a pesar de las críticas. E4

La Habana, 1975. Escritor, editor y periodista. Es autor de los libros El nieto del lobo, (Pen)últimas palabras, A escondidas de la memoria e Historias de la corte sana. Textos suyos han aparecido en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de Espacio 4 y de la revista hispanoamericana de cultura Otrolunes.

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