Las mañaneras de la presidenta se han vuelto disfuncionales. Nunca han servido para informar ni para que los medios puedan preguntar con libertad el quehacer de las autoridades. Son un grotesco recurso de propaganda, con altas y bajas, pero sin cumplir con las obligaciones de toda autoridad de informar objetivamente, sin juicios de valor, con respeto al particular y la observancia de la presunción de inocencia. Casi todo pasa, menos el apego a la verdad.
La presidenta Sheinbaum, quien hace de las encuestas de aprobación el engañoso espejo de lo bien que va su Gobierno, cada vez abusa más de ese espacio público. El engaño ya no sirve porque el público lo advierte; la mentira en el pasado aliviaba, ahora ofende. Cada vez se tienen que eludir respuestas no porque no se tenga la información, sino porque no se puede decir lo que ya se sabe. El exabrupto presidencial ante el Comité de la ONU en materia de desaparición forzada no guarda precedentes, infamia solo superada cuando López Obrador deslizó la posibilidad de que el ataque al periodista Ciro Gómez Leyva pudiera ser un autoatentado.
El jueves 16 de abril prueba que la narrativa gubernamental está en su punto más bajo. La presidenta prestó su espacio para que el secretario Ebrard respondiera al reportaje del periodista Claudio Ochoa, donde se revela que la embajada de México en Londres había sido utilizada para hospedar a su hijo, cuando se desempeñaba como secretario de Relaciones Exteriores. En lugar de una explicación razonada y serena acusó de mezquindad al periodista y se desgarró las vestiduras para decir que en esos tiempos él se ocupaba de salvar a los mexicanos con su gestión institucional ante la COVID-19.
Dijo, entre otras cosas, que fue en el peor momento de la emergencia de la pandemia, entre octubre de 2021 y marzo de 2022. No es cierto. Para ese entonces ya había vacuna y normalidad, la crisis se presentó en marzo de 2020. Suscribirse públicamente como buen padre es un recurso indigno para cualquiera, mucho más para un personaje a quien siempre se le ha dispensado sensibilidad e inteligencia. Una pena por él y más por los efectos a su visible y predecible ambición de seguir, por cuarto intento, en los primeros planos de la sucesión presidencial.
Pero el tema no es Marcelo Ebrard, sino la mañanera y cómo genera frentes de disputa y discordia; además, ha dejado de ofrecer al régimen los beneficios del pasado. Hay que destacar que el deterioro no deviene del evento como tal, sino del abuso, del descuido creciente para conducirse con razonable verdad, o al menos un poco de prudencia. Solo cuando se aborda al presidente Trump la presidenta muestra sensatez y, como ella dice, cabeza fría. Pero cada vez es más frecuente mentir sin reserva.
En temas de controversia cada vez es más visible la incomodidad, molestia y hasta enojo. Las ofensas son frecuentes y las respuestas elusivas o desinformadas, como la del mismo jueves en la que afirmó que las energías limpias tienen el grave inconveniente de la intermitencia, observación válida hace cinco años; ahora la revolución en las baterías ha permitido mitigar ese tema, como se advierte en China, Australia y Alemania.
En EE. UU., California con capacidad operativa acumulada de 18.5 GW puede abastecer entre 20 y 25 millones de personas durante ocho horas y Texas con 12.5 GW tiene para su propia población y exportar. Para 2030 el pronóstico es que el hidrógeno verde permitirá acumular energía en proporciones significativas. La presidenta es científica y experta en materia ambiental, sin embargo, sus palabras en la mañanera prueban que no está al día.
El problema para la presidenta es que su exposición pública diaria la deja al descubierto. Los deslices por acreditar a su partido y desdeñar a sus aliados, dañaron gravemente a la coalición con el PT y PVEM. Cada vez es más claro que a ella preocupa la suerte del régimen, no la del país; que su inquietud mayor se asocia a lo que sucede en su partido, caso de su aval a la violación de los tiempos de campaña al instruir a sus subordinados a retirarse de su responsabilidad con más de nueve meses de anticipación al periodo que establece la ley para campañas. Los resbalones de la mañanera serán cada vez más frecuentes y, todo indica que no hay manera de suspenderla o modificarla.
Abonados en la retórica
Para muchos, seguidores o críticos de Morena, la intervención de la presidenta Sheinbaum en España fue espléndida, reivindica una forma de ver la historia nacional a manera de acreditar al morenismo que nació en 2018 y ratificado en 2024. Es posible que también la recibieran con satisfacción y alivio los mandatarios presentes por las dificultades de los Gobiernos de izquierda. No hay nada mejor que asumir que el mandato presente tiene su origen en la historia, y como dijera Luis Donaldo Colosio, en aquel memorable mensaje de aniversario del PRI, sólo los proyectos autoritarios hacen de la historia mandato.
La izquierda en Hispanoamérica vive una severa crisis después de un repunte que le dio acceso al gobierno en muchas naciones. El problema no sólo es perder el poder, sino perder el rumbo, y en buena parte sucede porque al gobernar se impuso la deriva autoritaria y la corrupción. Una venalidad de nueva factura, no es aquella asociada a la desviación de recursos públicos para el clientelismo, no, ahora es vil enriquecimiento personal y familiar. Desde luego que no es exclusivo de los Gobiernos de izquierda, pero hoy es desproporcionado.
A la luz de lo que sucede en el mundo, particularmente con el arribo de Trump, es un acierto que la izquierda convoque a la defensa de la democracia. Sin embargo, por la historia propia en el ejercicio del poder, debiera iniciar con una seria y honesta autocrítica. Los llamados movimientos progresistas no sólo se han alejado de la democracia, sino que han conspirado contra ella; el mejor y más acabado ejemplo está en México.
Perder el poder por haber perdido el rumbo expone a la izquierda a un problema mayor. Por una parte, la derecha va ganando espacio. Hay casos dramáticos como que en España Vox cada día crezca con una oferta xenofóbica, intolerante y revisionista de su pasado. Igual que en Argentina, donde el peronismo fue derrotado por un proyecto libertario de inciertas consecuencias y peligrosas propuestas. Ante la corrupción y la violencia, el bukelismo cada vez se vuelve más sugerente. Chile fue derrotado por la derecha; Brasil y Colombia hacia allá se encaminan. Sin embargo, la cuestión no es de ideologías, sino de democracia e imperio de la legalidad. Reclamo que vale contra Trump, Netanyahu, Putin o Viktor Orbán o incluso para el chavismo venezolano, ahora protegido por el presidente de EE. UU.
La lección que deja Hungría con Péter Magyar y Venezuela con Corina Machado es que el voto puede derrotar al proyecto autoritario en el poder. Pero no es una victoria final. Magyar tiene que desmantelar todo el complejo blindaje autoritario de Orbán y en Venezuela el régimen pudo mantenerse en el poder, incluso a pesar de que Trump detuvo por la vía militar a Nicolás Maduro para llevarlo a la justicia norteamericana.
Si se trata de relaciones públicas, la presidenta Sheinbaum nada bueno ganó frente a gobernantes que están por terminar su Gobierno o que se encuentran en serias dificultades por razones poco honrosas, caso del anfitrión hispano Pedro Sánchez. Pero tampoco el encuentro progresista pudo emitir un mensaje claro en defensa de la democracia, no su democracia que es una farsa, sino de la democracia liberal, la democracia de las libertades, de la legalidad, de la coexistencia de diferentes y de la división de poderes, que es la única que vale y como tal es digna de defender y existir. Para ser consecuentes con el propósito que animó la convocatoria, en lugar de defender el régimen autoritario cubano y dar alivio a una población que padece serias dificultades por causa de la dictadura castrista, debió plantearse la necesidad del tránsito de ese país a las libertades y la democracia, como también deben hacerlo de manera urgente Venezuela y Nicaragua. La declaratoria sobre Cuba anula la proclama por la democracia del encuentro.
Triste espectáculo porque ahora más que siempre es necesaria una izquierda democrática, que se acredite no por su narrativa, no por sus intenciones, sino por sus resultados. No es gratuito que lo más honroso está en el campo liberal y en estos difíciles y azarosos tiempos sobran figuras para acreditarlo, Mark Carney en Canadá, Volodímir Zelenzki en Ucrania, Sanae Takaichi en Japón, Péter Magyar en Hungría y Corina Machado en Venezuela. La izquierda se queda sin causa, sin referentes y sin nombres. Explicable se recurra a la historia para legitimarse en el poder.
