Relatos mundialistas: 70-86-94
La pinacoteca de curiosidades: ocho botones (de ochenta y seis)
PARTE I
Este autobús sustituyó —a su manera— la ruta del astrolabio luso a la mar. Hizo las veces de aquellos célebres bergantines que cargaron los sueños y la sangre exploradora de los portugueses: expedicionarios náuticos con esa vocación que supo romper oleajes fronterizos.
Manuel Galrinho Bento: eterno arquero del Benfica lisboeta y capitán del barco portugués. Durante el primer partido, una pierna inglesa en sitio incorrecto le descuadró una rodilla que no quiso sanar a tiempo. A Vítor Damas —portero suplente— le anotaron los cuatro goles que enviaron al caótico Portugal a la triste hondura del grupo F. Y a casa. El sustituto Damas era guardián de la portería del Sporting Clube… archirival de os encarnados de Benfica. Ahí la verdadera antítesis de Bento. Y en una selección tan dividida como eliminada.
Un emisor que reconocía terrenos. Agente de la flotilla logística, este automóvil oficial ruleteaba en Saltillo, en Monterrey, en medio y por dentro. Según fuera necesario.
¿Charla táctica? En primer plano, Fernando Gomes —quien capitaneó al equipo tras la lesión de Bento— escucha atento. El atacante del Porto hizo lo que estuvo a su alcance para contrarrestar la crisis. Con dorsal nueve y gafete al brazo, Gomes no pudo hacer gol ni en el Tecnológico ni en el Universitario. Aunque no puede negarse que —por lo menos— una docena de defensores sí lo padecieron.
Utilería en avanzada. Calcetas, uniformes, botines, artículos con nombre y número. Todo saldrá del cuartel general portugués rumbo a Monterrey. Es la noche antes de un partido. Y a tales objetos no les pesa —del todo— esa baixada sobre el nivel del mar.
¿Solo calor? ¿A mil 600 metros sobre el nivel del mar?Quizá el síntoma más visible con que se manifestó el críptico Saltillo affair fue el despojo de las camisetas —con sus marcas—. Ya en actitud «descamisada» salen Sousa, Diamantino —autor de un mundialista gol de honrilla— y el aún capitán Bento.
¿Lo bonito? Ya los ronda y se percibe en la imagen. En los mosaicos, en la mano, o en el aire —como hace Joao Pinto–, el precioso Adidas Azteca rebotó con gracia por todo Saltillo. De majestuoso trazo, se trató del primer balón oficial con diseño exclusivo para «un solo» Mundial. Previamente, el icónico Telstar —de México 70 y Alemania 74—, así como el clásico Tango —para Argentina y España; 78 y 82— se repitieron en sendos ciclos mundialistas. El fabuloso Azteca llegó para ser el primer balón oficial auténticamente mexicano. A partir de ahí, ya con el Etrusco de Italia 90, esa tradicional mecánica pervivirá. Incluso hasta hoy, con el vistoso Trionda de 2026… el primer balón oficial para un Mundial trisede.
Más allá de la espesura inescrutable del Caso Saltillo, la buena onda saltillense supo mantenerse al margen de algo que, desde el principio, se entendió como un asunto recóndito, reservado y de carácter más bien «doméstico» entre una selección nacional y su dirección federativa. Algo que a lo mejor solamente podía desentrañarse vía la prensa en el otro lado del Atlántico… como Lisboa, como Oporto. Diarios como el Correio da Manha o, más precisamente, A Bola y O Jogo habrán resuelto tanta conjetura.
Bienvenidas, despedidas y otros gestos al equipo, por parte de la gente de Saltillo, se tejieron siempre con un respeto que respondía al cariño que se le toma a un huésped. Aquí algunos miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación —quienes compartieron topografía de entrenamientos a través de la Sección 38— desplegaron un gran cartel con el guiño que desdibuja cualquier barrera de un lenguaje que, además, siempre ha fraternizado con el español. Es algo que podría traducirse como: «El magisterio —como gremio— de la Sección 38 del SNTE expresa su cordial bienvenida a la delegación portuguesa que participa en la décimo tercera Copa Mundial de Futbol, México 86. Feliz estancia en Saltillo, Coahuila». Todo ilustrado con el emblema nacional del sindicato… y con el fenomenal Pique —siempre simpático; ya mítico—, una de las mascotas mundialistas más entrañables desde 1966. Ese año, Willie —el león— comenzó en Inglaterra la popular dinámica de la mascota: tradición de grácil raigambre en la historia de la Copa del Mundo. Con mínimas excepciones (como unas criaturas de 2002) esto es… nostalgia garantizada.
Ah… y hasta con buen sentido del humor.
