Sheinbaum, el segundo piso de la 4T y la consolidación del nuevo régimen

La presidenta da continuidad a la agenda política y social implantada por Andrés Manuel López Obrador, a quien atribuye la «hazaña» de que México sea hoy un país menos desigual. Entretanto, las oposiciones y los grupos de presión permanecen con la vista puesta en el pasado; no tienen rumbo ni propuesta

CS-AMLO, ni ruptura ni distancia; el PAN vira su discurso

Silva Herzog-Romero Rocha, una mirada crítica a la pobreza

El cambio de régimen que Andrés Manuel López Obrador anunció en su toma de posesión se consolida conforme avanza el Gobierno de Claudia Sheinbaum, frente a unas oposiciones desnortadas, sin propuestas, y unos poderes fácticos atrapados también por el pasado. La retórica tremendista de los siete últimos años choca una y otra vez con la nueva realidad del país. La política rompió el aislamiento y el secretismo para volver a su espacio natural: la arena pública donde no hay lugar para los arreglos cupulares. Las elecciones dejaron de ganarse en automático; y el poder, de repartirse cual botín entre las élites económica y política. Las siglas, los colores partidistas y las dinastías tampoco atraen votos por sí solos. Las comunidades y sectores secularmente abandonados, víctimas del modelo económico y de la soberbia gubernamental —denunciada por Luis Donaldo Colosio antes de su asesinato— pasaron de figurantes a protagonistas, y de la marginalidad al núcleo de la agenda política.

«Sí se puede erradicar el hambre en el mundo. Pero necesitamos Gobiernos comprometidos con los pobres. Los ricos no necesitan los Gobiernos. (…) Los pobres no tienen porqué tener paciencia».

(Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil, en el lanzamiento de la Cruzada Nacional contra el Hambre en México, 19.04.13)

La violencia, la corrupción y el narcotráfico —ejes del discurso opositor— no han desaparecido; en algunos casos, al contrario, se han exacerbado. Si Morena y sus aliados no han perdido base electoral se debe a varios factores: 1) el apoyo mayoritario al programa de la 4T; 2) la aprobación y liderazgo de la presidenta Sheinbaum; 3) el debilitamiento de los adversarios del sistema; y 4) la memoria social. En el imaginario colectivo todavía pesan más la venalidad, la incompetencia y los atropellos de los Gobiernos previos que los yerros evidentes de la 4T, cuya piedra angular son los programas sociales.

En las elecciones de 2024 se contrastaron dos visiones: la retrógrada y catastrofista de la oligarquía y los grupos de presión; y la de millones de ciudadanos de a pie. El resultado fue patente: Morena captó 36 millones de votos (20% más); y la coalición PRI-PAN-PRD, 16 millones (10% menos). En el Congreso se observó la misma tendencia: los electores le dieron a Morena, PT y Verde la mayoría calificada para que la presidenta Sheinbaum pudiera continuar los cambios iniciados por López Obrador. Así, los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en funciones desde el 1 de septiembre, son los primeros elegidos mediante voto popular. Derrota para quienes influían en las decisiones del Poder Judicial (políticos, oligarcas e incluso capos) y esperanza para la legión de mexicanos sin poder y sin enchufes. Difícilmente el nuevo sistema de justicia podrá ser peor que el anterior. La impunidad en nuestro país es del 98%.

Otra reforma clave para el cambio del régimen es la política. López Obrador no la pudo concretar por falta de votos en el Congreso. La presidenta Claudia Sheinbaum la puso ya sobre la mesa. El rechazo de los partidos de oposición fue inmediato. Los cambios anteriores, empujados por los partidos de oposición, se negociaron con gobiernos divididos, débiles y aun deslegitimados. Morena domina hoy la Cámara de Diputados, el Senado, 24 estados y la mayoría en las legislaturas locales. El temor de las oposiciones es fundada. Pueden desaparecer o perder privilegios. La fórmula para revertir la situación precaria en que ahora están consiste en trabajar y reconciliarse con sus militantes; pero, sobre todo, recobrar la confianza de los electores. Morena, con sus fallas y una prensa que magnifica sus errores y desdeña sus aciertos, tiene rumbo y liderazgo. Su activo principal es la presidenta.

Los nuevos caudillos

El programa Hambre Cero rescató de la pobreza a 30 millones de personas en Brasil durante el doble mandato de Luiz Inácio Lula da Silva y los primeros años de Gobierno de Dilma Rousseff, a quien preparó para sucederle y ser la primera presidenta del gigante sudamericano. Lula desempeña hoy su tercer periodo, y Rousseff está al frente del Nuevo Banco del BRICS, único bloque capaz de plantarle cara a Donald Trump, el atrabiliario e iracundo líder de Estados Unidos.

El paralelismo del tándem Lula-Rousseff con el de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum salta a los ojos. Los cuatro proceden de movimientos de izquierda reprimidos por dictaduras; la brasileña, militar, encarceló a Rousseff por su participación en la organización guerrillera Comando de Liberación Nacional (Colina); y la mexicana, bajo el régimen del PRI, que el escritor Mario Vargas Llosa calificó de «perfecta». La atención a los sectores vulnerables permitió abatir la desigualdad. Lula alcanzó la presidencia tras cuatro campañas, y López Obrador, en su tercer intento. Rousseff y Sheinbaum pasaron del activismo a la política y de allí a la presidencia de sus respectivos países. La piedra angular de los Gobiernos de Lula y AMLO fueron los programas sociales.

En el sexenio pasado salieron de la pobreza 13.7 millones de personas y 1.7 millones del grado de pobreza extrema, de acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La presidenta Sheinbaum contextualizó la hazaña de López Obrador y de la Cuarta Transformación: «(…) durante la pandemia, y por el cierre de empresas (…), para evitar contagios, el PIB en el 2020 cae como (un) ocho por ciento, una caída fuertísima; y se recupera prácticamente en el 21-22. En aquella época, todas las voces de la derecha, del PRIAN, de los intelectuales vinculados con ellos, decían que “México tenía que endeudarse”; que “si no se endeudaba no iba a haber recursos económicos para poder levantar el país, que era “un error no endeudarse” o “no dar mucho más facilidades a los grandes empresarios” como era antes».

La decisión de AMLO —dijo— consistió en «no aumentar la deuda y apoyar a los de abajo, mantener los programas de bienestar y un programa muy intensivo (…) de créditos (…) a pequeñas empresas (…), comerciantes, taxistas e incluso a meseros». El país se recuperó rápido —apuntó— y obtuvo reconocimiento internacional por el manejo macroeconómico. Sheinbaum atribuyó el resultado a la inversión en infraestructura y social —“aunque digan que no”— y al incremento sostenido del salario mínimo. En el sexenio de AMLO las remuneraciones subieron más de 100% en términos reales: pasaron de 102.68 a 248.93 pesos diarios. Las tesis neoliberales según las cuales la riqueza permearía y los salarios dispararía la inflación, resultaron erróneas, declaró la presidenta en la rueda de prensa del 14 de agosto.

En Brasil la pobreza extrema dejó de reducirse y repuntó ligeramente en el mandato de Rousseff a causa de la crisis financiera mundial. En la gestión del derechista Jair Bolsonaro las cosas fueron a peor, pues la pobreza volvió al nivel de hace 30 años (Red Penssan). La pobreza en México afecta todavía a 42 millones de personas, alrededor del 30% de la población. Si el Gobierno de la presidenta Sheinbaum mantiene el ritmo observado en el sexenio pasado, la 4T podrá rebasar los resultados del Programa Hambre Cero de Lula.

Lecciones ignoradas

José López Portillo lloró en su último informe por no haber sacado a millones de pobres de su postración. En vez de la abundancia prometida, precipitó al país a una de las peores crisis financieras. Para lavarse la cara nacionalizó los bancos, privatizados después por Salinas de Gortari y rescatados por Ernesto Zedillo a través del Fobaproa. Enrique Peña Nieto pidió perdón «por el agravio e indignación» causados por el escándalo de la Casa Blanca. La propiedad, de siete millones de dólares, se adquirió a un contratista del Gobierno federal. El mea culpa de Peña lo dio durante la instalación del Sistema Nacional Anticorrupción, cuando ya había sido exonerado de conflicto de interés por el secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, nombrado por él.

Peña no solo faltó a su promesa de combatir la corrupción, sino también la pobreza. La Cruzada Nacional Contra el Hambre (CNCH), cuyo propósito era garantizar la alimentación de los mexicanos sin acceso permanente a ella, se puso en marcha a bombo y platillo. El lugar elegido fue Las Margaritas, Chiapas, una de las cabeceras tomadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en enero de 1994. La encargada de la estrategia, Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Social, y César Duarte, quien dio la bienvenida a la CNCH en nombre de la Conferencia Nacional de Gobernadores, estuvieron más tarde en prisión acusados de peculado, desvío de recursos y ejercicio indebido de la función pública.

Para mayor lucimiento, el anuncio de CNCH contó un invitado especial: Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil que logró sacar de la pobreza a 30 millones de personas con el programa Hambre Cero, conocido también como Bolsa Familia. Peña necesitaba una figura internacional para proyectar la suya. Formado en las luchas sindicales, Lula le dio ánimo: «Sí se puede erradicar el hambre en el mundo. Pero necesitamos gobiernos comprometidos con los pobres. Los ricos no necesitan los gobiernos. Quienes necesitan los gobiernos son los pobres del mundo». Lula aumentó el salario mínimo de 80 a 350 dólares mensuales. El fundador del Partido de los Trabajadores acusó al sistema financiero de generar crisis para salvarse después con rescates de hasta nueve billones de dólares. «Imagínese —dijo a Peña— cuántos platos de comida podríamos tener en las mesas del pueblo pobre del mundo». Los adversarios de Hambre Cero «decían que el programa tenía carácter asistencialista (…), que el presidente era populista, que piensa nada más en las elecciones (…) que era darle limosna a la gente (…), que las personas se van a hacer perezosas (…), que es muy poco dinero —20, 30, 50 dólares—. Y yo les decía: Es poco, sí, pero para quien tiene mucho». En cambio, «para millones de madres brasileñas que se iban a la cama sin poderle dar un vasito de leche a sus hijos (…), 50 dólares quizá no sería mucho, pero sí suficiente para saciar el hambre de sus hijos».

Lula recomendó a Peña repetir todos los días a quienes pidieran esperar que la economía creciera para repartir la torta, que «los pobres no tienen porqué tener paciencia». En el sexenio de Peña Nieto 2.1 millones de personas dejaron la pobreza extrema, pero 2.2 millones pasaron al rango de pobreza moderada. Visto así, el CNCH fue un fracaso. El salario mínimo, con Peña, cerró en 88.36 pesos diarios. Hoy es de 278.80, 12% más con respecto al año previo. E4


CS-AMLO, ni ruptura ni distancia; el PAN vira su discurso

El tándem permanece unido por el proyecto que los llevó a la presidencia, como ocurrió en Brasil con Lula y Rousseff. Aún faltan deudas por saldar, dice Jorge Romero, líder panista

La norma de las transmisiones del poder fue la ruptura. Álvaro Obregón pagó con su vida el atrevimiento de reformar la Constitución para reelegirse. El magnicidio dio paso a la fundación del PRI y los generales guardaron las armas. A partir de entonces, el presidente elegido tomaba el control y quien lo impuso desaparecía. Lázaro Cárdenas exilió a Plutarco Elías Calles por romper la regla. Las sucesiones tuvieron casi siempre como telón de fondo la complicidad. Los expresidentes terminaban decepcionados o eran traicionados por sus herederos. Miguel de la Madrid fue el único que aceptó haberse equivocado con Carlos Salinas de Gortari cuyo hermano Raúl, supo después, tenía vínculos con el narcotráfico, declaró a Carmen Aristegui.

«Hay algunos que no nos quieren (…), no están de acuerdo con la Cuarta Transformación (…), les resulta imposible reconocer este resultado».

(Claudia Sheinbaum, sobre la reducción de la pobreza)

Luis Donaldo Colosio fue asesinado en campaña por una conjura urdida desde el primer círculo del poder, para el cual resultaba inconveniente. El episodio provocó el peor pleito en la cúpula política. En los primeros meses del Gobierno de Ernesto Zedillo, la Procuraduría General de la República detuvo a Raúl Salinas de Gortari por el asesinato del diputado electo José Francisco Ruiz Massieu (su excuñado) y enriquecimiento ilícito. Carlos Salinas abandonó el país y se exilió en Irlanda. Vicente Fox y Felipe Calderón no rompieron, pues nunca estuvieron unidos. Entre Enrique Peña y Andrés Manuel López Obrador tampoco hubo conflicto por el triunfo arrollador de Morena.

«Siempre apoyaremos cualquier medida que busque mejorar la calidad de vida de las familias mexicanas, pero nos oponemos a su uso como instrumento electoral».

(Jorge Romero, presidente del PAN)

Claudia Sheinbaum y AMLO permanecen unidos por más que los grupos de poder y la «comentocracia» se empeñen en dividirlos. AMLO preparó a Sheinbaum para sucederle (como Lula da Silva a Dilma Rousseff en Brasil) por ser parte del mismo proyecto. Con Sheinbaum la continuidad de la Cuarta Transformación está asegurada. Frente a los sectores que ponen en tela de juicio la «hazaña» de AMLO para reducir la pobreza, la presidenta replica: «Hay algunos que no nos quieren (…), no están de acuerdo con la Cuarta Transformación (…), les resulta imposible reconocer este resultado» (más de 13 millones de personas rescatadas de la pobreza moderada y 1.7 millones de la pobreza extrema).

La mandataria se explayó: «En la época del 2006 al 2012, la diferencia entre los más ricos y los más pobres era de 38 veces; ahora se redujo a 14 veces, es decir, se distribuyó la riqueza (…). Antes se destinaban recursos para unos cuantos, hoy se destinan (…) en aquellos que menos tienen». Sheinbaum ha reiterado su adhesión a López Obrador y refutado cuanta versión difunden los medios de comunicación, las redes sociales y los opositores sobre su distanciamiento. El recurso de la descalificación se repite a pesar de sus resultados nulos.

El líder del PAN, Jorge Romero, en un cambio de discurso —necesario para ganar adeptos y credibilidad—, declaró que su partido «siempre apoyará cualquier medida que, a nuestro juicio, busque mejorar la calidad de vida de las familias mexicanas. Así lo hicimos durante los sexenios de 2000 a 2012, donde creamos el programa 70 y más, el Seguro Popular, Piso Firme, entre otros». Asimismo refutó que Acción Nacional esté en contra de los programas sociales de la 4T. «Nos da gusto y alegra que las familias mexicanas vivan en mejores condiciones, y desde el PAN manifestamos nuestra disposición por mejorar las deudas que aún se tienen al respecto en México, que siguen siendo todavía muchas». Romero pidió revisar las cifras del Inegi con detenimiento y no utilizar los programas con fines electoralistas. E4


Silva Herzog-Romero Rocha, una mirada crítica a la pobreza

Los editorialistas de Reforma, uno de los medios sistemáticamente adversos a la Cuarta Transformación, ponderan el resultado de los programas para el Bienestar

Reforma es uno de los grupos anti-AMLO y anti-4T más persistentes y porfiados. La línea editorial de El Norte, Mural y el diario homónimo no ha variado desde que Morena ganó la presidencia. Andrés Manuel López Obrador siempre calificó a Reforma de «conservador» y «reaccionario». Sus disputas con Alejandro Junco de la Vega, dueño del grupo, las dirimió en las conferencias matutinas de Palacio Nacional. Claudia Sheinbaum ha tomado otro camino: desde la misma tribuna fija postura sobre temas polémicos. Es respetuosa con la prensa y no se confronta con los periodistas.

«Carteras más gordas, monederos más pesados. Los altos niveles de respaldo del régimen no son simplemente encantamiento con el discurso, ni gratitud por las transferencias».

(Jesús Silva-Herzog Márquez, Reforma, 18.0825)

La sección editorial de Reforma, en ejercicio de la libertad intelectual y de expresión, está dedica casi por completo a desacreditar las políticas de la 4T. AMLO sigue tan presente en las columnas de opinión que cuando era presidente; la mayoría de las veces, como villano. Los sesgos y la falta de equilibrio, sin embargo, hacen perder confianza, objetividad y lectores. Articulistas ponderados como Genaro Lozano, simpatizantes y exmilitantes de izquierda, han salido de Reforma. En ese contexto, el reporte del Instituto Nacional de Geografía e Informática (Inegi) sobre el comportamiento de la pobreza en México echó leña al fuego de la polarización.

«Aquellos que con sangre juraron —esta vez el lenguaje no es figurado— proteger los programas sociales, ni los comprenden ni los dignifican. Pero el tiempo es paciente: ya volverán a pedir el voto con argumentos zigzagueantes».

(Vanessa Romero Rocha, Reforma, 16.08.25)

El crítico que observa, analiza y presenta la realidad tal cual es, y no solo la parte que encaja con sus ideas o intereses, ayuda a demoler los muros de la polarización. Jesús Silva-Herzog Flores pertenece a esa clase. Con el mismo rigor con que se opone a las reformas judicial, electoral, de seguridad y a otras herencias del lopezobradorismo, escribe sobre el informe del Inegi. «Tomando en consideración múltiples dimensiones del bienestar, millones de mexicanos salieron de la pobreza en los últimos años. En 2018, 51.9 millones de personas vivían en la pobreza. Hoy esa cifra ha bajado a 38.5 millones. En cuanto a pobreza extrema, el cambio es también significativo. Hace seis años había 9 millones de mexicanos que vivían en condiciones de pobreza extrema. Hoy son 7 millones» («El éxito», Reforma,18.08.25).

Silva-Herzog ve lo que las orejeras impiden mirar. «Carteras más gordas, monederos más pesados. Los altos niveles de respaldo del régimen no son simplemente encantamiento con el discurso, ni gratitud por las transferencias. Algo hay de ello, desde luego, pero el núcleo del respaldo proviene de un aumento en los ingresos de la gente». Frente al escepticismo de los expertos, refuta: «El hecho que muy pocos cuestionan es que en México hay menos pobres». La vulnerabilidad social aumentó, en algunos casos —advierte—, debido a «desastrosa gestión en salud del Gobierno de López», cuyo sexenio «arrebató a más de 20 millones de mexicanos el acceso a los servicios de sanidad». Aun así, concluye: «El cambio registrado en el reporte del Inegi es enormemente positivo. Desconocerlo es elegir la ceguera».

Vanessa Romero Rocha aborda el tema con ironía desde el mismo título de su columna: «Los millones de Obrador» (Reforma, 16.08.5). El texto abre con la proclama de AMLO «¡Por el bien de todos, primero los pobres!», seguida de un clamor: «El grito se vino rebotando por los paredones de la barranca y subió hasta donde estábamos nosotros». Frase del cuento «¡Diles que no me maten!» de El llano en llamas de Juan Rulfo. La reflexión de Romero nace del reporte del Inegi y sus efectos. «Rugen. Que, en el sexenio del necio, 13.4 millones de personas dejaron la pobreza (…). Bufan. Que, mientras gobernó el Peligro para México, 1.7 millones abandonaron la pobreza extrema. Aúllan. Que, en tanto López sostuvo el bastón de mando, las personas que dejaron de ser pobres por ingresos se contabilizaron en poco más de 1.5 millones».

Romero replica a quienes «sermonean que no basta con las monedas si faltan servicios»: «Omiten —o de buena fe se despistan— que durante el sexenio obradorista se redujeron casi a la mitad las carencias sociales. El país en que habitamos no se ve reflejado en su insolente sermón. Se enfadan. Que por favor resaltemos los matices. Quienes han vivido en absolutos demandan grisácea visión. Los detractores de Andrés Manuel —por costumbre o por incapacidad de rectificación— andan de luto».

La alusión a la excandidata del PRI y el PAN, Xóchitl Gálvez, y sus padrinos, no podía faltar: «Aquellos que con sangre juraron —esta vez el lenguaje no es figurado— proteger los programas sociales, ni los comprenden ni los dignifican. Pero el tiempo es paciente: ya volverán a pedir el voto con argumentos zigzagueantes. Y lo que antes fue error por falta de evidencia, será incuestionable desfachatez. La necedad de lo que hoy resulta necio. En la negación del bienestar general firman su sentencia». Romero Rocha publica también en El País y en otros medios. Formó parte del comité de evaluación de la elección judicial. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.

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