Encierro. Camino inexistente que afloja muros
entre dimensiones.
Umbral sin puerta…
Donde el tiempo no avanza:
Se pliega germinando en pensamientos antiguos, en miedos heredados que toman forma viral.
¡Oh, civilización!
Repites la lección.
No quisiste —o no pudiste— despertar.
¡Oh, humanidad!
Resuenas en soledad.
No intentaste —o no lograste— acompañar.
Y desde un plano suspendido:
Unos saltan, otros se paralizan, algunos son orugas abrazadas a lo conocido.
Las conciencias se aceleran o
se infantilizan con el miedo.
Pequeños saltos cuánticos en cocinas silenciosas, corazones recordando: ¡Todo tiene vida!
Densos retrocesos en recámaras oscuras,
almas desoladas: ¿Dónde está la vida?
¿Era necesario detener el mundo para que se mirara a sí mismo?
¿Era el único lenguaje
capaz de atravesar la sordera colectiva?
Como nervaduras, los futuros se bifurcan:
La conciencia se expande o el alma queda encerrada para siempre.
La pandemia:
es espejo,
es prueba,
es portal,
es temblor humano.
Nada está decidido aún.
La humanidad está eligiendo si cruza,
mientras cree que solo espera…
