¿Congreso, contrapeso real?

Uno de los órganos constitucionales del Estado es el Poder Legislativo, este representa a la ciudadanía y dentro de su actividad está la creación de leyes y la fiscalización de las acciones del Gobierno, así como la derogación y abrogación de normas.

El Congreso siempre ha sido un órgano que existe solo porque se debe cumplir con la estructura constitutiva formada por los tres poderes que mandata la Constitución local y federal, con las cuales se forma toda una estructura que procura la justicia y constituye el Estado de Derecho.

Dentro de una democracia, el contrapeso que debe ejercer el Legislativo sobre el Ejecutivo, en nuestro caso en Coahuila es nulo, pues nunca se ha visto que le acoten los poderes que tiene y que mientras más límites le impongan lo acerque más a ser un gobierno democrático.

En la presente administración estatal, en la anterior legislatura solo en dos casos el presidente del Congreso perteneció a dos partidos políticos distintos al PRI, uno PAN y el otro UDC; pero como si fueran del mismo partido del gobernador ya que hasta el sueño le velaban, lo mismo que los actuales.

Esta nueva legislatura, la LXII, que encabeza el señor Olmos, amigo del gobernador, con una inmensa mayoría priísta, jamás hará un contrapeso, primero porque son del mismo partido y segundo porque su actuación está basada en la genuflexión y su insuficiente capacidad para llevar al Congreso con la independencia que debe demostrar para tratar las normas jurídicas.

Si hablamos de frenos y contrapesos, estos pierden su función primordial en el Congreso local, ya que el 64% de los legisladores pertenecen al mismo PRI, cuyas decisiones, para efectos eleccionarios, los aprueba el Ejecutivo; por lo tanto, son incapaces de contradecir los envíos que hacen desde Palacio de Gobierno, y como es por votación lo que se pone a consideración del Pleno, pues juzgue usted.

Un poder legislativo a modo logra todo lo que el ejecutivo se propone para llevar a cabo su gobierno, desde la repartición del dinero público, hasta leyes que considera que benefician al Estado en su función pública, claro mediante la retribución correspondiente a más de canonjías y otros.

El trabajo de la presente legislatura transcurre por un camino sin obstáculos, pues la discusión de los asuntos que reciben, llámese leyes, reformas, puntos de acuerdo, etc., son aprobados con la mayor tranquilidad cuando su procedencia trae el sello palaciego.

La labor de los congresistas debe estar sustentada principalmente por el conocimiento del derecho, con el objeto de aplicar el lenguaje jurídico que debe prevalecer, incluyendo el estudio y análisis de la normatividad correspondiente cuando reciben propuestas de temas ajenos al derecho en sí y que deben ser alimentados por asesores profesionales.

Ese poder debe privilegiar la independencia y no la dependencia del Ejecutivo, por eso mismo otro sustento debe ser el decoro, cuyo patrimonio es el recinto que los acoge para que realicen un trabajo que favorezca a la justicia.

Señor Olmos, el Congreso no es un parque de atracciones, la encomienda que tienen en ese lugar es legislar; es decir, elaborar y analizar concienzudamente leyes que sirvan de instrumento para gobernar, ya que la recepción de iniciativas que le llegan las reciben sin oponer resistencia, pues con solo una mirada, o más bien de reojo, son aprobadas en una vía corta y sin quitarle ni una coma. Valores entendedidos.

Ese no es el contrapeso que los antiguos definieron para frenar a otros poderes que despóticamente querían instituir sus leyes en forma por demás absolutista.

Señor Olmos, ¿no le gustaría ser reconocido por su labor como uno de los poderes cuya independencia defendió?

Pero en fin…

Se lo digo en serio.

Autor invitado.