Cuando llora un animal

A la memoria de «Dolby».

A la fortaleza profesional y paciencia de los médicos veterinarios Armando y Javier Villarreal.

A la criolla «Shade» y a sus ocho cachorros —rescatados de ser sacrificados en la perrera municipal de Torreón, Coahuila— y que me reiteraron el valor de la ternura y la solidaridad animal durante los días que los recibí para brindarles hogar temporal mientras esperaban ser adoptados.

A mis 53 años de amor con y por los perros.

Mientras un animal sufra, mientras una de sus especies sea extinguida, cómo hablar de sosiego en la humanidad. Mientras algunos gocen con el padecer de un venado, un pez, un perro, un canario, el género humano agrega una vergüenza más a su lista. Hombre contra hombre, hombre contra animal. El desarrollo cerebral del individuo, al ejercer implacable y necia crueldad hacia los animales, amerita —con urgencia— intervención. Solicita una relectura del significado tanto del amor al prójimo como a sí mismo.

Circos, plazas, calles, jardines, tiendas. Selvas, estepas, mares, cielos, desiertos. Los animales pueblan diferentes estampas de una misma casa. En teoría, el mundo es compartido entre todos, pero nunca con los mismos derechos ni oportunidades. Menos, aún, con cabal respeto. Estar en deuda con los animales no es tema menor. Porque al deberles a ellos, el género humano se empeña por completo. 

Una de las muchas formas de violentar a los animales es la ignorancia por partida doble. Primero, por el desconocimiento de información valiosa sobre otros seres vivos. Y, en segundo término, al invisibilizar a conveniencia las necesidades de unos animales y de otros, incluido, por supuesto, el hombre mismo.

Animal wise. The thoughts and emotions of our fellow creaturesSabiduría animal. Los pensamientos y emociones de nuestras criaturas hermanas, Ed. Crown-Random House, EU, 2012— es un libro que ve de frente —y con sabia bondad— a los animales. Su autora, Virginia Morell, es corresponsal de la publicación Science y activa colaboradora de las revistas National Geographic, Smithsonian y Conde Nast Traveler. Animal wise, aún sin edición traducida al español, ha logrado el reconocimiento de reseñistas internacionales. Destaca la manera tan platicable en que comparte los argumentos de su tesis principal: los animales piensan, sienten y experimentan el mundo. Tienen momentos de enojo, pena y amor. La autora, como sucede cada vez más con quienes somos activistas, promueve una relación distinta entre los hombres y los animales: la de amoroso respeto.

De diez son los diez capítulos de Animal wise: «Las maestras hormigas», «Entre peces», «Pájaros con cerebros», «Loros traductores», «La risa de los ratones», «Memoria de los elefantes», «Los delfines educados», «Las mentes salvajes de los delfines», «Qué significa ser un chimpancé», «De perros y lobos». En cada uno son presentadas evidencias del comportamiento animal que revelan conmovedores procesos de pensamiento y expresión de sus emociones.

Virginia Morell, como es enlistado en la solapa izquierda del libro, comparte evidencias científicas respaldadas por su experiencia de más de 30 años en el mundo de la divulgación científica para entender por qué las hormigas enseñan, los gusanos toman decisiones, los ratones gozan de las cosquillas y los chimpancés se apenan. Explica, además, que algunas razas de perros cuentan con vocabularios de más de mil palabras y los pájaros practican sus canciones mientras duermen. Esto —que bien pudiera ser el leit motif de alguna fábula de Esopo— revela la valentía de la autora al descubrir parte del mundo animal que, para muchos, es mera especulación o tiempo perdido.

Animal wise enmarca su ensayo dentro de los principales referentes históricos por los que ha pasado el dilema de la existencia del pensamiento y sentir de los animales. La periodista sustenta que «incluso las “especies menores” cuentan con habilidades cognitivas como son la memoria, sentimientos, consciencia, características que la gran mayoría no reconoce en los animales».

La experiencia ganada en viajes alrededor del mundo da un color especial a las anécdotas compartidas por la autora. Japón, Venezuela, Costa Rica, Australia, Alemania, Inglaterra, Hungría, Austria y Kenia son algunos de los sitios de reunión donde un equipo de investigadores de especies nativas y Virginia Morell sumaron esfuerzos para publicar los principales hallazgos en la rama de la biología que estudia el comportamiento de los animales —la etología— y diferentes animales de aquellas regiones. National Geographic en 2006 le solicitó que escribiera un artículo sobre el pensamiento de los animales. El resultado fue publicado en 2008 y fue la génesis de Animal wise, completamente vigente en nuestro pandémico 2021.

Increíbles son los ejemplos e historias distribuidas en las 270 páginas del libro. Una de ellas trata de manera especial los temas de la mente y el corazón de los animales. Cuenta la autora que en el Tanzania’s Serengeti National Park la etóloga Sultana Bashir le compartía con pesar cómo estaban perdiendo la fe para mantener con vida a un guepardo al que mantenían en observación. Meses atrás le habían colocado un radio collar para facilitar su ubicación en el hábitat donde vivía el animal. El día de la visita de la maestra Morell fue larga la búsqueda del guepardo porque estaba agazapado entre la maleza. Erguido en la base de una roca, aullaba en un tono lastimero. Cuando dejaba de emitir su particular aullido, se enderezaba de nuevo como si quisiera encontrar algo a lo lejos. Bajaba de la roca, daba varias vueltas, volvía a treparse y comenzaba otra vez su lamento. Era un sonido, cuenta la autora, como el de los corderos heridos. La etóloga Bashir explicó que ésa era la manera en que el guepardo expresaba su tristeza. Llevaba semanas así. ¿La razón de tanto pesar? Su mejor amigo, un guepardo viejo, ya no había llegado a la roca. Ahí era su sitio habitual de encuentro. «Lo más probable es que haya fallecido. Si no, estaría sin duda aquí, al lado de él», comentaron los acompañantes de las investigadoras. La Maestra Morell describió que todo el equipo se sentó a acompañar al guepardo casi toda la tarde, pero él, en ningún momento, dejó de llorar. «¿Y qué pasará si ya no regresa su amigo?», preguntó la periodista a la doctora Bashir. «Se dejará morir. Otro guepardo más fuerte se encargará de matarlo porque él mismo ya no querrá comer y no podrá defender su territorio. Realmente, de lo que morirá es de tener roto el corazón» (pp. 18-19).

En la nota al pie de esta anécdota tan bella y triste a la vez, la investigadora complementa el cuadro emocional: «Es sabido que los animales y los humanos desarrollan cuadros clínicos derivados del estrés. En ambos casos puede darse la muerte cuando se pierde la pareja. Cada vez es más aceptada la idea que las especies sociales se ven severamente afectadas por la pérdida de su acompañante sentimental. Por ejemplo, los albatros Laysan llegan a pasar un periodo de dos o más años en su nido, en duelo, por la pérdida de la pareja amada».

Otros casos descritos en el libro son reveladores. Por ejemplo, el de la memoria a largo plazo de los elefantes y la manera en que jamás olvidan a un humano que les hace daño es estremecedora. O el de los sentimientos de fraternidad de un perro Collie con un Chihuahua o distintas especies marinas que se vuelven solidarias para conseguir un objetivo común. «Saber más sobre las mentes y las emociones de otros animales puede ayudar a la especie humana a realizar un mejor trabajo con nuestras criaturas hermanas y quizá abran el entendimiento hacia nuevos caminos para ayudar al planeta» (p. 25).

Animal wise presenta un resumen genialmente logrado del trayecto teórico alrededor del pensamiento y sentir animales. Arranca con las dudas de Aristóteles sobre el raciocinio animal, pasa por el filósofo estoico Zeno y su inmisericorde petición de no tener miramiento alguno hacia cualquier animal por ser una «especie carente de cualquier sensación». Sigue con Descartes y su no menos radical idea de ver en los animales a seres menores por sólo estar «compuestos de sustancia material y carecer de pensamiento, razonamientos, ideas y un espíritu vinculado a Dios». Pero al llegar a la exposición de las teorías darwinianas y las de su discípulo, George John Romanes, la esperanza para la especie animal encontró eco. Ambos defendieron, explícita e implícitamente, el trato digno a los animales, así como su impresionante capacidad para aprender, para emocionarse, para expresar sentimientos. La oleada del conductismo, en el terreno de la etología, fue un duro golpe para los avances a favor de los animales de ambos investigadores. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Donald Griffin, con el libro de Charles Darwin en mano y con base en el cognoscitivismo, impulsara de nueva cuenta las impresionantes capacidades que tienen las especies animales para comunicar, desarrollarse, sobrevivir y amar.

Algunos contenidos de Animal wise también pueden ser ubicados en Youtube. Entrevistas y conferencias de su autora vuelven aún más amena la obra.

Una vez que el viaje al pensamiento y corazón animales es emprendido a través de una obra como Animal wise, las facturas pendientes con nuestras especies vecinas y con la propia se transforman en una mirada de cariño. Leer con especial dedicatoria a los animales y por los animales puede construir un lenguaje de entendimiento hacia estadios de un bienestar común renovado. Hacia otras necesarias maneras de amarnos los unos a los otros.

Columnista y promotora cultural independiente. Licenciada en comunicación por la Universidad Iberoamericana Torreón. Cuenta con una maestría en educación superior con especialidad en investigación cualitativa por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Doctoranda en investigación en procesos sociales por la Universidad Iberoamericana Torreón. Fue directora de los Institutos de Cultura de Gómez Palacio, Durango y Torreón, Coahuila. Co-creadora de la Cátedra José Hernández.