Cuatro pasos hacia el alma

Es la dama del paso silente, a pausas, donde todo transcurre bajo su tiempo y espacio, a capricho concedido. Descansa en el extremo de la cama. Su pelaje blanco y negro en forma de yin-yang recibe la suave brisa de una tarde de lluvia por el ventanal; sus párpados agotados, bigotes como soldados caídos, su rostro resignado de batallas perdidas y ganadas. Duerme como el alma de los vagabundos, profunda, sin plazos, en un mismo lugar o donde sea.

Bostezo perpetuo y alma cazadora que obsequia pájaros y ratones. Fantasma que sorprende al pie de la escalera, que pasea sobre el comedor y el centro de entretenimiento, que se oculta debajo de la estufa y en las cajas de cartón. Sombra a contraluz que observa hacia la calle por la ventana, sin nada que la inquiete salvo el ave que se ha posado en el barandal tan ajeno al vouyerismo felino, casi hipnótico, del que es objeto.

Mi gata es el guardián que recorre la casa a oscuras ahuyentando espíritus que sólo ella percibe; trepa a la cama, satisfecha del rondín nocturno, se arrellana junto a los pies en un movimiento de perfecto acoplamiento como un ingeniero que ha calculado circunferencias y la profundidad de espacios.

Ella vive una especie de confinamiento desde mucho antes que apareciera el COVID-19. Esterilizada años atrás aún conserva destellos de coqueteos de hembra con los michos de la cuadra, quienes le hacen ronda por la cochera y el patio, persistentes. Sale a su encuentro, los seduce y se refugia nuevamente en casa; escucha, sin inmutarse, maullidos lastimeros de sus conquistas rechazadas. Indolente, los olvida y come y bebe y se echa a descansar en el piso fresco de la sala. En dos o tres días, resurgirá el deseo por aquel injusto juego y sus pretendientes creerán que ahora sí, lo van a conseguir. Ilusos.

Las noticias en televisión hablan de la contingencia sanitaria, del coronavirus, de los enfermos y fallecidos, de la desesperación creciente de las personas por salir y hacer una vida normal. Para mi gata la vida no ha cambiado, las horas transcurren igual hoy, ayer y muchos días atrás; duerme con la misma tranquilidad de antes de la pandemia. Nada parece inquietarla. Contemplo su figura enroscada, pequeña, tan calma, parece no respirar dada su quietud. Quisiera robarle una vida de su cotidianidad, sin el estrés que los humanos nos hemos impuesto por minucias o estupideces.

En ocasiones me acompaña en el home office, al lavar los platos o al hacer ejercicio en casa; sólo me dispensa unos minutos, porque ella tiene su propia vida, su propia rutina: dormir ¡Carajo, no molestar!

Los gatos marcan pauta con sus hábitos y manías. Son enigmáticos, impredecibles, tiernos, pero con límites para que no olvidemos el legado salvaje de sus ancestros. Deciden y no hay marcha atrás: se permiten recibir o rechazar una caricia, ignorarte, presionar para que salgas del sanitario o para que les pongas atención. Entran y salen de casa, deciden entrar nuevamente y luego salir, una vez y cuántas veces más quieran, y tú, amo y señor de ellos, obedeces cual portero fiel, sin protestar.

Con los gatos se forja una relación más intimista que con otras mascotas. Es como si conocieran nuestros secretos. Y es que han sido testigos de llantos en soledad, de decepciones amorosas, de tristeza, alegrías o de enojo. Son cómplices callados de conquistas y visitas clandestinas; compañeros de encierro. El vínculo con tu gato es tan cercano (como cuando los tienes encima del pecho o abdomen) y tan único, que parecen ser una versión tuya en animal. Se convierten en un alma espejo tal, que cuando lo pierdes, ese espejo queda hecho añicos. E4

Monclova, Coahuila, 1973. Licenciada en Comunicación por la UAdeC. Desde 1996 ha trabajado como reportera en radio, prensa y el sector público. Premio Estatal de Periodismo en el 2000 y en 2005, además de Premio Estatal por Trayectoria Periodística de 25 años. Obtuvo Mención Especial en el «Primer Certamen Literario Internacional de la Fundación SOMOS» año 2015, de EE.UU. Sus fotografías han sido publicadas en medios locales, en el periódico español El País y en la revista Hispanic Culture Review. Colabora en Espacio 4 desde 2013.