El aporte de la experiencia

SEGUNDA PARTE

En general, la enseñanza en medicina se enfoca a que el médico debe aprender a curar eliminando el dolor y el sufrimiento físico de personas enfermas, prescribiendo medicamentos o recurriendo a acciones quirúrgicas, con un diagnóstico clínico elaborado mediante el interrogatorio, exploración clínica y estudios de laboratorio según cada problema. No obstante, ser médico es mucho más que eso. Es informar y orientar para trasformar tanto el entorno de un enfermo, así como su visión y significado de la enfermedad para armonizar nuestra relación con la naturaleza y, con ello, mejorar no tanto la cantidad, sino su calidad de vida, de su familia y de la sociedad. Para cumplir lo anterior se necesitan otras acciones en el ámbito económico, político y en el periodismo cuya función esencial es informar, entretener y formar para transformar, con veracidad, objetividad e imparcialidad. Ni duda: ¡Ardua responsabilidad social para médicos y periodistas!

Durante el último año, durante esta pandemia, ¿han aumentado sus consultas? Concretamente con referencia a casos de COVID.

En realidad no me ha aumentado la consulta en general, la cual es variable. No me faltan ni me sobran consultas. Y en cuanto a COVID, tampoco, porque si bien es cierto que mi especialidad de Medicina Interna me permite atender todas las enfermedades de los adultos, incluyendo las de vías respiratorias, también es cierto que desde el inicio de este brote se recomendó la sana distancia ante síntomas de fiebre, tos y otros, lo que significa quedarse en casa, buscar asesoría médica para vigilancia a distancia y recurrir a hospitales diseñados para atención de covid si el cuadro clínico empeora hacia la insuficiencia respiratoria, con posible necesidad de oxigenación artificial. En este contexto sí he tenido que apoyar, orientar, asesorar y atender a decenas de pacientes sospechosos de COVID, en sus domicilios, siempre y cuando ellos así lo hayan aceptado y los he tratado como recomiendan las autoridades sanitarias y con mi propia experiencia: tratamiento sintomático, vigilando la temperatura y síntomas respiratorios con especial observación de la frecuencia respiratoria por minuto, dato esencial para evaluar la oxigenación —más confiable que la oximetría— casi siempre con apoyo, además, de algún antibiótico.

La mayoría de estos casos se resolvieron satisfactoriamente, no por mi, sino porque más del 90% de los casos de COVID se resuelven como un catarro común: con o sin médico, o a pesar de él. A no más de unos seis enfermos graves con más de 35 respiraciones por minuto en forma constante y aun en reposo, lo menos frecuente, sugerí acudir a un hospital COVID para oxigenación, pero los intubaron y cinco murieron. El que se salvó, fue uno que asesoré durante su estancia en hospital COVID, le propuse que solo aceptara oxigenación, pero sin intubación ni medicamentos derivados de la cortisona, lo estuve monitoreando por video llamada y cuando decidieron intubarlo le propuse que no aceptara porque sus respiraciones se aceleraban a más de 35 por minuto con esfuerzo, pero se calmaban con oxígeno y reposo retornando a lo normal, 20 por minuto. Decidió seguir mi sugerencia, lo seguí monitoreando en su casa sin intubación y sin recibir derivados de la cortisona (dexametasona). Se salvó; esto fue en agosto de 2020. A los 15 días de recuperación se reintegró a su trabajo y nunca se quejó de las llamadas secuelas, las cuales he observado casi en todos los pacientes sometidos a tratamiento con dexametasona con o sin intubación —los pocos que se han salvado—. He observado que los pacientes que han tenido COVID pero no han recibido derivados de la cortisona —dexametasona, prednisona, betametasona— no tienen «secuelas».

Lo cierto es que en los hospitales sí aumentaron los casos de problemas de vías respiratorias sugestivos de COVID. También se sabe que, de cada 100 personas con síntomas respiratorios, 50% eran catarros comunes y el resto a COVID. No obstante, la infodemia, propaganda exagerada en los medios de comunicación, de alguna forma ha provocado pánico tanto en la sociedad como entre médicos y muchos casos de catarros comunes se empezaron a etiquetar como COVID. Incluso cientos de casos sin datos anormales en vías respiratorias y aún sin fiebre se etiquetaban y pasaban (pasan) a las estadísticas como COVID. Me consta, pues muchas personas con síntomas psicosomáticos que aumentaron de la mano de COVID: migrañas, colitis nerviosa, mareos, náuseas, decaimiento generalizado, trastornos del sueño o del apetito, prurito o ronchas en la piel por ansiedad, temen que sea COVID, fácilmente, los médicos a quienes consultan «se dejan llevar» y les diagnostican COVID, les recetan dexametasona uno de cuyos efectos es aumentar o provocar precisamente trastornos emocionales serios, con crisis de pánico, ansiedad, insomnio e incluso he visto hasta cuadros de psicosis y diabetes provocados por el abuso de la dexametasona.

En concreto: el COVID existe, es una nueva cepa más agresiva. Pero no es el único factor en el aumento de la mortalidad puesto que ha predominado en personas de edad avanzada, con enfermedades crónicas como la diabetes y en tratamiento para hipertensión arterial.

Continuará…

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.