El cacareado Metrobús Laguna, convertido en elefante blanco

Una investigación de Border Hub, publicada por la revista Newsweek, confirma los vicios de un proyecto cuya ejecución ha resultado irregular y caótica. Contratos asignados por favoritismo, terminales utilizadas como basureros clandestinos… Banobras podría reclamar al estado la devolución de 400 millones de pesos por incumplimiento

La Laguna, históricamente castigada

Torreón: ¿qué se puede esperar de la alternancia?

El Hub de Periodismo de Investigación de la Frontera Norte (Border Hub) denunció el año pasado que el Gobierno de Coahuila desvió 723.5 millones de pesos a empresas fantasma en el periodo 2014 y 2019. El monto equivale al 27.5% de las irregularidades detectadas en los estados fronterizos (Espacio 4, 645). Creado para «disuadir y apoyar la transparencia de la corrupción en México», Border Hub vuelve a poner a Coahuila bajo la lupa con el reportaje «La inacabable ruta del Metrobús Laguna», publicado por la revista Newsweek en español el 6 de agosto bajo la firma de Luis Alberto López. (Espacio 4 publicó un trabajo de Lilia Ovalle en su edición 653 «Metrobús Laguna: la obra “encantada”»).

El Metrobús es una de las obras cacareadas por Enrique Peña Nieto y Rubén Moreira que permanecen en el limbo, o en el tiradero. El presidente Andrés Manuel López Obrador declara haber encontrado cientos en esas condiciones. Muchas ya son inútiles por su deterioro y otras fueron canceladas debido a su ubicación en lugares peligrosos. Los trabajos del Metrobús empezaron en noviembre de 2016 y debieron terminar hace dos años. La administración de Miguel Riquelme solicitó una sexta prórroga, esta vez para principios de 2022, coincidente con el inicio de la alcaldía de Román Cepeda (PRI). Sin embargo, el convenio modificatorio previo firmado con Banobras establece que si la obra no se entregaba para el 30 de junio pasado, «los entes participantes tendrían que devolver el financiamiento federal otorgado y estimado en 400 millones de pesos», dice la nota.

«Las obras de un proyecto pensado para mejorar la movilidad de una región tiene un historial de retraso y observaciones sin que exista una fecha para poner a funcionar el sistema».

Border Hub

Miguel Algara Acosta, secretario de Infraestructura, quien sustituyó al polémico Gerardo Berlanga Gotés, hoy responsable de la estrambótica «Secretaría de Inversión Pública Productiva», se lava las manos. Esta vez, la excusa para posponer la terminación de la obra es… ¡el coronavirus! No faltaba más. «La pandemia golpeó la economía de los empresarios del transporte que adquirirán unidades para poner a funcionar el sistema, aunque también falta considerar la inversión a cargo del particular que pondría a funcionar las terminales».

No obstante, el reportero advierte que de los mil 500 millones de pesos del presupuesto original, aún faltan más de 700 millones para terminarlo, «de acuerdo con el Análisis Costo-Beneficio con corte al mes de abril de 2019. Con respecto a las terminales, observa que la primera etapa de la Estación Nazas costó casi 53 millones de pesos provenientes del Fondo Metropolitano, uno de los 108 fideicomisos eliminados por el Gobierno federal a finales del año pasado con el apoyo del Congreso, bajo el argumento de «malos manejos».

«Van a tener más libertades para tomar ciertas decisiones, por ejemplo, una muy sencilla: siendo el municipio del PRI le puede recibir al Gobierno del estado la obra aunque no esté terminada o tenga defectos».

José Ángel Cuéllar, (Comité Técnico de Transporte Urbano de Torreón)

El presidente López Obrador sentenció en la mañanera del 21 de octubre pasado: «Todos los que medraban (…) no van a tener el manejo de estos recursos y todo lo que ahorremos (…) se va a destinar al bienestar del pueblo». El reportaje de Border Hub pone en claro que por su retraso y el cúmulo de deficiencias y decisiones no sujetas a normas y controles, el Metrobús Laguna incumple el propósito del Fondo Metropolitano, creado para «canalizar recursos a programas y proyectos de infraestructura, orientados a promover la adecuada planeación del desarrollo regional, urbano de transporte público y la movilidad no motorizada y del ordenamiento territorial para impulsar la competividad económica, la sustentabilidad y las capacidades productivas de las zonas metropolitanas» (Secretaría de Hacienda, 2019).

La desaparición del Fondo Metropolitano, cuyo presupuesto ascendió a tres mil 300 millones de pesos en su último ejercicio (2020), representó un golpe para los gobernadores, pues los privó de recursos para impulsar proyectos —no siempre prioritarios— que de otra manera no podrían emprender. En el caso de Coahuila, por el lastre de la deuda a la cual se destinarán este año más de tres mil 700 millones de pesos, la mayor parte para pagar intereses y costos de coberturas.

Monumento a la corrupción

Caos, ocultamiento de información, irregularidades técnicas y financieras, desprecio hacia las familias afectadas por los «daños colaterales» y «la espada de Damocles» de la 4T sobre la cabeza del Gobierno. Así es como el Hub de Periodismo de Investigación de la Frontera Norte retrata la obra que, según el gobernador Rubén Moreira, sería «el parteaguas en el sistema de movilidad de toda la Comarca Lagunera»: el Metrobús Torreón-Matamoros. La extensión del proyecto a Gómez Palacio y Lerdo la canceló el presidente Andrés Manuel López Obrador el 16 de junio de 2019, en una consulta a mano alzada, por sospechas de corrupción y el rechazo de transportistas.

Con tres años de retraso, abandonado por las autoridades, en deterioro constante y perdido en un laberinto de intereses económicos y políticos, el Metrobús Laguna parece una obra fantasma. Presupuestado en mil 500 millones de pesos, el Metrobús es un monumento a la incompetencia y a la corrupción. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha encontrado un sinnúmero de irregularidades, revela el reportaje de Luis Alberto López. El problema de movilidad es real y demanda soluciones integrales, pero el proyecto impuesto por Moreira no las brinda. Desde un principio generó oposición, suspicacias, dudas y temor entre los transportistas. ¿Lo aceptaron bajo engaños y presión?

El gobernador ignoró las protestas con olímpico desdén: «Todos los cambios generan inquietudes, pero (…) los tenemos que afrontar para avanzar» (Transportes y Turismo, 18.11.16). Miguel Riquelme atestiguó el nacimiento del elefante blanco como alcalde de Torreón y ahora carga con él: «Mi reconocimiento al presidente de la República (Enrique Peña Nieto) por el compromiso que hoy cumple (y) al gobernador porque sin su voluntad decidida, sin su participación económica, esto hubiera sido inalcanzable».

La ASF ha detectado, entre otras irregularidades, una por 18 millones de pesos en la ruta troncal concedida a Cemex Concretos. En la revisión de 2018, el órgano fiscalizador de la Cámara de Diputados presentó 19 observaciones y en la del año siguiente «pidió al Gobierno estatal multar a los responsables de permitir trabajos de mala calidad tan solo en el concepto de pavimento hidráulico. La instrucción no se ha cumplido», advierte el periodista de Border Hub. La Terminal Nazas, asignada a Constructora Regional de La Laguna (Corela), debió entregarse hace cuatro años, pero sigue inconclusa y «sirve como basurero clandestino». Gas del Noreste no afrontó competencia para obtener el contrato de la Terminal Mieleras, cuya concesión es por 20 años, pero «salta a la vista que nada más hicieron limpieza y nivelación del terreno».

El PRI tomará el control de la alcaldía de Torreón el 1 de enero con Román Cepeda ¿Se romperá el encantamiento del Metrobús Laguna? Luis Alberto López plantea que el cambio de administración, ahora en manos del PAN, puede acelerar el proyecto, «pues ahora el Gobierno estatal priista tendrá un aliado del mismo partido en el nivel municipal». José Ángel Cuéllar González, representante del Comité Técnico de Transporte Urbano de Torreón, refuerza la tesis. «Van a tener más libertades para tomar ciertas decisiones, por ejemplo, una muy sencilla: siendo el municipio del PRI le puede recibir al Gobierno del estado la obra aunque no esté terminada o tenga defectos».

Las obras del Metrobús presentan «un deterioro notorio en la infraestructura civil construida con recursos públicos», denuncia el reportaje publicado por Newsweek (https://newsweekespanol.com/2021/08/la-inacabable-ruta-del-metrobus-laguna/). «Nos preocupa porque carece de mantenimiento y seguridad (…). Se vienen más a detalle problemas de funcionamiento, cultura de la ciudadanía y cuellos de botella (…) por toda la movilidad», observa Óscar Omar Puentes, presidente del Colegio de Arquitectos de La Laguna.

Basurero de obras públicas

El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha referido repetidamente al «tiradero de obras» recibido del Gobierno de Enrique Peña Nieto. Uno de los proyectos anunciados a bombo y platillo por el «Cachorro de Atlacomulco» fue el Tren Interurbano México-Toluca con un presupuesto de 40 mil millones de pesos. Debió estrenarse en 2018. Siete años después de iniciada, la obra sigue inconclusa y el costo final podría exceder los 100 mil millones de pesos. Una joya de la corrupción de la corona peñista, mas no la única.

«Se dedicaron a hacer negocios en las pasadas administraciones; a construir edificios (…), hospitales que dejaron sin terminar. Hay un tiradero de obras por todo el país». David Guillén Patiño rescata la declaración de AMLO en su columna «Palabras Mayores» publicada por la revista Newsweek México en su edición del 23 de julio. Importante bastión del PRI, Coahuila «continúa a merced de los viejos vicios», apunta. Y también de los nuevos, pues el autor denuncia el basurero de obras hallado por Miguel Riquelme. Por ejemplo, el Centro Oncológico Salvador Chavarría, inaugurado por Moreira, sin estar terminado, para vestir la despedida de su Gobierno mediocre. El hospital abrió apenas el 5 de julio. Todavía no opera en su totalidad por falta de presupuesto. Otro de los elefantes blancos del Gobierno de Moreira II fue el Hospital General de Torreón.

Rubén Moreira, futuro coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en la próxima legislatura federal, dedicó los seis años de su Gobierno a cubrir las tropelías de la administración de su hermano Humberto, así como las propias. Se le acusa de desviar cientos de millones de pesos a empresas fantasma. Mientras, la Fiscalía General y el Sistema Estatal Anticorrupción no hacen otra cosa que mirarse el ombligo. El Congreso local y el Tribunal Superior de Justicia —donde el moreirato tiene incondicionales— cierran la pinza de la impunidad.

La obra de mayor magnitud abandonada por Rubén Moreira es el Metrobús Laguna, a la cual se dedicaron más de 800 millones de pesos de fondos federales, estatales, municipales y privados. El proyecto estuvo desde un principio envuelto en sospechas de corrupción no investigadas. El presidente López Obrador conoce la historia. Hace dos años canceló el tramo correspondiente a Durango (Gómez Palacio-Lerdo) en una votación a mano alzada para dedicar los recursos a inversiones en salud y agua potable. Del lado de Torreón y Matamoros, la infraestructura se deteriora cada día y aún no existe fecha segura para iniciar operaciones.

El Gobierno de Coahuila podría recurrir a más deuda para terminar el «Metrobús encantado» mediante el esquema de Asociaciones Público Privadas (APP). Sin embargo, antes es preciso someter el proyecto a una auditoría técnica y financiera para deslindar responsabilidades. El fraude lo ha denunciado el diputado local Rodolfo Walss Aurioles (PAN), quien demanda concluir el sistema de transporte, revisar el presupuesto y abrir una investigación. La respuesta ha sido una andanada de ataques en columnas políticas por su «protagonismo». Los laguneros no deben esperar más por el Metrobús, cuya ociosidad incrementa su costo. Cuando la obra se retome, deberá reconstruirse la infraestructura dañada. Quizá la terminación se pospuso para que un alcalde del PRI la inaugure. La Laguna no ha dejado de ser castigada por la politiquería e incuria gubernamental. E4


La Laguna, históricamente castigada

Gobernadores le han regateado inversiones y la han dividido. Sus peores años, con los Moreira. La falta de liderazgos ahonda sus crisis

Una de las formas de castigar a La Laguna —particularmente a Torreón— cuando no vota por el PRI, consiste en reducir aún más la inversión estatal, dividir a la sociedad y provocar conflictos. Algo parecido sucede en Saltillo si otro partido ocupa la alcaldía, pero con menor rigor por ser la capital. Cuando en la metrópoli lagunera se estrenó alternancia en 1997, con Jorge Zermeño (PAN), Rogelio Montemayor recaló en Matamoros y también el presupuesto. La relación de Enrique Martínez con Guillermo Anaya fue cordial y su administración realizó obras importantes como el Distribuidor Vial Revolución, demolido por su sucesor en un desplante para sustituirlo por un adefesio. El acto refleja el desprecio político hacia una región otrora combativa y progresista.

Torreón pagó más caro aún haber votado contra Humberto Moreira y su candidato a alcalde Eduardo Olmos, en 2005, y preferido a Guillermo Anaya y a José Ángel Pérez, quien fue boicoteado y acosado por el Gobierno y el Congreso por plantar cara al clan. Los Zetas se multiplicaron como hongos cual si el entonces incipiente moreirato hubiera «concesionado» la plaza a condición de no invadir Saltillo. Seguir la ruta del terror lleva a esa conclusión y a otras más aterradoras. Exoperadores del cartel han declarado ante fiscales y jueces de Texas sobre la entrega de dinero a políticos y autoridades estatales para comprar protección y financiar campañas electorales.

Generar conflictos —en este caso deleznable, pues no solo se urdieron para privar a La Laguna de inversión pública y espantar la extranjera, sino para propiciar una escalada de violencia que se cobró millares de vidas y la desaparición forzada de legiones— para después resolverlos es un viejo truco de los Gobiernos, sobre todo del PRI. La fórmula la aplicaron Humberto y Rubén Moreira a ciencia y paciencia de organismos empresariales cómplices, de una prensa acrítica —en el pasado, La Opinión (hoy Milenio Laguna) y El Siglo de Torreón, bajo la batuta de Edmundo Guerrero y Antonio de Juambelz, imponían respeto y hacían temblar a gobernadores y secretarios de Estado; hoy son una caricatura— y de partidos de oposición domesticados. Humberto incendió La Laguna y Rubén se proclamó su «salvador». ¡Pamplinas! La región se convirtió durante el docenio en una de las más peligrosas: imágenes de masacres, cadáveres colgados y de terror en el estadio del Santos le dieron la vuelta al mundo.

Torreón y el resto de la comarca tardaron lustros en volver a la normalidad, pero no fue por el regreso del PRI a la alcaldía, con Olmos y Miguel Riquelme, sino por el gobierno federal (Secretaría de la Defensa) y la presión y soporte de los corporativos; no de las cámaras, pues la mayoría son títeres del gobernador de turno. El desprestigio no se ha reparado del todo y la inversión privada —la del estado todavía brilla por su ausencia— empezó a fluir en los últimos años. Las heridas del moreirato, profundizadas por la deuda de 40 mil millones de pesos, tardarán varias generaciones en sanar, pero jamás serán olvidadas. El estigma perseguirá como sombra a quienes, en vez de denunciar los abusos y corruptelas, prefirieron ser comparsa de los Moreira a cambio de contratos, posiciones y dinero.

El presidente Carlos Salinas de Gortari pretendió convertir a su doctrina —el «nacionalismo revolucionario»— una zona eminentemente cardenista. En una ceremonia en la pérgola de Los Pinos sentenció ante las fuerzas vivas: «Laguna dividida, Laguna vencida». Los Moreira sembraron vientos y los laguneros, huérfanos de liderazgo, cosechan las tempestades. E4


Torreón: ¿qué se puede esperar de la alternancia?

El Gobierno de Miguel Riquelme, sin presupuesto para emprender grandes proyectos en la administración de Román Cepeda

La relación política entre La Laguna y la capital del estado la caracterizan los agravios. Luis Horacio Salinas Aguilera y Carlos Ortiz Tejeda, de Saltillo, fueron diputados federales por Torreón en los setenta y los ochenta. Jamás volvieron a sus distritos. Los conflictos entre el alcalde y el gobernador de turno preceden incluso a la alternancia. Cuando el candidato del PRI no era el favorito del ejecutivo, la ciudad pagaba los platos rotos. En 1972, el dedo de Palacio de Gobierno apuntó hacia Mariano López Mercado, pero Braulio Manuel Fernández Aguirre se le opuso. Ambos eran hijos de exgobernadores.

Cuando las cosas se tensaron demasiado, el entonces líder nacional del PRI, Jesús Reyes Heroles, visitó La Laguna para poner orden: «Los tiempos del “juniorismo” se acabaron», sentenció. Entonces la candidatura recayó en un humilde profesor y diputado local: José Solís Amaro. Una vez electo, el Gobierno se dedicó a hacerle la vida imposible. Eulalio Gutiérrez Treviño espació aún más sus visitas, y cuando las realizaba no lo acompañaba el alcalde, sino el recaudador de Rentas, López Mercado. Solís estuvo varias veces a punto de caer —«ya basta de tirarle al negro», dijo en una rueda de prensa—, pero el sector privado lo sostuvo.

Tres años después, la postulación llegó de Los Pinos. El elegido fue Francisco José Madero —hijo del exgobernador Raúl Madero—, antiguo colaborador de José López Portillo en la Secretaría del Patrimonio Nacional, y no Homero del Bosque, compadre del gobernador Óscar Flores Tapia. Madero tampoco la tuvo fácil, pero su conexión con el centro le sirvió de pararrayos. José de las Fuentes y Eliseo Mendoza resolvieron sin problema las sucesiones en Torreón. Rogelio Montemayor, no: el PRI nacional impuso a Mariano López Mercado, pero las presiones políticas y sociales por supuestas irregularidades en la Tesorería y en el Simas forzaron su renuncia. Después vino la alternancia con Jorge Zermeño (PAN).

Enrique Martínez recuperó Torreón con Salomón Juan Marcos, quien después perdió con Guillermo Anaya (PAN). Humberto Moreira no pudo imponer a Eduardo Olmos en la primera elección, pero sí en la segunda. Rubén Moreira recibió a Olmos de herencia y Miguel Riquelme estuvo a punto de perder por su causa, como también pasó en los comicios de gobernador. Los candidatos de Riquelme (Miguel Mery, actual presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, y Antonio Gutiérrez) fueron derrotados, sin embargo, este año ganó con Román Cepeda, nieto de exgobernador.

¿Qué puede esperar la capital lagunera con la nueva alternancia PAN-PRI? En términos de inversión, poco. La administración de Riquelme está maniatada por la megadeuda, y la pandemia de COVID-19 presiona aún más las finanzas. El cambio es más bien simbólico: el gobernador rescató la ciudad. Políticamente, Torreón le dará margen para manejar la sucesión de 2023. Sin embargo, la mayoría votó contra Cepeda, quien también procede del moreirato.

Riquelme adaptó su estilo a las circunstancias para hacer llevadera la gubernatura. La hibrys de Rubén Moreira no solo lo empujaba a aislar, reñir y escamotearle presupuesto a los alcaldes de oposición, como lo hizo con Isidro López Villarreal (PAN), quien además lo denunció por espionaje, sino a los de su propio partido. A Jericó Abramo le hizo el vacío y, según versiones periodísticas, lo amenazó para disuadirlo de participar en la sucesión de 2017. A partir del 1 de septiembre, ambos compartirán bancada en el Congreso. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.