La paz cuesta veinte pesos

Es mediodía. Cielo nublado y aroma a café. Cómo no llegar a la librería, refugio imperdible.

Luego de un vagabundeo por los pasillos, no sé por qué hoy, por primera vez, pedí ayuda del policía de la entrada. En lugar de hablar con uno de los libreros, algo me llevó a preguntarle por las mesas de novedades. «Están la de aquí y aquélla. Pero es allá donde va a encontrar el libro que busca».

Al tono certero, de vendedor convencido, correspondió la obediencia. Seguí las coordenadas oficiales hasta llegar a un exhibidor ya prácticamente vacío. Unos cuantos discos, algunos rompecabezas y sólo dos libros. Uno de poesía en inglés, algo maltratado. Y otro, el libro que, en efecto, buscaba.

Un gran adhesivo circular de color amarillo anunciaba que ese texto tenía el 80% de descuento. Título, Cultura de paz. Fundamentos y claves educativas (Ed. Desclée, Bilbao, 2004) escrito por José Tuvilla Rayo. Precio final, 20 pesos. Inusitado.

La primera prueba de fuego fue la revisión a saltos de su índice: Fundamentos de la cultura de paz —¿Paz o paces? Evolución del concepto; De la paz perpetua a la paz imperfecta; ¿Qué es la cultura de paz?— / Cultura de paz y educación —Qué educación, para qué ciudadanía; modelos de educación para la Cultura de la Paz; Experiencias de educación y Cultura de Paz en América Latina; La Red de Escuelas Asociadas a la Unesco— / Claves para construir la cultura de paz en los centros educativos —Respetar la vida, rechazar la violencia, compartir con los demás, redescubrir la solidaridad—.

El último filtro, el de la hojeada al azar, no sólo fue aprobado, sino aplaudido. Cultura de paz es un libro que cumple con su género, el de la divulgación del conocimiento. A pesar del poco revuelo que quizá pudo haber causado en la librería, el tema y la forma de presentarlo ameritan más atención.

Muchos son los autores que tratan el tema de la construcción de paz desde diferentes ópticas. Leonel Narváez, por ejemplo, con sus mayúsculas y asombrosas aportaciones en el marco de las Escuelas del Perdón y la Reconciliación (ES.PE.RE) (fundacionparalareconciliacion.org), disponibles para su libre lectura en Internet y las conferencias en YouTube. O el psicólogo del New York Medical College, el dos veces doctor Jim Dincalci y su obra Cómo perdonar cuando no puedes (Ed. Vergara, México, 2013).

José Tuvilla, miembro del Instituto Paz y Conflictos de la Universidad de Granada y de la Asociación Española de Investigación para la Paz, presenta un escrito bastante didáctico para aprender el qué y los cómos de la cada vez más citada «cultura de paz»: «es una tentativa que se define como el conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida que inspiran una forma constructiva y creativa de relacionarnos para alcanzar la armonía del ser humano consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Convivir en paz es un derecho humano reconocido a través de un cuerpo jurídico sobre el que se sostiene la democracia y representa un gran desafío para la humanidad. La educación es, sin duda, el mejor instrumento para superar con éxito dicho reto. Esta obra presenta fundamentos y claves para construir la cultura de paz a través de la educación» (contraportada).

En una de las partes casi finales de la obra del doctor Tuvilla, el conflicto es analizado con particular detenimiento por ser, primero, inherente al individuo y, segundo, porque del choque, del enfrentamiento, del cruce de tesis y antítesis, las relaciones humanas sí pueden ser robustecidas en materia de generación de ambientes de paz.

El autor de Cultura de paz sostiene que, si bien, la tendencia cada vez más significativa de las personas o grupos que entran en conflicto es sostener, engrandecer y sumar más diferencias y buscar maneras de violentación que les aseguren su rol de vencedores o conquistadores, las escuelas están llamadas a marcar la contundente diferencia. Al re-educar a su comunidad —alumnos, maestros, directivos, administrativos, padres de familia, patronatos, autoridades diversas— el conflicto puede ser analizado desde esas otras ópticas que ayudan a construir relaciones pacíficas.

«El conflicto, desde un punto de vista positivo», agrega el investigador y activista, es el motor de cambio social. Sus efectos, siempre que sepamos gestionarlos, bien nos permiten establecer relaciones cada vez más cooperativas. De ahí que la negociación resulte imprescindible. Tanto el conflicto como la negociación constituyen un modo de relación rica y permanente de la vida cotidiana: personal, grupal y organizacional. Impulsar, por tanto, desde la educación la cooperación frente a la competición y la concertación frente al conflicto, subrayará el aspecto más enriquecedor y satisfactorio de las relaciones interpersonales» (p. 278).

Casos de buenas prácticas en materia de cultura de paz y resolución de conflictos son los siguientes:

Argentina: el Equipo Interdisciplinario Capacitador en Mediación educativa, Eicame (www.mediacioneducativa.com.ar).

Canadá: «Guía de formación en los comportamientos pacíficos» y «Embajadores y embajadoras de paz» (http://members.lycos.fr/ambassadeurspaix)

Francia: Instituto de Investigación y Formación del Movimiento por una Alternativa de la No Violencia y su propuesta en las aulas de escuelas primarias y secundarias, «Afrontar la no violencia».

Finlandia: programa escolar para prevenir el maltrato entre iguales (http://user.utu.fi/eijasal/).

India: Centro de Trabajo y de Investigación y el proyecto en más de cincuenta escuelas nocturnas, «Los pies descalzos», dirigido a comunidades escolares y sus familias (www.unesco.org/education/nved/francais/tilonia.html).

España: Fundación Catalana de Tiempo Libre y el programa pedagógico, «En clave de Paz» con jóvenes que desarrollan alternativas de unión social en sus tiempos libres (www.esplai.org).

Varias son las recomendaciones y guías contenidas en Cultura de paz para que sea viable la implementación de programas de mediación de conflictos y generación de vínculos de paz en las aulas. Incluso, en el cierre del libro, son dedicados dos segmentos para orientar a los interesados en diseñar proyectos de intervención educativa con contenidos transversales a favor de la paz.

Imaginemos una escuela de música, de deportes, de cocina, de ingeniería, de medicina, de matemáticas. Recordemos los niveles básico, medio, medio superior y superior educativos en México. ¿Qué sería de ellos si implementaran, con un congruente convencimiento, la «cultura de paz» en su ser y quehacer formativos? Otro sería nuestro México inmediato.

Antes de pensar a lo macro, vayamos a lo particular. Aquí, algunas de las sugerencias retomadas por el autor conforme a los trabajos de Kennedy, Bensom y McMillan (1982); de Fischer y Brown (1991) y de Pruitt y Carnevale (1993) en torno a las normas básicas de comunicación ante la negociación del conflicto en aras de la generación de paz. Todas resultan útiles. No sólo frente a un grupo de estudiantes, sino en un sinfín de contextos: «a) Saber escuchar para comprender racionalmente las razones y evitar la intransigencia de posturas; b) No interrumpir para evitar gritos, faltas de respeto y tensiones; c) No atacar las ideas y sentimientos expresados por el otro y poner así en riesgo la negociación; d) Practicar la escucha activa realizando preguntas y respuestas constructivas para animar al contrario a expresar sus ideas y sentimientos; e) Utilizar la inducción para anticiparnos a la solución que la otra persona desea comunicar; f) Evitar señales o gestos que impidan el acuerdo, favoreciendo aquellos movimientos orientados a indicar a la otra persona que estamos dispuestos a ceder en nuestros intereses a condición de que este ceda también en su postura» (p. 288).

Son 337 las páginas que conforman el libro hasta aquí reseñado. Sus enseñanzas, recibidas con apertura y humildad, pueden dirimir muchos conflictos que comienzan en nuestra comunicación intrapersonal: la que a diario sostenemos con nosotros mismos.

Aquel pacífico guardia de la librería tuvo razón. Me encaminó a una mesa de la librería donde me encontré —o me encontró— el libro que necesitaba. Fueron veinte pesos a cambio de una paz que, hoja por hoja, día tras día, no tiene precio.

Columnista y promotora cultural independiente. Licenciada en comunicación por la Universidad Iberoamericana Torreón. Cuenta con una maestría en educación superior con especialidad en investigación cualitativa por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Doctoranda en investigación en procesos sociales por la Universidad Iberoamericana Torreón. Fue directora de los Institutos de Cultura de Gómez Palacio, Durango y Torreón, Coahuila. Co-creadora de la Cátedra José Hernández.