La ternura de la convivencia

Prometí escribir sobre un hermoso concepto que don Miguel de Unamuno describe en un cuento corto titulado «Al correr los años». Se trata de «la ternura de la convivencia». Aunque el concepto está circunscrito en el cuento a la relación de pareja, quiero extrapolarlo y con ello enriquecer la experiencia comunitaria de la que estamos tan ayunos en estos tiempos de individualismo indiferente e insolidario.

Sternberg saltó a la fama con su teoría triangular del amor. Tres elementos conforman la noción del amor: la intimidad, la pasión y el compromiso. Si coinciden los tres elementos en una relación de pareja, tenemos el amor consumado. Si, en cambio, la relación carece de los tres elementos, se da cita la falta de amor. Si se impone la intimidad, el cariño predomina. Si se da sólo la pasión, aparece el encaprichamiento. Si mantiene la hegemonía el compromiso, sin la intimidad ni la pasión, el amor estará vacío. La intimidad más la pasión, sin el compromiso, genera el amor romántico. La intimidad más el compromiso deviene amor sociable. Y, por último, la pasión más el compromiso, sin la intimidad, da como resultado el amor fatuo. Son ocho las combinaciones posibles. Cuando Pablo Milanés canta «Para vivir» —«Muchas veces te dije, que antes de hacerlo habría que pensarlo muy bien, que a esta unión de nosotros, le hacía falta carne y deseo también…»— hace referencia a un amor sin pasión. Rigo Tovar recupera sin pretenderlo la tríada de Sternberg en «Mi amiga, mi esposa, mi amante». La amiga, la intimidad; la esposa, el compromiso; la amante, la pasión.

El cuento del autor de Niebla nos narra la historia de Juan y de Juana que, después de un buen tiempo, logran procrear su primer hijo y con ello se desgrana la mazorca y se llega a edificar una familia de nueve hijos. Sin embargo, Juana intuye que algo anda mal, que Juan quizá ande en malos pasos y tenga una enamorada. En cierta ocasión lo descubre admirando una fotografía. Y la curiosidad, por fortuna, no mata al gato, porque Juana da con el secreto de Juan y resulta que la fotografía refleja la persona de Juana a la altura de sus 23 años.

Unamuno señala, al principio del cuento: «La pasión se les quemó como mirra en los transportes de la luna de miel, y les quedó lo que entre las cenizas de la pasión queda, y vale mucho más que ella: la ternura. Y la ternura en forma de sentimiento de la convivencia». Parecería que esta ternura se torna indeseable, en el caso del matrimonio, porque es lo que queda cuando la pasión termina. Un poco lo de Milanés. Y la pasión es importante para procrear los hijos. Con el correr de los años vinieron los hijos, uno tras otro.

El problema en la relación entre Juan y Juana se agudiza cuando con el paso del tiempo a Juan «hasta la ternura de la convivencia se le iba entibiando». Pero por fortuna Juana obliga a Juan a revelar el secreto y al quemar el retrato «le dio un largo y apretado beso en la boca, un beso en que de la plenitud de la ternura refloreció la pasión primera». El cuento culmina con un final asaz feliz: «Y la paz de la ternura sosegada volvió a reinar en el hogar de Juan y Juana».

Ha sido, de nueva cuenta, mi hermano Gilberto quien me acercó este maravilloso concepto. En su libro El mapa del libro humano, al hablar del bostezo, hace referencia al mismo. Quien bosteza suele ser imitado o remedado por otro que bosteza y allí nos topamos con la ternura de la convivencia. Dicha ternura torna contagioso el bostezo en los seres que se quieren. Muchos de los lectores han experimentado el goce de la ternura de la convivencia. Podríamos asimilarla a la intimidad. Y es que la intimidad es cercanía, confianza y calidez. La triple «c» de una relación donde reina el diálogo y se rehuye la discusión ríspida e hiriente.

Desgraciadamente, estos tiempos preelectorales vulneraron la ternura de la convivencia. La ideología impuso su ley y el distanciamiento se instaló entre nosotros. Las ofensas se multiplicaron. Se nos olvidó que no somos más que los lazos que tejemos los unos con los otros. Esperemos que el tiempo poselectoral restañe las heridas y abra paso a un torrente de ternura vinculatoria.

Referencia:

Unamuno, Miguel de, Al correr los años. Recuperado el 28 de mayo de 2024, de https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/Al%20correr.pdf

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