Las herencias: los libros

Amigos de mi generación se enfrenta a un problema que nos es común. ¿Qué vamos a hacer con nuestras bibliotecas? Afortunadamente la mayoría de mis amigos tienen amplias y extensas casas para sus colecciones y han preparado todo para que los nietos puedan disfrutar de sus libros. «Catón», Armando Fuentes Aguirre, tiene tantos libros como días ha vivido. Hace unos dos años hizo un balance y resultó que en su casa ya no puede vivir porque está inundada de libros. Tenía unos 30 mil volúmenes de historia, literatura y filosofía que fueron rigurosamente contados y registrados por un personal especializado. Tiene tantos libros como si hubiera comprado un libro cada día que ha vivido. Se habla de crear una biblioteca regional con sus textos que está dispuesto a donar. Froylán López Narváez se compró una casa en la ciudad de México con las dimensiones necesarias para sus 18 mil 989 libros. José Fuentes García tiene colecciones de revistas completas, además de los libros comprados y regalados en su vida y se enfrenta al mismo problema. Don Eliseo Mendoza Berrueto cuenta con un acervo de más de 80 años de comprar diversos volúmenes, en inglés, francés y español, además de los que ha escrito. Me comenta que de algunos de sus textos no tiene ningún ejemplar. Tengo libros en tres ciudades distintas y ahora que estoy tratando de ubicarme en una sola casa el problema de los libros es una de las piedras que tengo en el zapato. ¿Dónde pongo los libros que he adquirido después de 55 años de editor? Por lo menos guardo libros desde los 10 años, cuando vi en un puesto de periódicos que el Selecciones del Readers Digest, la revista que utilizó el «imperialismo yanqui» para invadirnos había cambiado de forma de encuadernarse, antes era a «caballo», ahora lo hacían por pliegos. En esa época entendí que salir con un libro bajo el brazo y leerlo en cualquier lugar le daba a uno otra personalidad. Se lo comenté a mi madre y se rió. En casa leíamos por lo menos el Selecciones cada mes. Más tarde me dediqué a editar libros y revistas.

El libro de enfrenta en estos momentos a una crisis existencial. La consulta de textos en blanco y negro ha disminuido y los libros han bajado sus ventas ante la invasión de los sistemas electrónicos de consulta. Cientos de librerías han cerrado ante la escasa venta que existe. La disminución de la compra de libros empezó hace unos 40 años y ha ido disminuyendo en forma permanente. Ahora las librerías que sobreviven son objeto de culto

Se ha popularizado la donación de los libros a las bibliotecas locales mediante el sistema de «legados», pero no todas las librerías los aceptan. Hay una serie de requisitos para integrar y donar un «legado». Algunas bibliotecas ya piden esquina y ponen requisitos insalvables para recibir este tipo de donaciones. Los familiares de algún lector ven como una salida fácil y sofisticada donar los libros sin que todos tengan las condiciones para formar parte de una biblioteca. Recuerdo que algunas bibliotecas y hemerotecas tienen un cajón que se llama «Miscelánea» donde ubican ciertas publicaciones y si después de un tiempo no se consultan, los tiran.

Como experiencia personal en materia de donación de libros tengo una que ocurrió hace aproximadamente 30 años. Mi madre, maestra rural más de 65 años, realizo una limpia en su biblioteca y sacó cerca de mil 500 libros que había leído y quería regalar. Decidió donarlos a la escuela de Ejutla de Crespo, Oaxaca, población donde ella había nacido. Hicimos el viaje desde la ciudad de México, en un vehículo apropiado para la carga. Al llegar a Ejutla preguntamos por el maestro y las autoridades municipales para hacerle entrega de las cajas con libros. Aparecieron dos personas y ante un grupo de niños y jóvenes de la comunidad hicimos entrega de las cajas que contenían el precioso tesoro. Nos firmaron unos recibos. Regresamos contentos, habíamos hecho una obra ejemplar, llevado los libros más de 600 kilómetros para que se iniciara una pequeña biblioteca en esa escuela rural llena de tanto significado.

Años después en el mercado de «viejo» de La Lagunilla, en la ciudad de México que se pone los domingos, encontramos mi madre y yo que parte de los libros que habíamos regalado estaban a la venta. Habían recorrido nuevamente 600 kilómetros distantes de la escuela donde los habíamos entregado. ¿Quién fue, la autoridad municipal, los maestros, rateros profesionales? No lo sabemos. Sin embargo, estos libros se convirtieron en una muestra de la rapiña que ocurre en esas áreas. Yo espero que haya más control de los libros qué se donan a las escuelas y estos pequeños y grandes asaltos se destierren.

¿Cuáles son los libros que se deben de guardar en una biblioteca? Las hay especializadas que buscan colecciones enteras o libros raros del tema, pero las hay más generales como son las bibliotecas nacionales que deben de tener los libros relacionados con la historia y el desarrollo del país al que se refieren y guardan colecciones de hace cientos de años. La mas famosa biblioteca es la de Alejandría que fue mandada a construir expresamente para este propósito por el rey asirio Asurbanipal, en el siglo VII A.C, quien ordenó edificarla en la ciudad de Nínive, cerca del río Tigris. La Biblioteca de Alejandría creció de tal forma, que llegó a tener, eso afirma la tradición, 700 mil rollos de papiro, cubriendo la gran mayoría de la producción escrita de la antigüedad. Saqueada y quemada varias veces se construyó en el siglo pasado una nueva biblioteca que es realmente un monumento a la inteligencia, bellísima arquitectónicamente, busca convertirse en el mayor acervo de libros y de conocimientos de la Tierra. Cuando la conocí, me metí a su acervo, tenia libros de todo el mundo y en todos los idiomas. Es la biblioteca más universal que conozco.

Hay bibliotecas famosas por su acervo, como la de El hombre de la rosa, el libro magistral de Humberto Eco, que forma parte de la cultura universal y de la vida de una nación. Todas las bibliotecas buscan tener primeras ediciones o libros famosos. Los robos de documentos valiosos han llenado cientos de cuartillas.

En México existe una serie de bibliotecas insignes por su contenido e historia. Está la Biblioteca Nacional en la Ciudadela, la biblioteca México que dirigió el maestro José Vasconcelos, en el ocaso de su vida. La Lerdo de Tejada, la Biblioteca del Congreso y no se diga la biblioteca de la Universidad Nacional Autónoma de México que constituye un orgullo para todos los mexicanos. Donde las paredes están decoradas con cristales venecianos y cuenta con un acervo fantástico. En cada estado de la república se ha establecido una biblioteca central y las universidades del país tienen bibliotecas en algunos casos especializadas.

Tratando de ordenar mis libros me salió esta nota. ¿Por lo pronto no sé qué libros llevarme, cuales regalar, a quién regalarlos? Me dan ganas de poner los libros en la puerta de mi casa con un letrero “Se regalan libros”. Creo que voy a tener que alquilar una mudanza más grande. Amo tanto mis libros.

En la polémica mundial del destino del libro estoy seguro de qué el libro no va a desaparecer. Contra los catastrofistas yo no creo que desaparezca, la historia de la pandemia se escribirá en un libro.

La inflación imparable

Todos los comerciantes y prestadores de servicios que tuvieron que cerrar durante la pandemia tienen la idea de recuperar a la mayor velocidad posible las ganancias que dejaron de percibir durante ese trágico 2020. La fórmula que han encontrado es la más sencilla del mercado, la que les asegura en el corto plazo volver a tener los negocios boyantes o por lo menos con un buen porcentaje de ganancias: subieron los precios estratosféricamente. La inflación aumentó el doble el mes pasado, con lo cual se asegura que no va a ser posible lograr en este 2021 lo que se había previsto de crecimiento e inflación. Las víctimas de la voracidad de los comerciantes son la población consumidora, porque antes de que haya un aumento de sueldos, hay un aumento de precios. ¡Cómo estará la situación que a las pensiones de los adultos mayores les aumentaron 50% a partir de este mes!

El problema no es sencillo. Como hay una economía de libre mercado es la iniciativa privada la que fija los precios de sus productos. No hay manera de frenarlos, de exigirles una conducta ética, de multarlos por sus abusos. El neoliberalismo nos quitó el control del precio de una canasta básica de productos y los dejó a ellos como querían, en absoluta libertad.

Autor invitado.