Mi alma máter es la UNAM

La Universidad es discusión, es efervescencia, no es pensamiento único.

Alberto Kornblihtt

Yo tenía 10 años cuando la conocí. Nos llevaron unos parientes al inmenso campus universitario una tarde de julio. El sol acariciaba sus impresionantes edificios inaugurados en el año de 1953, la Torre de Rectoría, la Torre de Humanidades, la Biblioteca Central, el Estadio Olímpico y el Museo de las Ciencias, entre otros. A mis ojos de niña aquello era un mundo absolutamente nuevo que me deslumbró y del que me enamoré para siempre. Nos llevaron por todo el circuito en el coche de mis tíos: «Esa es la facultad de Derecho», todavía suenan en mis oídos esas palabras. Mi tío Manuel me miró sonriente… «¿Qué, vas a ser abogada?» Sí, si voy a ser eso, le contesté. Fue mi primera vez en la Universidad Nacional Autónoma de México. La UNAM es hasta la fecha considerada como la universidad con mayor reputación académica de México y una de las más prestigiadas de Hispanoamérica. Otorga grados académicos de bachillerato, licenciatura, maestría y doctorado.

Fue el Obispo Fray Juan de Zumárraga en 1536 el que manifestó por primera vez el que la Nueva España contara con una universidad, idea que secundó más tarde don Antonio de Mendoza, el primer Virrey de la colonia más grande de la Iberia. El sí lo dieron los reyes en 1547. Pero fue hasta el 21 de septiembre de 1551 cuando se expidió la cédula de creación de la Real y Pontificia Universidad de México. Se abrió el 25 de enero de 1553, acorde al modelo de las universidades europeas de tradición escolástica, muy similar a la de Salamanca.

Las tres primeras escuelas fueron la Real Escuela de Cirugía, el real Colegio de Minería y la Academia de San Carlos. Con el advenimiento de la Independencia, ya sin el dominio de España, pasó a ser Universidad de México.

Permaneció cerrada los años de 1833, 1857, 1861 y 1865. El emperador traído de Austria la reabrió, pero casi inmediatamente la clausuró. Ya había en aquel entonces escuela de Medicina, de Ingeniería, de Teneduría de libros, Arquitectura y Derecho, más tarde se agregó la de Agricultura. En 1867 el doctor Gabino Barreda estableció la Escuela Nacional Preparatoria, cuyo plan de estudios estaba completamente inspirado en el pensamiento de Augusto Comte. Con ella se dio fin a los restos de educación colonial que habían sobrevivido hasta el siglo XIX.

El 11 de febrero de 1881, don Justo Sierra presentó ante la Cámara de Diputados un proyecto para la creación de una universidad mexicana moderna. El 7 de abril lo refrendó con el apoyo de las diputaciones de Aguascalientes, Jalisco, Puebla y Veracruz, pero no prosperó. No obstante, Sierra nunca abandonó la idea de establecer una universidad nacional. Volvió a presentar su proyecto ante el Consejo Superior de Educación en 1902, y lo reiteró tres años más tarde. En 1905, ya como titular de la Secretaría de Instrucción Pública cobra fuerza su idea y el 30 de marzo de 1907, dentro del marco del centenario de la Independencia, anunció que el presidente Díaz estaba de acuerdo con la apertura de la Universidad Nacional. Su creación no fue producto de ocurrencias, la secretaría a su cargo envió al pedagogo Ezequiel A. Chávez a Europa y a los Estados Unidos, en tres ocasiones, «para que analizara el funcionamiento de varias universidades». De los estudios llevados a cabo por Chávez surgió el proyecto definitivo de la creación de la Universidad Nacional de México.

El 22 de septiembre de 1910 el presidente Porfirio Díaz decretó la conformación de la Universidad Nacional de México, ocupando el predio ubicado en las calles de Corregidora y Pino Suárez, actual sede de la Suprema Corte de Justicia, en el centro histórico de la Ciudad de México. Fue a partir de 1929 que comenzó a llamarse Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), siendo presidente de la República Emilio Portes Gil. No puedo pasar por alto la actuación de don Manuel Gómez Morín, quien impulsó y formalizó entre 1933 y 1934 la autonomía, la libertad de cátedra y la pluralidad de pensamiento como valores esenciales que siguen vigentes e inquebrantables, en lo que es hoy la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su actual sede, Ciudad Universitaria (CU), se inauguró en 1953.

Ciudad Universitaria es mucho más que la máxima casa de estudios de nuestro país, en ella se reúnen importantes obras de urbanismo, bellas artes y paisajismo, entre ellas la de artistas como Juan O’Gorman, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Chávez Morado. Por esto y mucho más la Unesco en 2007 la declaró patrimonio de la humanidad. El diseño y realización del hermoso conjunto, que constituyen sus más de 50 edificios, estuvo a cargo de una pléyade de arquitectos, ingenieros y profesores mexicanos que lograron crear un centro armonioso, singular y estético, como ejemplo, la fantástica sala de conciertos Nezahualcóyotl, considerada una de las más modernas del mundo.

Mis tres años como alumna de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales marcaron mi vida para siempre. No inicié mi carrera desde el principio porque estaba el movimiento del 68 y doña Rosario, mi madre, conociéndome los ímpetus me dijo que no me iba hasta que terminara «ese asunto».

Tuve la fortuna de tener como maestros a mexicanos ilustres, que ni siquiera cobraban un centavo, muchos de ellos, por impartir clases en la universidad más prestigiada del país. Tuve el honor de tener como profesores a don Celestino Porte Petit, a don Ignacio Burgoa Orihuela, a don Héctor Fix Zamudio, a don Antonio Ortiz Mena, entre otros. Y de ellos no solo recibí conocimientos, sino pasión y compromiso. A las generaciones de hoy es bien factible que no les digan nada estos nombres, pero si le dedicaran un minuto a leer sobre ellos, se darían cuenta de que todos y cada uno de estos personajes, desde el espacio en el que les tocó estar, contribuyeron con lo mejor de sí mismos a la grandeza del México de su tiempo. Y son esas sumas las que definen el tamaño de una nación. Concluí, y lo digo sin alardes, con honores mis estudios, soy orgullosamente egresada de la mejor universidad de este país, con respeto para quienes tengan otra alma máter.

La seguridad y la solidez que se tiene como profesionista, muchos hombres y mujeres de mi generación se lo debemos a lo que nos enseñaron nuestros maestros en la Universidad Nacional Autónoma de México. Disfruté mi estancia en todo sentido, se enriqueció mi vida, mi intelecto, mi alma, mi espíritu. Haber sido alumna de la UNAM es de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Me siguen deslumbrando las figuras policromas de la Biblioteca Central, producto del genio del pintor y arquitecto Juan O’Gorman, el mural de Chávez Morado del Auditorio de Ciencias, el Regreso de Quetzalcóatl, también de su autoría, y los de Francisco Eppens que lucen en la facultad de Medicina. Y por supuesto la obra impresionante de Diego Rivera en el Estadio Olímpico.

El lema de mi Universidad, creado por José Vasconcelos, sigue grabado en mi corazón y ahí permanecerá por cuanto me representa, «Por mi raza hablará el espíritu», dando fe de un pueblo que conjuga su origen prehispánico y mestizo para abrirle paso a una nación nueva y con futuro. Porque México tiene futuro, no obstante la caterva de sinvergüenzas que lo han gobernado, afianzados en el borreguismo, la apatía, la ignorancia, la complicidad y el valemadrismo de millones de mexicanos que se niegan a desprenderse de semejante lastre. Hoy uno que pasó de noche por la UNAM, que le llevó 14 años egresar, un fósil —así le llamábamos a los haraganes como él— se atreve a expresarse en términos tan acordes con el tamaño de sus entendederas, de la institución que le dio la oportunidad de dejar de ser un subdesarrollado… ya tenemos claro que no se pudo, y es que puedes estar en las mejores universidades, con eminencias impartiéndote cátedra, pero… pero lo que natura non da Salamanca non presta.

¿Derechización?… «perdió su esencia, se volvió individualista y defensora de proyectos neoliberales», debiera darle vergüenza —pero no la tiene— decir semejantes barbaridades, sobre todo en su calidad de jefe de Estado. «Ya no hay los economistas de antes, sociólogos, politólogos, abogados, ya no hay derecho constitucional, ya el derecho agrario es historia, el derecho laboral, todo es mercantil, civil, penal, todo es esto, entonces, sí fue un proceso de decadencia». Que manera de exhibir sus complejos y su ristra de frustraciones, que forma de hacer berrinche a su edad… Es ridículo, patético… Quédese con su 4ta desolación, presidente, regodéese en su intolerancia, complázcase en su delirio de ser ombligo del mundo, en su soberbia supina… lástima que se está llevando a México entre sus extremidades inferiores… y que haya quien le aplauda semejante traición a la patria.

Goya, Goya, Goya, cachún, cachún, rará… Universidad. Te amamos UNAM, nos sentimos muy orgullosos de ser tus egresados, agradecidos siempre por habernos dado alas para surcar el cielo de nuestros sueños, por nutrir nuestra inteligencia, nuestro pensamiento, con todo aquello que le permite a un ser humano sentirse realizado y feliz.

Licenciada en sociología por la UANE, Saltillo. Ha cursado estudios de Maestría en sociología, con especialidad en ciencia política, UNAM. Posee varios diplomados, entre los que destacan Análisis Político, en la UIA; El debate nacional, en UANL; Formación de educadores para la democracia, en el IFE; Psicología de género y procuración de justicia. Colabora en Espacio 4, Vanguardia y en otros medios de comunicación.