Soul

De puberto cantaba con mucho sentimiento y, sintiéndome entonado (jamás lo he sido), bajo la privacidad de mi recámara o la regadera «solo quédate en silencio cinco minutos…» soñando que la persona que me gustaba en algún momento me haría caso y viviríamos un amor como los de «Rebelde», eso nunca pasó, pero sigo cantando.

El 2020 no nos dio muchas alegrías en ninguno de los sentidos, pero una de las cosas que sí merece la pena destacar el primer año en toda la historia de Pixar que podemos ver dos nuevas películas de este aclamado estudio de cine animado. La primera fue Onward y la segunda y más reciente es Soul, el gran estreno de Disney+ que llegó en diciembre.

Soul confronta al ser humano con algunas cuestiones que parece desconocer, cómo es alimentado el espíritu y cómo el individuo debe enfocarse en lo que importa de esta vida. Mediante una trama bastante innovadora para el estudio que consigue aterrizar para la completa comprensión, el director y guionista Pete Docter Itacito (Intensamente) explora los mecanismos que hay adentro de nuestras mentes y corazones, el toque que anima la creatividad, la sensibilidad y la espiritualidad en los seres humanos.

¿Y la animación? Calidad pura. Las imágenes demuestran la firma de la casa. La trama, si bien es ágil y accesible, desde mi visión es un tanto abstracta, y difícilmente podrá ser comprendida por menores de 12 años. Siendo un poco más claros, la pueden ver, se van a reír en algunos momentos, pero podría generarle ciertas dudas o bien no van a captar por qué estás llorando en ciertos momentos mientras ellos esperán el siguiente chiste o algo más entretenido y divertido.

Esta posiblemente es la película que va a restructurar la opinión sobre el rol que juegan las películas animadas en la industria. Soul es una aventura del corazoncito, que aplaude la creatividad y propone que el arte es un trabajo como cualquier otro. Un apapacho para todos aquellos que alguna vez han sentido que la familia, amigos, conocidos y desconocidos hacen menos sueños y aspiraciones por dedicarse a alguna actividad relacionada con el arte y no dedican su vida en algo más «serio».

Cuántas veces con un café a solas o con la cabeza en la almohada no nos hemos preguntado ¿Cómo nos gustaría que nos recordaran? ¿De dónde vienen nuestros sueños? ¿Nuestra pasión? ¿De verdad tratamos de ser nosotros mismos? ¿Queremos dejar algo diferente en el mundo? Esta película es una sacudida de no obsesionarse por una meta. Una muestra que el arte nos recuerda lo bello que es vivir, me recordó un momento a El Principito.

La última entrega de Pixar es buena para empezar el año, una película con energía, va más allá de un Piolín de tía o un audio motivacional. Sigamos cantando bajo la regadera disfrutando de la vida en su cotiniadidad en sus más sensibles detalles.

«Las almas no se dañan aquí, para eso está la Tierra» (Soul, 2020).

Promotor cultural.