Vacunas: vía crucis

La historia de la humanidad ha dejado de manifiesto que sobrevivir es posible gracias a nuestra capacidad de colaboración. Coordinar esfuerzos en aras de un futuro compartido es también una definición de gobernar una empresa o un país. Esta capacidad se hace fundamental en momentos de crisis. En los hechos, la capacidad de coordinación del gobierno federal está por debajo de la exigencia ante la emergencia sanitaria, particularmente en la estrategia de vacunación, cuyo ritmo debe acelerarse si queremos salir mejor librados del COVID-19 y sus múltiples consecuencias.

He escuchado varios testimonios de adultos mayores cuando han ido a vacunarse. Debo decir que son historias de claroscuros, a unos les ha ido muy bien, en el sentido de que su espera no ha sido larga, la organización de los brigadistas es buena, el trato humano y empático. La mayoría, sin embargo, han vivido un vía crucis. Adultos mayores que tienen que pernoctar en la calle y formarse en líneas kilométricas, por varias horas, para que de pronto les digan que ya no hay vacunas, que regresen al siguiente día —y se tengan que volver a formar—. La caza de las vacunas está provocando que las personas vayan a puntos alejados de su domicilio, donde reciben la primera dosis. El tema de la segunda dosis apunta para ser más caótico.

Conversé con el doctor Simón Goldbard, experto en inmunología con más de 30 años de experiencia, sobre qué necesita hacer el gobierno federal para acelerar el proceso de vacunación.

Tiene que haber transparencia. Debe aclararse si se habla de dosis o de vacunas, cuántas vacunas hay, cuántas personas vacunadas van, cuál es la meta para qué fechas. La opacidad en estos temas ha confundido a la población y a los expertos. En materia de claridad de información se requiere mejorar mucho. Ninguna de las personas con quienes hablé me comentaron que, después de su registro, hubieran recibido una llamada telefónica de «tu servidor de la nación», el trámite parece haber sido inútil.

Debe ampliarse la capacidad de vacunación, más lugares y más personas vacunando. El gobierno debería coordinarse con la iniciativa privada para que pueda haber vacunación en cadenas de farmacias y en los Oxxos. ¡Ah, pero esperen! Tenemos un presidente que en lugar de formar alianzas con un actor de amplia cobertura territorial como Oxxo, ha decidido pelearse con él, reclamándole que no paga debidamente la energía eléctrica. ¿Vamos entendiendo el problema de México? Quien debería coordinar esfuerzos, detona relaciones. Una capacidad ampliada, gracias a una mejor coordinación, no sólo aceleraría el ritmo de vacunación, haría posible que hubiera, en casos de adultos mayores con problemas para salir de casa, vacunas a domicilio en todo el país —tal como los laboratorios clínicos han ampliado sus servicios y cobertura—.

Habría que hacer vacunaciones masivas en automóvil en lugares ad hoc como estacionamientos de estadios. Es necesaria una campaña nacional de información donde con claridad se le expongan a la gente los beneficios de vacunarse y se aclaren las dudas y rumores para disminuir la desconfianza en las vacunas. Urge una coordinación entre la Federación y los gobiernos estatales, donde estos últimos tengan injerencia y control en las estrategias de vacunación locales. México, en años pasados, era un buen ejemplo mundial de capacidad de vacunación nacional. El enemigo de esto es el voraz apetito controlador y centralista de Andrés Manuel López Obrador, quien además ha privilegiado la lealtad a su ideología política sobre la capacidad técnica de los funcionarios. Del uso electorero de las vacunas, luego hablamos.

Tengo amigos «vacunacionistas» que, ejerciendo su derecho y obligación a procurar su salud y la de sus familias, se han vacunado en el extranjero. Sus experiencias son envidiables. Y si bien México no es Estados Unidos ni Inglaterra ni Israel, como para tener información certera y transparente, esperas de cuatro minutos para vacunarte, o llegar a un bar donde además de cócteles te ofrecen la vacuna, lo que más nos daña es la incapacidad de un líder que en su afán centralista, estatista y populista, prefiere aumentar su poder a tomar medidas que nos lleven a un mejor futuro.

La incompetencia, el odio y las malas decisiones también matan.

Fuente: Reforma

Columnista.