¿Y ahora qué?…

Don Juan de Mariana, ilustre maestro de la Universidad de Salamanca, gloria del siglo de oro del pensamiento español, apuntaba que hay tres rasgos típicos de un tirano, su vileza moral, el atropello de los derechos de los demás, y el desprecio sistemático de todas las leyes, sustituidas por su despótica voluntad. Y vaya que don Juan sufrió en primera persona la carroña del gobierno de su tiempo. México hoy tiene uno a la cabeza del Poder Ejecutivo de la Unión, pero ha tenido a lo largo de su historia infinidad de individuos de esa catadura, con menor o mayor acento, pero de que los ha habido los ha habido. Y no es exclusividad de los presidentes, también se da entre gobernadores, alcaldes y por supuesto legisladores locales y federales, sin que escapen miembros del no tan H poder judicial. Individuos que llegan al poder y estiman que ya no los merece ni el aire que respiran. Y por supuesto que pueden regodearse en estos comportamientos ayunos de la ética más elemental, porque en la idiosincrasia del mexicano al pillo se le entroniza y al honesto se le estigmatiza con una palabrota de uso común en nuestro país, que empieza con p y termina en ejo.

Y usted, que tan gentilmente me lee, se estará preguntando a qué obedece esta introducción. Pues no tiene ciencia, es de lo más simple. Acabamos de pasar una elección en Coahuila, y no hubo sorpresa alguna en el resultado obtenido. La mayoría de los coahuilenses votó a favor de los candidatos del PRI, tanto para las alcaldías, como para las diputaciones federales. Se repite la historia de siempre. Y Morena no cantó mal las rancheras, la tonada la conoce, al fin hermanos de sangre. Y el PAN en su laberinto, alejado de la sociedad de los libres, ajeno a sus causas, desvinculado de éstas se fueron apagando la confianza y la esperanza, que, verbi gratia en el 2006, fueron la fuerza que convirtió a Coahuila en el sexto estado que le dio votos a Calderón para ser el segundo presidente de la alternancia, volver a ganar las dos senadurías de mayoría y cinco distritos federales de los siete que le corresponden a nuestra entidad federativa, Nunca más se ha vuelto a repetir una victoria de ese tamaño. Y no obstante nos mantuvimos como la segunda fuerza política de Coahuila. El año pasado los coahuilenses nos mandaron al tercer lugar y el pasado domingo 6 de junio ratificaron su decisión, incluso en algunas alcaldías nos enviaron más abajo. Hasta donde va el conteo de cuando esto escribo, solo tenemos Monclova, General Cepeda, Candela y Juárez. Hubo tiempos en que el PAN gobernó hasta en 10 municipios de los más grandes. De las diputaciones federales no ganamos una sola.

Por otro lado, contender en un estado donde el PRI mantiene su hegemonía, no es cualquier cosa. Coahuila es de los últimos bastiones del tricolor en el país, a nivel nacional se desdibuja, pero aquí sigue viva su impronta. Los peores agravios a los coahuilenses han venido del PRI, y no obstante se vota por sus candidatos, así ocurrió el 6 de junio. Les mermó en algo Morena «su territorio»; es decir, las colonias populares, pero no tanto como para hacerlos perder. El reparto de huevos, de despensas, entre otros «obsequios» corrió a lo largo y ancho del estado, el control férreo de las lideresas se dejó sentir con más fiereza que nunca, con la amenaza de que «si no gana el PRI te quedas sin esto», y con más coacción de daños a la familia… ¿Y qué? Las denuncias ahí quedarán, nunca castigan a nadie. Y la autoridad lo sabe… ¿Y qué? Corrupción e impunidad van de la mano. Todo esto es parte de un sistema político en decadencia, vetusto para los tiempos actuales, pero arraigado hasta la médula en la mentalidad de los mexicanos.

¿Cómo es posible que se sigan destinando millones de pesos para hacer campañas con volantes, con calcas, camisetas, bolsas, cubrebocas, mochilas, con todo ese largo etcétera que se le entre a la gente cuando tocas a su puerta, para invitarla a votar por ti? ¿Cómo? Somos un país con vergonzosas desigualdades, con profundas inequidades, con un mundo de necesidades sin solventar, con más de la mitad de la población en situación de pobreza… Se lo dije a las personas que durante mi recorrido como candidata hice estos dos meses, me daba vergüenza, indignación…«No le estoy regalando nada, son sus impuestos, sus impuestos que podrían tener mejor destino. Como escuelas dignas en las que se imparta educación de excelencia a sus hijos, como servicios de salud de primer mundo, como policía bien capacitada y bien pagada que se refleje en el clima de la seguridad pública, como…» ¿Por qué, por qué? ¿Y por qué nadie se rebela? ¿Por qué nadie dice nada al respecto? ¿Por qué la gente se aguanta con todo esto que sabe —porque lo vive en carne propia— que está mal? ¿De qué estamos hechos los mexicanos? ¿Por qué nos duele más que pierda la selección mexicana de futbol, que los niños enfermos de cáncer que ya no tienen ni medicamentos ni quimioterapias por mandato del irracional que hoy gobierna? ¿Por qué a los coahuilenses les vale una pura y dos con sal los millones de pesos de intereses que se pagan en virtud de una sinvergüenzada llamada deuda pública, producto de la falta de contrapesos institucionales en Coahuila, y por lo que no se ha castigado a nadie?

Que horribles son los tiempos de odio que estamos viviendo, en los que hay políticos que rentabilizan electoralmente las miserias humanas, o se hacen rosca para no asumir sus yerros, o insultan y agravian en lugar de asumir responsabilidades. Todas las mañanas se exhibe ese denigrante espectáculo en proyección nacional. Hay que estar enfermo para soportar semejante ristra de sandeces en las que se alimenta entre otras vilezas el divisionismo entre los mexicanos. Pero lo más lamentable es que hay millones que lo compran, que lo hacen suyo. Ahí están los resultados electorales como muestra.

¿Cómo voy a ratificar la confianza de las personas que con su voto me han traído a este cargo público? Debiera ser una pregunta sustantiva para los diputados federales que estarán tomando posesión en breve. Es interrogante obligada para quien fue a pedir el voto en esta campaña electoral. Se trata de darle vida al contrato social que organizó la democracia como referente obligado de convivencia, de civilidad. Se trata de honrar en los hechos la representación que fueron a solicitar se les otorgara. En mi recorrido por el territorio que corresponde al distrito 4, no hubo una sola persona que supiera quién es su diputado, mucho menos el nombre. «Nadie ha vuelto, no sabemos ni quién es». Pero tampoco me dijeron que se hubieran preocupado de indagarlo. ¿Y así va a continuar? ¿Por qué esa indiferencia por las dos partes? Los mexicanos, la gran mayoría, no saben, desconocen cuáles son las funciones de un diputado, y al diputado tampoco le interesa enterarlos. Así ha sido siempre. Por eso la política ha venido a menos, por eso a casi nadie le importa que llegue A o que llegue B al escaño, la conseja es que «todos son iguales». Aunque no sea así.

En Coahuila rindió frutos para el PRI el voto útil que se promovió bajo la consigna de que no ganara Morena. Nunca se habló de razona tu voto, sino de vota por el mejor posicionado, olvídate de su pasado, sin rencores. Y vaya que el mejor posicionado en la entidad sigue siendo el PRI. Olvídate del cómo se ha posicionado… Olvida sus raterías, sus sinvergüenzadas, sus complicidades…8 diputaciones federales para el PRI de Coahuila, 5 de mayoría y 3 plurinominales, hasta donde dan los números del conteo.

Que nula educación hemos recibido los mexicanos en materia de amor a la patria, de que nos importe la patria; tan deficiente ha sido que no ha germinado ese sentimiento de pertenencia, de identidad, de ciudadanía, que es la que hace la diferencia entre ser población y ser pueblo. Es la que aporta el ingrediente que cohesiona, que genera comunidad, la que nos enseña a cuidar y a ser cuidados.

Muchas gracias a las 19 mil personas del distrito 04 que votaron por esta servidora suya. Les agradezco desde el corazón. Fueron sufragios absolutamente libres, no hubo de por medio dádivas de ninguna especie. Yo voy a seguir trabajando desde mi espacio, hoy más que nunca estoy fortalecida en mi empeño de poner mi granito de arena para que México, para que Coahuila, un día, sean el mejor espacio para vivir, donde exista tal grado de conciencia que sea imposible comprar o domar voluntades para llegar a un cargo público, un sitio donde la democracia sea forma de vida y la política el mejor instrumento para generar bien común. Aunque yo nunca llegue a verlo, porque la estancia no es eterna.

Licenciada en sociología por la UANE, Saltillo. Ha cursado estudios de Maestría en sociología, con especialidad en ciencia política, UNAM. Posee varios diplomados, entre los que destacan Análisis Político, en la UIA; El debate nacional, en UANL; Formación de educadores para la democracia, en el IFE; Psicología de género y procuración de justicia. Colabora en Espacio 4, Vanguardia y en otros medios de comunicación.