A los candidatos al Congreso de Coahuila

La cultura no tiene partido y es un derecho de todos los coahuilenses, de acuerdo con la Constitución. Es motor de bienestar, aunque muchos lo ignoren, es fuente de identidad, otorga sentido de pertenencia y es un factor esencial para la gobernabilidad y para restablecer el tejido social en un Estado lastimado por la violencia en el reciente pasado y por la pandemia en el presente.

Ante la pobreza de propuestas de los candidatos de las campañas electorales vistas hasta ahora respecto a la cultura, convendríamos exigir a quienes asuman las curules en el próximo Congreso de Coahuila durante los próximos tres años, el desempeño de las siguientes propuestas: Incluir a la cultura y las artes como un tema común y articulado en los planes sectoriales de educación, desarrollo social, economía, salud, turismo, medio ambiente, comunicación y seguridad pública,

Quienes hayan ganado el pasado 18 de octubre tendrán la impostergable responsabilidad y obligación de dar un giro a la política cultural en los distritos de Coahuila, encontrar con las personas —más difícil que hallar una aguja en un pajar—, que sean incluyentes, que promuevan y que respeten escrupulosamente las culturas de las comunidades, las culturas populares, y reconocer sus derechos a gestionar su patrimonio cultural, para lo cual es necesaria la creación de fondos de inversión e innovación y una legislación que les otorgue personalidad jurídica que les permita su defensa y aprovechamiento. Por ejemplo, bajarle nueve rayitas a la eventitis aguda y subirles otras tantas a la capacitación, difusión y estímulo a los creadores locales.

Asumir que la cultura es también un sector remunerador, productivo y que, por ello, debe tener acceso a créditos, estímulos económicos y fiscales diseñados de acuerdo con sus propias características, atender prioritariamente a los colectivos juveniles, a la micro, pequeña y mediana empresa y organizaciones culturales civiles.

La diversa industria cultural puede generar mayores beneficios sociales y económicos si se les da acceso a nuevas formas de gestión, a redes de intercambio, coproducción y cooperación; es decir, si se propicia la intervención de diversos actores culturales, y el gobierno deja de ser el único —o muy principal— promotor en este ramo.

Teatrista.