¿A qué apuestan los partidos?

En Participación Ciudadana 29 Laguna promovemos la actuación de la ciudadanía de Coahuila —especialmente en Torreón—, en procesos como fue la elección de diputados locales. Como asociación civil, abrazamos el objetivo de contribuir a la formación de ciudadanos activos, que observen y señalen las decisiones de las instituciones de gobierno que impactan la vida de todos, que exijan a las autoridades el cumplimiento de sus deberes y la garantía de nuestros derechos. Haber votado el día de las elecciones habrá sido parte fundamental, pero no exclusiva de las responsabilidades ciudadanas en estos momentos.

En estas elecciones en particular, los partidos apostaron a la desmemoria, al desinterés y a una supuesta apatía ciudadana que tal vez calcularon con base en el altísimo abstencionismo que suele tener la elección de diputados especialmente.

Las reacciones en redes sociales parecen indicar que erraron su cálculo. Nadie —salvo militantes y aplaudidores oficiales— se explica la candidatura de Eduardo Olmos, por ejemplo, exalcalde que dejó cuentas opacas y un gasto millonario por aclarar a los torreonenses tras su gestión.

Cientos de usuarios en Facebook y Twitter se burlan constantemente de las propuestas absurdas y la nula experiencia profesional de tantos candidatos —son demasiados en esta contienda por no existir alianzas entre partidos—. Es desesperanzador que los partidos hayan arriesgado cualquier ápice de prestigio o seriedad como organizaciones para lanzarse sin escrúpulos por la mediocre cantidad de votos que necesitan para conservar sus registros: candidatas «influencers», candidatos con plataformas abiertamente religiosas, jóvenes cuyo máximo logro ha sido «casi» ser jugador profesional de futbol…

Pero aunque la mayoría de esos candidatos absurdos no ocuparía a una curul en el Congreso estatal, vale la pena preguntarnos y observar: ¿qué les ofrecieron a cambio de prestarse al espectáculo electoral? Dinero, seguramente, pero tal vez también otros puestos en la administración estatal o municipal, o incluso la promesa de un favor personal.

Más que las candidaturas, lo que parece un insulto es la reelección buscada por algunos diputados en funciones, quienes han fallado en entregar un solo resultado positivo o concreto de lo prometido en su anterior campaña. Ellos debieron tener más alta la vara de exigencia ciudadana al pedir nuestro voto. Apostaron, me parece, a la falta de información que tenemos sobre su trabajo, sus funciones y por su puesto sus posiciones respecto a temas importantes, lo cual omitieron en sus anuncios o espectaculares.

Siempre, como ciudadanos, podemos redoblar esfuerzos y ocupar cada día más espacios en la discusión de lo público y la política de nuestro estado. Porque «hacer política» no es sinónimo de ser funcionario, sino de actuar en favor de la sociedad. Mientras regalemos a partidos y candidatos la comodidad de nuestro silencio y el voto mínimo necesario para conservar sus privilegios, seguiremos frustrados elección tras elección al no ver reflejados en sus perfiles la capacidad y la ética requerida para que ejerzan nuestra representación.