La descomposición social

La decisión de la Suprema Corte fue un claro apoyo al Presidente. Yo no lo esperaba, pero así fue. Ahora bien, vivimos cosas curiosas en el campo de las conductas. Sería, sin embargo, poco serio condenar ahora lo que hace o propicia López Obrador sin referirnos a los últimos cien años de nuestro pasado. La SCJN hace lo que siempre hizo y las Cámaras lo mismo. Cierto que hemos sido testigos de leves cambios, por ejemplo, en lo que se refiere a diputados y senadores que daban vergüenza. Ahora discuten, opinan, pelean, proponen iniciativas… Recuerdo a un diputado priista por Coahuila que jamás pasó a tribuna; eso sí, nunca dejó las quincenas. Un panista saltillense, hombre sin experiencia, propuso cambios en algunos rubros y habló (creo) al menos quince veces. Bueno, no todos fueron como ellos dos, hubo priistas y panistas serios y la mayoría (de ambos partidos) inútiles y vulgares; sin olvidar al Verde Ecologista. Las mujeres entraron con mucha fuerza, pero no se ha visto un cambio realmente profundo; ellas también traen sus pequeños compromisos partidarios y personales.

En lo que toca a enjuiciar a los expresidentes estoy de acuerdo y no se requiere para ello una consulta sino aplicar la ley. Esto también si se habla de exgobernadores, exalcaldes y otros funcionarios. Las leyes no debieran conocer de excepciones. Acabamos de sorprendernos con el encarcelamiento de un exalcalde de Ramos Arizpe y la mención de que todavía se persigue a diez colaboradores. Aquí no se requirió que «el pueblo» opinara, bastaron sus hechos, que hablan más que las palabras.

Hemos progresado, de eso no hay dudas, como es el caso de las votaciones. Con demasiada lentitud ha habido un cambio. Ahora nuestro voto es respetado… ¡bueno!, hay excepciones, como las que han tenido lugar en Coahuila. Por un lado, el cambio se le debe a un hombre extraordinario como Jesús Reyes Heroles, priista y, en segundo lugar, a José Woldenberg, que puso en práctica lo referente a la democracia por el sufragio. Sí, a menudo hay seres excepcionales que ayudan a que el mundo sea más lógico y vivible. Son raros.

De que no hemos cambiado lo suficiente es manifiesto. Vemos todavía encumbrados a no pocos delincuentes tanto a nivel federal como estatal y municipal (y no hablo nada más de Coahuila). De lo que estamos siendo testigos es histórico: levantaron la alfombra y, ¡oh sorpresa!, ahí estaba la basura. No es claro lo que tiene relación con el juicio a Lozoya; parece una comedia, sin embargo, ese proceso ha dejado ver mucho clandestinaje. Santiago Nieto dijo en televisión que le había dado un seguimiento a un depósito de varios millones de dólares que un colaborador de Peña Nieto hizo en un banco de Panamá. De ahí pasó a Las Bahamas, luego a España, lo cambiaron a Estonia y poco después estaba en Azerbaiyán. Nuestro dinero viajando por el mundo. A una familia saltillense de clase media le aparecieron, ¡oh milagro divino!, millones en Andorra y el principado de Mónaco. Santiago Nieto es uno de los mejores elementos de AMLO; espero que no se deshaga de él como hizo con otros.

Un sociólogo norteamericano escribió hace ya muchos años un libro sobre «La Pirámide de los Sacrificios» en que analizaba, desde una posición distinta a la de Octavio Paz en su «Laberinto de la Soledad», la recurrente necesidad de sangre entre los mexicanos. Desde Díaz Ordaz y Echeverría pasando por Salinas, Calderón y Peña somos testigos de piedra de los ríos de sangre derramada, en lo cual Estados Unidos ha tenido siempre metida la mano.

No creo que podamos hacer un análisis serio de lo que vivimos con López Obrador sin referirnos a lo sucedido en los últimos ochenta años. La furia femenina y feminista que podemos advertir está entre los nuevos fenómenos. ¿Es parte de la descomposición social? Debe serlo: nada en historia está separado de sus contextos. Y no sugiero que el feminismo es malo, sino que es, más bien, un producto de tanta perversión de nuestros políticos y otros poderosos.

Investigador, académico e historiador