Víctimas del pánico

En el momento que empezaba a escribir este tema, recibí un mensaje por WS: «doctor, que hago, me puse el oxímetro en un dedo y me marca 75% y el manual dice que es normal de 95 a 100%».

Se trataba de uno de mis pacientes, no me proporcionó más datos clínicos. Sugerí que me hablara directa e inmediatamente pues una concentración de 75% se reflejaría insuficiencia respiratoria bastante grave y notoria clínicamente.

Noté su ansiedad al oírlo, pero me pareció normal su respiración, sin tos ni congestionamiento nasal o bronquial, que es fácil de escuchar por el teléfono. Le sugerí que midiera su frecuencia respiratoria en un minuto, contó 22. Propuse que respirara directamente al teléfono y yo contabilicé 20 respiraciones en un minuto. Si la oxigenación de 75% fuese real, tendrías 40 o más por minuto, es decir: grave.

El interrogatorio reveló que amaneció con «la garganta irritada», entró en pánico y fue a buscar a un vecino que tenía ese aparatito para medir el oxígeno en el dedo. Hice que se midiera la temperatura: normal, 36.7, me reportó.

Por el momento resultó una falsa alarma.

—Probablemente dormiste con la boca entreabierta—, le expliqué; así se resecan las flemas y la garganta se irrita y se vuelve muy sensible. De todas formas, vigila si aparece fiebre mayor de 37.5, mide la temperatura cada cuatro horas, y si aparecen otros síntomas como tos y cuadro catarral. Las respiraciones por minuto normales en promedio son de 18-20, a veces llegan a 30 por minuto por la ansiedad, pero rápidamente regresan a lo normal.

Veo pacientes así casi todos los días, la mayoría ni siquiera tiene infección, solo que en las mañanas se despiertan con «irritación de garganta».

Y un dato muy elocuente: como son pacientes conocidos, la mayoría ya tienen trastornos de ansiedad o hipocondría, estados emocionales que activan el pánico, pues el cerebro se convierten en un «amplificador» de las percepciones y manifestaciones corporales, muchas veces normales, pero la ansiedad y la pandemia los hace sentir en riesgo.

Lo grave de sería que los médicos caigamos en el «pánico escénico». Ya comenté en una entrega previa, como por un resultado falso positivo de la oximetría con 75% y respiraciones completamente normales (20 por minuto), en un caso sospechoso, pero leve, en un «hospital COVID» del sureste de Veracruz, le sugirieron intubación y mi sugerencia fue que solicitara su alta voluntaria, porque, en primer lugar, todavía no estaba indicada la intubación y en segundo, que el 90% de los casos que intuban, de todas formas, fallecen. Finalmente, se recuperó en su domicilio.

Y hace unos días, otro de mis conocidos pacientes me habló por teléfono sumamente alarmado. Un diabético muy escrupuloso en su cuidado, conocido desde hace unos cinco años, durante los cuales su diabetes no ha rebasado los 150 miligramos de azúcar con una dosis mínima para el control de la diabetes.

Pues bien: me informó que su diabetes, en los últimos 10 días se descontroló tanto, que empezó a tener mucha sed, mucha orina, baja de peso, decaimiento, de tal forma que dejó de trabajar por falta de energía, se midió el azúcar en la vena y reportó 180 miligramos. Se alarmó porque él estaba bien y no había descuidado ni su alimentación, ni la dosis de medicamento para el azúcar.

Nuestra responsabilidad profesional sugiere que, si un diabético se descontrola, debemos investigar las causas de su descontrol: excesos en las calorías de la alimentación, la enfermedad avanzó y requiere mayor dosis de medicamento, el enfermo no toma los medicamentos indicados, o alguna situación de estrés físico o emocional que dificultan el buen control y hay algunos medicamentos que aumentan el azúcar. Le pregunté si había recibido algún tratamiento por alguna otra posible enfermedad. Y se descubrió la causa: El pánico actual.

Por molestias muy semejantes al caso descrito previamente, consultó a un médico general de su comunidad. Como en estos momentos todo mundo tiene miedo al COVID, todo mundo tiene una receta para el COVID y todo mundo es especialista en COVID. Le prescribieron un derivado de la cortisona: Prednisona, «kiske» como tratamiento para posible COVID, o «para prevenir que avanzara», le indicaron 150 miligramos como dosis inicial durante una semana, dosis tres veces más elevada de la recomendada en pacientes graves como el lupus eritematoso, o glomerulonefritis aguda, o en baja de plaquetas (trombocitopenia), enfermedades graves de origen autoinmune.

Esa dosis excesiva fue suficiente para provocarle un descontrol grave de su diabetes, uno de los múltiples, efectos nocivos de los derivados de la cortisona, efectos que nosotros los médicos siempre debemos tener presentes al prescribir este tipo de tratamiento. Y más lamentable. Este sujeto, antes de recibir la prednisona, nunca presentó los síntomas típicos de una infección respiratoria aguda: fiebre, tos y estornudos, mucho menos de COVID. Y la prednisona ni previene y mucho menos, cura, el COVID.

Este hombre se controló eliminando la prednisona, y aumentando temporalmente la dosis del medicamento para el control de la diabetes. Así estamos: víctimas del COVID y víctimas de nosotros mismos.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.