Alianza PRI, PAN y PRD, intento desesperado por frenar a AMLO

El reagrupamiento de los partidos aliados con Enrique Peña Nieto en el Pacto por México le cae como anillo al dedo a López Obrador, cuya popularidad aumentó al 61% en medio de la pandemia, de la crisis económica causada por la COVID-19 y de la presión de un grupo de gobernadores

Acción Nacional, la opción opositora

El tricolor, partido a la deriva con siglas secuestradas

Los partidos del Pacto por México (PRI, PAN y PRD) despertaron de un letargo de casi tres años para fundirse en una coalición electoralista. Bajo esa careta pretenden atraer el voto ciudadano —cuya preferencia es por otras siglas— para restarle poder en el Congreso a un presidente popular y frenar el avance de Morena en los estados. Los partidos fundados por Plutarco Elías Calles, en 1929, y Manuel Gómez Morín, en 1939, hoy son una caricatura. Difícilmente la suma de fracasos, escándalos, crisis de liderazgo y miedo a la Cuarta Transformación puede arrojar buenos resultados.

Los analistas políticos han reaccionado con escepticismo; los agentes políticos, con recelo y la ciudadanía mira a la alianza con desdén. El PAN de Tamaulipas, Jalisco, Morelos y Querétaro no lo apoyan. Ernesto Ruffo, primer gobernador de oposición, protestó: «(En Baja California) para nada queremos ir a apoyar al PRI. Ese PAN que entonces ya parece que se consolida como el PRIAN, el PAN de los acuerdos con el PRI es distinto al que queremos». En cambio, el expresidente Vicente Fox, celebró en su cuenta de Twitter: «Bravo bravísimo PAN y Panistas. PAN es el único, verdadero y mejor partido en MX. Ha sabido ser oposición. Ha sabido ser Gobierno y ahora demuestra saber que es lo mejor para MX en este momento negro de nuestra historia. Saber ser humilde, saber ser generoso, eso es el PAN».

Con igual convicción y generosidad, Fox se decantó por Enrique Peña Nieto en 2012. En plena campaña declaró que su corazón estaba con Josefina Vázquez Mota y con el PAN, pero que «solo un milagro» evitaría el triunfo del partido tricolor. Es el PRI quien «ni de milagro» volverá a Los Pinos, refutó Ricardo Anaya, entonces candidato a diputado federal. El gobierno de López Obrador canceló la pensión vitalicia y la seguridad a los expresidentes. La medida le ahorra al país 40 millones de pesos anuales.

«El PRI o el PAN no advierten la magnitud de su descrédito (…). Insisten en un amoral pragmatismo en búsqueda de cargos. (Así) lo único seguro será prolongar la crisis y el descontento. (…) (Al) hacer de Morena el partido a vencer caen en el terreno de mayor debilidad, esto es, una contienda nacional con referencia a López Obrador».

Federico Berrueto Pruneda, analista político

Anaya era el único candidato capaz de plantarle cara a López Obrador en 2018. Aun sin ganar, pudo haber evitado que el fundador de Morena se hiciera con la presidencia y la mayoría de las cámaras de Diputados y de Senadores con tanta facilidad. Sin embargo, el PAN se dividió y el PRI recurrió a la guerra sucia para acusarlo de lavado de dinero. El favor no salvará a Peña Nieto de la consulta popular del año próximo, propuesta para enjuiciar a los expresidentes por delitos de corrupción. (El PRI tiene miedo, se subordina al PAN).

Federico Berrueto Pruneda, maestro en Artes de Gobierno por la Universidad de Essex y exdirector de planeación de las campañas de Luis Donaldo Colosio y Ernesto Zedillo, anticipa el fracaso de la coalición opositora. Pues al «hacer de Morena el partido a vencer caen en el terreno de mayor debilidad, esto es, una contienda nacional con referencia a López Obrador». Morena, el PRI y el PAN «no advierten la magnitud de su descrédito (…). Insisten en un amoral pragmatismo en búsqueda de cargos». En ese escenario, «lo único seguro será prolongar la crisis y el descontento», apunta.

Crítico tenaz de AMLO, el juicio de Berrueto sobre el «PRI nacional» es igualmente implacable: «apesta a corrupción. Como en el pasado, recurre al tiempo para desentenderse de sus pecados. Mientras el tricolor no defina postura respecto a Carlos Salinas y Peña Nieto, difícilmente habrá de representar algo digno en la política nacional». El PRI, en el momento más crítico, está en las peores manos: las de un líder incompetente, Alejandro Moreno Cárdenas, y una secretaria general ambiciosa, Carolina Viggiano, quien desde ahora pretende imponerse como candidata al gobierno de Hidalgo bajo la tutela de su esposo Rubén Moreira, con quien compartió el poder en Coahuila.

Rendición pactada

El PRI afronta una situación desesperada. No es la primera vez que, tras perder la presidencia, cae al último lugar entre las principales fuerzas políticas. Ya pasó en 2006. Sin embargo, en el Congreso nunca había estado por debajo de partidos marginales como el PT y Encuentro Social, ni gobernado el menor número de entidades: 12, frente a 10 del PAN y siete de Morena. Las votaciones del 6 de junio próximo serán de alto riesgo para el partido que durante siete décadas representó la «dictadura perfecta» (Mario Vargas Llosa, dixit), pues podrían significar la puntilla y, ahora sí, la ansiada jubilación del dinosaurio.

La estructura electoral del PRI, basada en el corporativismo, es un mito. Los sectores obrero, campesino y popular dejaron de endosarle «sus» votos y de ser tomados en cuenta a la hora de repartir candidaturas para ayuntamientos, congresos y gobiernos estatales. Antes tenían cuotas fijas, pero la tecnocracia las asignó a sus nuevos socios. Los triunfos de octubre en Coahuila e Hidalgo quisieron presentarse como el «resurgimiento» de unas siglas decadentes. En realidad, fueron resultado de la operación política de gobernadores (Miguel Riquelme y Omar Fayad) de estados caciquiles donde jamás ha tenido lugar la alternancia.

Las elecciones de junio serán cruciales para los partidos, pues se disputarán 500 escaños de la Cámara de Diputados y 15 estados. El PRI gobierna ocho: Campeche, Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, San Luis Potosí y Zacatecas; el PAN, cuatro: Baja California Sur, Chihuahua, Querétaro y Nayarit; el PRD, uno: Michoacán; y Morena, otro: Baja California; el de Nuevo León es independiente. En 30 estados se elegirán, además, mil 920 ayuntamientos e igual número de legislaturas.

La concurrencia de procesos —lo mismo que la pandemia de coronavirus— le viene como «anillo al dedo» a Andrés Manuel Obrador, pues puede consolidar el proyecto político y social de la Cuarta Transformación. Las condiciones favorecen el voto en cascada que en 2018 le permitió arrasar en las urnas y obtener, junto con la silla del águila, el Congreso y la mayoría de las gubernaturas: atonía de las oposiciones, popularidad presidencial y desinterés por la alianza entre el PRI, PAN y PRD.

En esa tesitura, el PRI, descendiente de generales y caciques, prefirió rendir las armas y aliarse con sus otrora «enemigos históricos»: el PAN, al cual se asimiló desde la presidencia de Salinas de Gortari; y el PRD, producto de la escisión de 1988 contra la imposición de Salinas, liderada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y cuadros locales como Andrés Manuel López Obrador. El escaso entusiasmo ciudadano por la alianza obedece, entre otros factores, a la relación de sus miembros con Peña Nieto y al silencio que guardaron frente a la corrupción de su gobierno.

Firme en su rechazo a Salinas de Gortari por el fraude para imponerlo en Los Pinos, el excandidato presidencial del PAN, Manuel Clouthier, exhortaba a defender la democracia y la libertad sin abdicar de los principios: «Solo está derrotado aquel que ha dejado de luchar». Hoy, la coalición del PAN con su «peor enemigo» le «revuelve el estómago» a Cecilia Romero, pero la abraza para «evitar un mal mayor». Las encuestas electorales ven las cosas de otro modo. Para la mayoría, el enemigo es el «prianato». El PRD, sin sus líderes originales, dejó de pintar.

Un «sí» a regañadientes

Manuel Gómez Morín, hijo y homónimo del fundador del PAN, se opone a la alianza con el PRI, pero la acepta. Lo ideal sería ir solos, pero se trata de una «necesidad forzada» por el presidente Andrés Manuel López Obrador, «quien se ha asumido como amo, dueño y señor de este país». De haber escuchado a la oposición, a las distintas expresiones de la sociedad y tomado en cuenta sus puntos de vista, no estaríamos en esta situación, declaró después de participar en el consejo nacional de su partido el 6 de diciembre.

El éxito de la coalición depende de no postular «candidatos impresentables», de ofrecer una agenda mínima sobre federalismo y democracia y de convencer a los electores de que sus propuestas son las mejores, advierte Gómez Morín, quien le disputó a Marko Cortés la presidencia del PAN. Las puertas están abiertas para Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala —dice—, pero las condiciones las debe fijar el partido, no ellos.

Calderón renunció al PAN tras la elección de Marko Cortés, el 11 de noviembre de 2018. En una carta dirigida al presidente interino Marcelo Torres, expone: «El PAN ha dejado de ser el instrumento de participación ciudadana para la construcción de un México mejor que pensaron sus fundadores; la camarilla que controla el partido ha abandonado por completo los principios fundamentales, las ideas básicas y las propuestas del PAN, y no le interesa sostenerlos, actualizarlos o fortalecerlos; (…) la elección interna solo corrobora ese control envilecedor, siendo la propia dirigencia una fiel expresión de la corrupción, la mediocridad y la manipulación que la ciudadanía ha castigado severamente en las urnas».

Los Calderón pretendían la candidatura del PAN para Margarita Zavala, quien llegó a superar a López Obrador en algunas encuestas, pero Ricardo Anaya utilizó la estructura partidista para imponerse al tándem. Zavala renunció a su militancia el 7 de abril de 2017. «Hace dos años anuncié mi intención de buscar la presidencia de la República (…). Durante dos años pedí un método democrático, transparente y claro (…). La respuesta siempre fue una evasiva», le reprocha a Anaya, entonces líder de Acción Nacional.

Zavala se postuló como candidata independiente, pero abandonó la contienda dos meses antes de los comicios por «las condiciones de inequidad» y la falta de segunda vuelta. Sin PAN u otras siglas, jamás representó un peligro para López Obrador. Los Calderón dedicaron los últimos años a organizar el partido México Libre. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le negó el registro el 15 de octubre pasado por no acreditar el origen de aportaciones en efectivo. Su única opción ahora es regresar al PAN a cambio de posiciones y acaso de protección. La consulta popular para enjuiciar a los expresidentes está programada para el 1 de agosto próximo.

En ese contexto, la negativa de Gómez Morín a aceptar condiciones de Calderón y Zavala parece compartirla la mayoría de la comisión permanente del PAN. La pareja no goza del mejor ambiente por el daño causado en las elecciones de 2018 y por el trato de Calderón a los cuadros del partido cuando fue presidente. Gómez Morín también cuestiona la falta de deliberación en el PRI sobre la coalición. «No sabemos con qué PRI nos estamos aliando», pero de entrada es un negativo, pues, de acuerdo con una encuesta, el 40% de los ciudadanos jamás votaría por ese partido» (Reforma, 01.12.20). Quizá porque apesta a corrupción y remite a Peña Nieto y a Salinas de Gortari. E4


Acción Nacional, la opción opositora

La alianza tripartita necesita una agenda ciudadana y una votación masiva para equilibrar fuerzas con la 4T en la Cámara de Diputados

Pese a la transición fallida en el gobierno de Vicente Fox, al fracaso de la guerra contra los carteles de la droga de Felipe Calderón, a las alianzas con Salinas de Gortari y Peña Nieto, a los escándalos de corrupción y a las pugnas internas, la coyuntura le brinda al PAN la oportunidad de ser el contrapeso de Andrés Manuel López Obrador. Acción Nacional es la segunda fuerza política en las cámaras de Diputados y de Senadores y gobierna 10 estados, dos menos que el PRI y tres por encima de Morena. En las presidenciales de 2018, Ricardo Anaya superó al priista José Antonio Meade por más de dos millones de votos.

Esa ventaja le permite al PAN no solo liderar la coalición con el PRI y PRD para las elecciones del 6 de junio próximo, sino también establecer condiciones para eventualmente salvarlos: al primero, de un retroceso mayor en el Congreso y los estados; y al segundo, de su extinción. Se trata, a toda luz, de un pacto de supervivencia cuya prioridad consiste en derrotar a AMLO y a Morena. Para lograrlo, la alianza necesita: 1) elaborar una agenda junto con la sociedad y no anteponer sus intereses, como siempre ha sido; y 2) concitar una alta participación ciudadana en las urnas.

Los críticos de la Cuarta Transformación se identifican más con la derecha mediática y la ultraderecha representadas por el PAN. Sin embargo, la estrategia del presidente López Obrador, basada en la confrontación, ha sido más eficiente. Las encuestas lo reflejan así: entre agosto y diciembre, la popularidad del presidente subió del 56 al 61% y la intención de voto por Morena duplicó a la del PAN y el PRI juntos (Reforma, 01.12.20). La muestra se levantó en el periodo más crítico de la pandemia de COVID-19, de sus efectos sobre la economía (cierre de empresas, desempleo y mayor pobreza) y del endurecimiento de un bloque de gobernadores contra las políticas de AMLO.

«Nacimos para combatir el autoritarismo que estamos viendo con Morena. (…) Hay que corregir el rumbo, es una decisión patriótica».

Marko Cortés, presidente del PAN

La coalición de fuerzas previamente derrotadas no garantiza su éxito en las elecciones intermedias, ni sumará los votos obtenidos por el PRI, PAN y PRD en 2018. Pero incluso cuando así fuera, tampoco alcanzaría para vencer a Morena. Además, el anuncio de la alianza tripartita produjo poco impacto entre los electores. Para restarle poder al presidente en el Congreso, el frente propondrá candidatos comunes en 150 distritos. Hace dos años y medio, los partidos del frente ganaron 56 de un total de 300 demarcaciones: 39 el PAN, 10 el PRI y siete el PRD.

La alianza tampoco ha generado entusiasmo entre analistas y medios de comunicación. Carmen Morán Breña la presenta como «una fórmula vacía para vencer al enemigo común» (El País, 08.12.20). «La mayoría que atesora López Obrador en las Cámaras y los altos índices de aprobación que conserva entre el electorado, a decir de las encuestas, se alza todavía como una barrera infranqueable para cualquier aventura de la oposición, que se lanza de forma desesperada en esta alianza». Sin embargo, advierte, «un frente común, en todo caso, siempre es temible y el partido del presidente, Morena, se apresura a criticar un conglomerado (PRI, PAN y PRD) que le parece “perverso” y con un solo objetivo: seguir manteniendo las cotas de poder que perdieron».

Esta coalición prefigura otra mayor para las elecciones presidenciales de 2024 con un candidato del PAN. Si el resultado de las intermedias es favorable, Acción Nacional se atribuirá el mérito; en caso contrario, culpará al PRI del fracaso y la gente le creerá. E4


El tricolor, partido a la deriva con siglas secuestradas

La renuncia de cuadros valiosos, provocada por la imposición de Alejandro Moreno, terminó de vaciar al PRI de liderazgos

Monopolizar el poder durante 71 años incapacitó al PRI para ser oposición. Todas las expresiones disidentes y autocríticas internas —y en algunos casos también externas— las sofocó. Incluso la muerte de dos expresidentes de ese partido, que en su momento representaron un riesgo (Carlos Madrazo y Luis Donaldo Colosio), se atribuyó al Estado. La derrota aplastante de 2018, frente a un exmilitante, le brindó la ocasión de asumir un nuevo papel, pero la tiró por la borda al optar por un dirigente anodino como Alejandro Moreno.

La imposición del exgobernador de Campeche, investigado por la Fiscalía General de la República por enriquecimiento ilícito, provocó renuncias en cascada. El primero en arrojar la toalla fue José Narro Robles, exrector de la UNAM y secretario de Salud de Peña Nieto. El coahuilense era el líder que el PRI necesitaba para afrontar la emergencia poselectoral, reunificarlo y oponerse al presidente López Obrador. Sin embargo, un perfil así resultaba inconveniente para quienes secuestraron las siglas, y en su lugar nombraron un títere.

Narro renunció a su aspiración a presidir el PRI y a una militancia de 46 años. «Existe un preferido de la cúpula del PRI, el candidato oficial de los gobernadores y de quien fue, hasta recientemente, el jefe político del partido. Por si eso fuera poco, son groseros los indicios de intervención del gobierno federal en la misma dirección». En la carta de dimisión, fechada el 19 de junio de 2019, Narro demanda que las decisiones del PRI deje de tomarlas el presidente de turno. Si López Obrador manda en el PRI, entonces la alianza con el PAN es una trampa.

«La democracia sin oposición real es degradada y deja de servir».

José Narro Robles en su carta de renuncia al PRI, 19.06.19

La elección de Moreno, para Narro, fue una farsa. «La trampa está en el padrón, en el crecimiento desmedido en Coahuila, Ciudad de México, Campeche y Oaxaca. Ellos serán llevados a votar por quienes llenarán de vergüenza al partido». Uno de los operadores de ese PRI es el exgobernador Rubén Moreira. Ivonne Ortega, exgobernadora de Yucatán y aspirante a la presidencia del PRI, lo denunció por amenazarla si visitaba Coahuila. Ortega también renunció al partido.

La columna «Templo Mayor» exhibe a un PRI al garete: «Por los rumbos de Insurgentes Norte se preguntan si Alejandro “Alito” Moreno ya abdicó en favor de Carolina Viggiano… o si la hidalguense ya se fue por la libre. Y es que, comentan los priistas, la secretaria general del partido ya se siente la dueña del priismo en Hidalgo, al grado de que anda prometiendo candidaturas, quiere decidir la estrategia para el próximo año y ya hasta anda diciendo que no descarta ser ella misma candidata…» (Reforma, 04.12.20).

Narro advirtió el riesgo: «La democracia sin oposición real es degradada y deja de servir». El PRI jamás será oposición. No está en su ADN. Mientras el PAN abre las puertas a Vicente Fox y Felipe Calderón para afrontar al presidente más poderoso de los últimos tiempos, al PRI difícilmente regresarán cuadros valiosos como la periodista Beatriz Pagés y el exgobernador de Coahuila, Rogelio Montemayor, quienes apoyaban a Narro.

«Es inaceptable que se haya decidido entregar el partido a @lopezobrador», publicó Pagés en su cuenta en Twitter. El mensaje ciudadano al PRI, a sus dirigentes y a sus representantes con poder político es «muy fuerte: basta de corrupción, impunidad e inseguridad; basta de soberbia y desapego a las necesidades populares», acusó Montemayor. E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.