Pifias y polémicas de la 4T; el riesgo del polvorín social

A dos años de gobierno, AMLO celebra haber abierto más de una veintena de «frentes transformadores». La oposición considera que la actual administración encamina al país directo a la ruina

¿Populismo autoritario?

Gobierno de «bandazos y ocurrencias»

En el actual sexenio, el presidente tiene prisa. Respecto a la teoría citada por analistas como el doctor Lorenzo Meyer de que «las acciones de gobierno deben concentrar la energía y maquinaria del Estado en resolver un único asunto y solo hasta superarlo pasar al siguiente», la actual administración federal hace oídos sordos. Con más de una veintena de frentes abiertos en los que la austeridad republicana, el combate a la corrupción y a la inseguridad son los paradigmas promotores, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se dice «dispuesto a tumbar el avispero a garrotazos», pues desde su arribo al poder, sus políticas han trastocado numerosos conflictos de interés de opositores cuya reacción transita entre la virulencia y la rabia.

En su primera acción, la iniciativa de Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, si bien se centra en que «nadie debe ganar más que el presidente», en aras de la prometida austeridad republicana, la intención es moderar los altos sueldos que los propios funcionarios se han autorizado, principalmente dentro de los sectores élites del gobierno.

AMLO empezó consigo mismo. Para su primer año en funciones (2019) se programó un sueldo neto que, con prestaciones incluidas, ascendió a 138 mil 578 pesos mensuales, prácticamente la mitad respecto al último salario de su antecesor. Enrique Peña Nieto percibía 259 mil 627 pesos netos al mes.

«No voy a fallarles. Habrá transformación. Me desespera porque a veces quisiera que avanzáramos más a prisa, pero me dejaron un toro viejo, echado, reumático y mañoso».

Andrés Manuel López Obrador, presidente

No obstante, senadores de oposición no dejaron prosperar la iniciativa. Promovieron una acción de inconstitucionalidad que la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló sin tardanza. «El presidente no puede discrecionalmente adjudicarse un salario y con base en eso coartar el del resto de los funcionarios públicos», esa es la discusión principal. Curiosamente, los ministros de la Corte son los que perciben los sueldos más altos del país vía presupuesto federal —269 mil 215 pesos mensuales netos en 2018—, de modo que, anticipándose a evitar que su ingreso se vea pulverizado, motu proprio los magistrados acordaron, en enero de 2019, reducir sus salarios en un 25% (67 mil 304 pesos menos), a 201 mil 911 pesos mensuales, «como señal de apoyo a las políticas de austeridad» del ejecutivo; pero advirtieron que, «de acuerdo con el Artículo 94 constitucional, la remuneración que perciban, así como los magistrados de circuito, jueces de distrito y consejeros de la Judicatura Federal, o los magistrados electorales, no podrá ser disminuida durante su encargo».

A dos años de haber sido propuesta, el debate sobre esa ley no ha concluido. El plazo que vencía el 15 de diciembre para que el Congreso legisle al respecto se amplió hasta el 30 de abril de 2021, «debido a la situación derivada de la emergencia sanitaria por la COVID-19, así como por la necesidad de que la Cámara de Senadores cuente con el tiempo necesario para ejercer atribuciones».

La expectativa presiona

Asumir la presidencia de la República con altas expectativas —como en su momento ocurrió con Vicente Fox— presiona a López Obrador. Analistas atribuyen a ello sus polémicas maneras de encarar los retos o incluso su estilo para ignorarlos.

En abril de 2019, durante una conferencia, una periodista le preguntó si estaba de acuerdo con la declaración del expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, «la gente que tiene miedo construye muros» —en referencia al presidente Donald Trump—. La respuesta de AMLO fue: «Lo que diga mi dedito», y agitaba su índice derecho de lado a lado en señal de negación, luego cambió el tema sin tapujos. Quienes lo apoyan consideran carismática esa actitud, pero sus detractores la descalifican y la tachan de «salida facilona y cínica»; aun así, su aprobación hasta este 2020 ha girado en torno al 60%.

Entre sus decisiones y posturas más polémicas —al grado de influir en su popularidad— se encuentran:

Las «mañaneras». Al llegar a la presidencia aplicó una estrategia de comunicación que probó cuando fue jefe de gobierno de la Ciudad de México (2000-2005): ofrecer todos los días, a las siete de la mañana, una conferencia de prensa. La duración de las «mañaneras» se extendió poco a poco, igual que las confrontaciones con la prensa, a la que califica de «fifí» y «conservadora». Así, un ejercicio que supone transparencia y marca la agenda política del país, se volvió polémico.

Política migratoria. A inicios de 2019, cada vez más centroamericanos cruzaban el país rumbo a Estados Unidos, dada la promesa obradorista de una estrategia de «brazos abiertos» a migrantes. No obstante, el presidente estadounidense Donald Trump amagó con aranceles y frenar el T-MEC si no se paraban las caravanas. México asumió entonces en la frontera sur una política migratoria más estricta que fue rechazada incluso por Porfirio Muñoz Ledo, diputado federal de Morena.

Aeropuerto cancelado. Uno de los mayores proyectos de infraestructura de América Latina promovido por Peña Nieto murió en enero de 2019. El actual gobierno canceló la construcción del aeropuerto internacional en el lecho del antiguo lago de Texcoco. Entre otras cosas, la multimillonaria indemnización que eso involucra abonó a un notable rechazo social.

Santa Lucía y el Tren Maya. Sus dos proyectos de infraestructura prioritarios fueron sometidos a las polémicas consultas ciudadanas, en las que supuestamente la mayoría de los mexicanos aprobaron tanto la construcción del nuevo aeropuerto internacional en el campo militar de Santa Lucía, como el Tren Maya en el sureste del país. Ambos están en marcha pese a señalamientos de altos costos e impacto ambiental.

Combate al huachicol. AMLO anunció una estrategia para acabar con el robo de hidrocarburos dentro y fuera de Pemex, la cual marcó sus primeros días de gobierno con la explosión de una toma clandestina en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó un saldo de 135 muertos. Además, la estrategia provocó desabasto de combustible en varios estados.

Reforma educativa. Una de las transformaciones propuestas desde marzo de 2019 tuvo por objeto la reforma educativa de su antecesor. La nueva legislación eliminó al Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa (Inifed), la asignación automática de plazas a los egresados de las normales y la eliminación de las evaluaciones a docentes.

Humanismo. Mientras cientos de mujeres exigían en distintas regiones del país un alto a la violencia de género, López Obrador las llamó a hacerlo «pacíficamente, sin destrozar negocios o monumentos». En dos años, la exigencia feminista no ha cesado, y lejos de reconocer la situación, el presidente desestima las cifras que dan cuenta del aumento de la violencia de género, aunque dice abogar por el humanismo.

Evo Morales. En noviembre de 2019, el expresidente de Bolivia, Evo Morales, llegó a México tras dimitir a su cargo. La oposición mexicana criticó que se le diera asilo político a quien ellos consideran dictador. López Obrador expuso que era por «razones humanitarias» y que aceptaría a más exfuncionarios bolivianos.

Ovidio Guzmán. El 17 de octubre de 2019, las fuerzas federales detuvieron, solo por unas horas, a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, pero se le liberó para evitar una matanza en Culiacán, ciudad sitiada por integrantes del cartel de Sinaloa. En junio de 2020, AMLO afirmó que él ordenó soltarlo.

El BOA. También en junio pasado expuso un documento de procedencia desconocida que involucraba a empresarios, instituciones, organizaciones civiles y políticos opositores que pretendían «sacar ventaja para las elecciones de 2021». Era el Bloque Opositor Amplio (BOA), asunto del que se deslindaron los supuestos involucrados: INE, Tribunal Electoral federal y hasta Vicente Fox y Felipe Calderón. El tema llegó a la autoridad electoral por constituir posibles actos anticipados de campaña y uso indebido de recursos.

El avión que «ni Obama tenía». Entre sus principales promesas estaba deshacerse del avión José María Morelos y Pavón que Peña Nieto tuvo a su servicio. La aeronave voló a California, EE.UU., a buscar comprador sin conseguirlo. Regresó a México y se propuso rifarlo a través de seis millones de «cachitos» de la Lotería Nacional. Al final, el sorteo se realizó, pero todos los premios eran dinero en efectivo, no el avión. Esa decisión ha sido de las más criticadas en su gestión.

Outsourcing. El gobierno pretende controlar la práctica de la subcontratación laboral, conocida como outsourcing, mediante reformas que eviten los abusos laborales y la defraudación fiscal. Aunque la propuesta fue aprobada a principios de diciembre, una negociación posterior con empresarios, líderes sindicales y funcionarios derivó en la firma de un acuerdo para ampliar la discusión y mejorar la estrategia aprobada en 2021.

Masacres. El primer año de este gobierno estuvo marcado por 13 ataques violentos, entre los que destacan el de Minatitlán (13 víctimas), Coatzacoalcos (30), Nuevo Laredo (8) y Bavispe (9). En lo que va de su segundo año, ya se contabilizan otros como el de Zacatecas (15 muertos), San Mateo del Mar (15), Colima (7), Huetamo (12) y en el penal de Puente Grande (7). Las críticas provenientes de diferentes sectores sociales a la política de seguridad nacional no cesan.

Pandemia. Cuando a principios de 2020 se confirmó el primer caso de COVID-19, AMLO afirmaba que no había por qué alarmarse, que «el gobierno está preparado para enfrentar la enfermedad». Un mes más tarde llamaba a obedecer las medidas de la Secretaría de Salud. Sin embargo, él reanudó en mayo sus giras por el país y no usa cubrebocas. Hasta la fecha, la falta de efectividad de la estrategia de salud es otro de los asuntos más cuestionados.

Fideicomisos. Entre lo más reciente, el Senado le cumplió al presidente, tanto en comisiones como en el Pleno aprobó la eliminación de 109 fideicomisos, la mayoría de ellos relacionados con el Conacyt, pero también con protección a periodistas, a defensores de derechos humanos, al arte, al cine y al fondeo preventivo contra las catástrofes. Las protestas de sectores diversos abundaron.

Los autónomos. En 2019 lanzó varias críticas contra organismos autónomos como el INE, la Comisión Reguladora de Energía (CRE), el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) y hasta la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), al señalar que solo son una «simulación costosa para el país». En junio de este año, incluso amagó con desaparecer a más de 100 de estos órganos a través de una reforma a la Constitución. A mediados del actual mes de diciembre pidió revisar la factibilidad de esos institutos. Los acusa de «alcahuetes al hacerse de la vista gorda» y dice que «sin ellos se ahorrarían miles de millones de pesos que podrían distribuirse a los pobres».

La lista no para ahí, incluye también su decisión de mudarse a Palacio Nacional, en lugar de quedarse a vivir en Los Pinos; el saludo a la mamá del «Chapo»; la creación del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado; la anexión de Manuel Bartlet como comisionado federal de electricidad, e igualmente la permanencia de Sanjuana Martínez como directora de Notimex, o el caso de los bots en el cual vinculó a reporteros, al exsecretario de Educación, Aurelio Nuño; el coordinador de los diputados federales del PAN, Juan Carlos Romero Hicks, y hasta al hijo del expresidente Felipe Calderón.

Además, están las renuncias. En dos años de administración, más de una treintena de funcionarios ya rompieron filas en la 4T. De cara a las elecciones del 2021, la preocupación en Morena se centra en que cada renuncia (van 35) refuerza la idea —tan popular entre sus detractores— de que el presidente es un acaparador que toma todas las decisiones por encima de los expertos y margina a quien opine diferente.

Al final, la crisis económica del país puede exacerbar esta polarización y crear una situación política inmanejable. Hasta ahora no hay ningún país de América Latina que no haya sucumbido a los vendavales de la economía, con sistemas políticos débiles y con hondos e históricos resentimientos sociales, que forman un polvorín siempre a punto de estallar. E4


¿Populismo autoritario?

En la antesala del 2021, en lugar de disminuir, durante esta administración federal la polarización política tiende a expandirse en el país y se nutre de irritación en diversos sectores de la sociedad, donde califican de populista y autoritario al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Entre sus opositores priva la sensación de que el país pierde el rumbo y que, justamente, para impedir que la población lo vea con claridad, el presidente atiza el fanatismo y la polarización, fortalece la ignorancia y promueve el enfrentamiento.

A dos años en la presidencia, López Obrador ya tiene muchas confrontaciones sociales abiertas. A Peña Nieto, a los dos años, en 2014, le estalló el problema de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa que no supo atender y terminó lastrando a su gobierno.

En la actualidad, entre los conflictos que pueden agravarse durante el mandato obradorista se encuentran:

  • El movimiento feminista y colectivo contra los feminicidios crece y se fortalece.
  • Los 10 gobernadores que conformaron la Alianza Federalista al dejar la Conago.
  • El creciente enfrentamiento con medios de comunicación.
  • La batalla abierta contra los intelectuales orgánicos y académicos que firmaron un desplegado con 650 nombres.
  • El resurgimiento de grupos delincuenciales en regiones y estados del país.
  • El ineludible problema de la pobreza.
  • El estancamiento de la economía para casi todo el sexenio, con el particular desplome del PIB de entre 9 y 10% para este 2020 y lo que ello representa en pérdida o generación de empleos.
  • El plantón de Frenaaa en el Zócalo de la Ciudad de México.
  • Los conflictos internos de Morena por el cambio de la dirigencia.
  • La reaparición de políticos como Ricardo Anaya en el escenario nacional.

Gobierno de «bandazos y ocurrencias»

El interés del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) por ver avances en el proceso de transformación del país deriva en iniciativas apresuradas que sacuden la inercia política, económica y social de un status quo que él considera construido desde hace décadas para beneficio de unos cuantos.

«No va a ser en vano. No voy a fallarles. Habrá transformación. Me desespera porque a veces quisiera que avanzáramos más a prisa, pero me dejaron un toro viejo, echado, reumático y mañoso. Tenemos entre todos que pararlo y empujarlo para que camine, y eso no es fácil porque hay muchos intereses creados, mucha gente que sacaba provecho del antiguo régimen y que no quieren dejar de robar, pero se van a ir acostumbrando. Vamos a acabar con la corrupción e impunidad. Me canso ganso», aseguró en conferencia ante pueblos de Xochistlahuaca, Guerrero, en marzo de este año.

«Las movidas (de López Obrador) son cortinas de humo o vil demagogia para ocultar tantos errores».

Héctor Yunes Landa, diputado

En julio, durante el segundo aniversario de su triunfo electoral y, posteriormente, en diciembre durante su segundo informe de gobierno, el presidente celebró haber abierto más de una veintena de «frentes transformadores» que han impactado en su popularidad y decisiones de gobierno.

AMLO considera que dos años bastan para afirmar que «ya se comprende mejor y se siente como una realidad» la línea divisoria con la que pretende marcar distancia sobre los gobiernos anteriores, su autodenominada Cuarta Transformación (4T), cuyas bases estima que «ya están asentadas gracias a políticas públicas fincadas en la moralidad».

No obstante, los opositores llaman «bandazos y ocurrencias» a estas iniciativas y califican al mandatario de ser «un genio para levantar cortinas de humo» con las que distrae a la población de los grandes problemas nacionales en un país encaminado hacia la ruina.

El vocero del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, Héctor Yunes Landa, considera «las movidas» de López Obrador «cortinas de humo o vil demagogia para ocultar tantos errores que está cometiendo en muchos otros rubros» (Infobae, 03.02.20).

Su polémica «austeridad republicana» es tema que también le implica enfrentamientos entre amplios sectores sociales, e intenta acallarlos al exhibir su ahorro en compras y contratos de 1.3 billones de pesos. «Gobernar sin lujo ni frivolidad nos permite no endeudar más al país, no subir los impuestos ni el precio de los combustibles», apunta AMLO.

En general, el presidente encara las críticas con referencias constantes a la honestidad, a su batalla contra la corrupción y las reformas que endurecen las penas a delitos de malversación, cohecho, fraude electoral o incluso con su intención de imponer límites el fuero presidencial. E4

Periodista