Aprensión, resignación, evolución

No considero descabellado afirmar que el impacto del coronavirus ha dividido a la humanidad en tres grandes grupos. El primero, temeroso, presa siempre de la aprensión, que ve peligros por doquier y restringe su vida de tal forma que limita incluso sus propias ganas de vivir. El segundo, atado a un pesimismo quizás más insano que el pavor de los anteriores. Ellos no tienen miedo, no. El problema es que no tienen nada. Se han convertido en marionetas cuyos hilos son movidos por los informes del gobierno, las especulaciones de la prensa o los chismes del vecino. Da igual. Ellos simplemente esperan por el final de este desastre, pero no mueven un dedo para adaptarse a las nuevas circunstancias. Por último, el tercer grupo se arriesga a innovar, a buscar opciones de supervivencia, de ser posible también de mejoras, dentro de este espantoso entorno. No significa, aunque el tono lo sugiera, que a los terceros les vaya mejor que a los dos primeros. En ocasiones las invenciones no funcionan, pero algo es seguro: tienen la conciencia más tranquila porque el tan solo intentar salir adelante ya implica un alto grado de esperanza.

La dicotomía salud-economía causa más inseguridad en el seno familiar que los números con que se sustentan las muertes por la pandemia o las gráficas negativas de la situación financiera nacional por separado. Y advierto, no me refiero a la suma de las cifras apocalípticas de uno y otro lado que, por supuesto, asfixia a cualquiera que pueda percatarse del dilema sino del ahogo que la certeza sobre la existencia de esta dupla causa en la conciencia individual y colectiva.

Para avanzar no hay de otra. Tomar medidas que no forman parte de nuestro día a día obliga a establecer transformaciones. Quizás siempre hemos estado acostumbrados a proteger nuestra casa de ladrones, pero no a mantener distanciamiento social. Sin embargo, hoy es imprescindible hacerlo. Eso y muchas otras cosas más. Constantemente nos mencionan las obvias. Además de la sana distancia, están el uso de las mascarillas quirúrgicas, la desinfección… y a propósito de desinfección y evolución, hasta el idioma pretende transformarse porque ¿alguien podría indicarme de dónde sacaron el término «sanitización»?, hoy tan usado por los medios de comunicación, porque al menos el Diccionario de la Real Academia Española no lo contiene.

En realidad, las medidas van más allá. El desempleo provocado por la pandemia ha llevado a muchos a forzar la creatividad hasta extremos inimaginables. Especialmente entre las mujeres que, según las estadísticas, se han visto afectadas al doble que los hombres en este sector. Nunca como ahora la humanidad comprueba, de primera mano, que (en palabras de mi madre) la necesidad hacer parir gemelos. Es de la contradicción que se genera la evolución. Por eso surgen, aquí y allá, negocios nuevos. Y mañas nuevas que se suman a las viejas pululan asimismo por doquier, con mayor o menor éxito… casi siempre menor, seamos sinceros, pero no importa. El reto no es fácil. Preservar la salud y la economía son dos desafíos que tratamos de ganar a cualquier costa. Si a esto le agregamos las medidas que algunos gobiernos implementan para, supuestamente, menguar los efectos del COVID-19, tanto peor se dibuja el panorama. Por ejemplo, en La Habana, Cuba, se ha establecido un toque de queda, efectivo desde las siete de la noche hasta las cinco de la mañana. Las multas superan por seis veces el salario promedio mensual del cubano común. Y sí, alguien puede opinar que es una buena medida para proteger la salud de los ciudadanos, pero no olvidemos que, al margen de las inmensas carencias que prevalecen en el archipiélago caribeño, se recrudece de esta manera la ausencia de libertades… y con una excelente fachada. En pocas palabras, mientras países como México se enfrentan al monstruo de dos cabezas —salud y economía— otras naciones han de lidiar con una hidra de no menos de tres cabezas —salud, economía y libertad—. Entonces, no nos quejemos. Luchemos.

La Habana, 1975. Escritor, editor y periodista. Es autor de los libros El nieto del lobo, (Pen)últimas palabras, A escondidas de la memoria e Historias de la corte sana. Textos suyos han aparecido en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de Espacio 4 y de la revista hispanoamericana de cultura Otrolunes.