Aristóteles y el rock

Esta semana murió, a los ochenta años, el icónico Charlie Watts, una figura que contrastó su sobriedad y falta de apetito por la fama, con la extravagancia de sus compañeros en los Rolling Stones. Marcado con un corazón de jazzista, Watts fue un baterista singular. René, amigo de alta sensibilidad acústica, apunta su rasgo distintivo: «suspender el golpe al contratiempo para evitar que suene simultáneo a la tarola es muy raro». Más allá de hacer una apología de esta leyenda del rock, es interesante reflexionar sobre qué es lo que hace sobresaliente a un equipo. ¿Tienen las piedras rodantes vida, después de Watts?

Led Zeppelin no fue lo mismo luego de morir John Bonham. Las presentaciones posteriores del grupo parecían más bien «reunión de sobrevivientes», comenta con agudeza René. Paul McCartney canta bien, pero solo no tiene el sonido que lo catapultó al mundo, su presencia es la ausencia de otros tres. Podemos hacer la analogía con equipos deportivos cuando cambian integrantes o inclusive de entrenador. El tema de fondo es de qué se hace la magia, la «química», ese desempeño notable donde un grupo es capaz de fusionar talentos, y la resultante es algo inigualable. Sin importar si hablamos de músicos, futbolistas, abogados, médicos en el quirófano, ejecutivos en una sala de juntas, el fenómeno de esta sinergia es digno de estudio.

»El todo es mayor a la suma de sus partes», se cita con frecuencia a Aristóteles. Un análisis más cuidadoso encuentra que no fue eso lo que expresó, sino «En el caso de todas las cosas que tienen varias partes y en las que la totalidad no es, por así decirlo, una mera acumulación, sino que el todo es algo además de las partes, hay una causa; porque incluso en los cuerpos, el contacto es la causa de la unidad en algunos casos, y en otros la viscosidad o alguna otra cualidad similar». Nótese que Aristóteles habla no de la suma de las partes, sino que el todo es algo «además» (palabra clave) de sus partes. Y nos habla también de viscosidad «o alguna otra cualidad», es decir esa «goma», ese pegamento que aglutina misteriosamente las partes.

Esa aleación que muchas veces no se conoce con anterioridad es la magia de la coordinación en los equipos. La metáfora de una banda musical sirve para ejemplificar lo que hace que exista un buen trabajo en equipo (en cualquier actividad de la vida). Los ingredientes son: confianza, diversidad, coordinación, liderazgo, «química» (buen humor) y respeto. Seguramente la lista es más grande.

El WhatsApp ha revivido grupos de trabajo de otras épocas. Participo en uno de excompañeros de una casa de Bolsa, donde coincidimos que ha sido la mejor época laboral de nuestra memoria, ¿por qué?, por esa química que nos aglutinó. Por lo mismo se habla de alineaciones históricas en el deporte, dinastías irrepetibles. Si Jack Lambert no hubiera jugado con Joe Greene, con Jack Ham y otros históricos de los años setenta, nunca habría existido la «Cortina de Acero» en Pittsburgh.

Me encanta el tema, aunque, confieso, excede mi comprensión. Mi mejor aproximación es que estos grupos forman un sistema, cuyas partes armonizan. Hay un concepto filosófico que se usa también en la teoría de sistemas: «emergencia», lo que ocurre (emerge) cuando en una entidad (el conjunto, el equipo, la banda) hay propiedades que sus partes constitutivas no tienen individualmente, características o conducta que emergen sólo cuando esas partes interactúan como un todo. Quizá esta sea la labor de un líder, llámese integrante de un grupo de rock, capitán de un equipo, CEO de una empresa, Presidente de un país, sacar lo mejor de los integrantes y coordinarlos de manera que en conjunto produzcan un gran desempeño, a pesar de sus diferencias.

En la última aparición de Charlie Watts con la banda (un concierto en línea, en solidaridad con el confinamiento por la pandemia), los Stones participaron desde sus casas. Mick, Keith y Ronnie, tocando sus guitarras; Charlie, baquetas en mano, golpeando una batería imaginaria. La canción era «No siempre puedes tener lo que quieres». Que el discreto y humilde mago de las percusiones apareciera golpeando un sillón y unos cajones conmovió a las redes, aunque el hecho fue irrelevante, en la pantalla había más que cuatro partes: un conjunto más grande que sus leyendas. E4

Columnista.