Canal Once premia misoginia

Luego de ejercer acoso laboral contra su compañera de conducción en el programa John & Sabina, Ackerman es recompensado con su propio espacio de debate. El IPN prefiere mirar para otro lado

Guardar silencio o denunciar el acoso laboral. Esa era la opción de Sabina Berman en Canal Once… y optó por la segunda. Lo que comenzó como simples diferencias de criterio entre dos conductores televisivos —cuyos argumentos bien podrían haber nutrido los debates del programa John & Sabina— terminó con ataques misóginos de John Ackerman en contra de su compañera, a veces solapados, a veces abiertos, que la audiencia pudo percibir durante las transmisiones en vivo y que se extendieron después en redes sociales e intervenciones de los involucrados en otros medios de comunicación. Al final, los desplantes y ofensas de Ackerman terminaron por forzar la cancelación del programa, aunque el destino de sus protagonistas pinta muy diferente.

Mientras Canal Once ya anunció que contratará al estadounidense nacionalizado mexicano para iniciar un programa de opinión el año próximo, con respecto a Berman solo se barrunta la posibilidad de un acercamiento en aras de amarrar cierta coproducción todavía por definir. Así de endeble.

¿Qué pecados cometió la escritora y dramaturga mexicana para ser víctima de acoso laboral por parte de su compañero y de censura por parte de Canal Once? Solo dos: Atreverse a criticar al gobierno y ser mujer.

Haz lo que yo digo…

«Yo acudí a Canal Once para decirles “oigan, esto ha llegado a extremos muy graves, John ya no me deja hablar, se apoderó de la conducción editorial del programa. Ya no puedo opinar sobre a quién invitamos ni sobre los temas que tratamos”». Con estas palabras Berman intentó encontrar apoyo entre los directivos del canal y dejar en evidencia que su compañero de trabajo, ante las cámaras y detrás de ellas, la bloqueaba en el desempeño de sus labores.

Sin embargo, ni el defensor de la Audiencia del Canal Once ni los representantes de los organismos públicos encargados de tutelar los derechos humanos escucharon sus reclamos. Por si no fuera suficiente, Ackerman utilizó su cuenta de Twitter para denigrarla y comenzar a enviarle mensajes misóginos.

La indiferencia mostrada por los encargados de garantizar el respeto a los derechos humanos en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), al cual pertenece el canal, resulta insultante cuando la propia Comisión de los Derechos Humanos define a la serie de comportamientos hostiles en el ambiente laboral que tienen «el objetivo de intimidar, opacar, aplanar, amedrentar o consumir emocional o intelectualmente (o moralmente)» a un compañero de trabajo con la misma jerarquía ocupacional como «acoso laboral horizontal». Justo lo que ocurría en el programa John & Sabina.

«La solución fue hacerlo público, ponerle nombre y evidenciarlo».

Sabina Berman

En tal sentido se pronunció la diputada perredista, Claudia Reyes Montiel: «Este silencio nos habla de complicidad y completo desprecio a los colaboradores del Instituto, al menos de aquellos que no están alineados con el presidente».

Pero el bloqueo frente a las cámaras apenas era el comienzo. También en Twitter, la cuenta de la dramaturga fue saturada por mensajes que cuestionaban su dignidad y su competencia para el papel que por varios años había desempeñado. «Que mejor se dedique a escribir que ya no participe en programa de debates siempre algo la va a molestar y va otra vez a, [sic] recurrir a la violencia de género» es uno de los ataques que se pueden encontrar. Las constantes publicaciones en su contra llevaron a la escritora a preguntar públicamente: «¿Quién paga los bots que han llenado mi cuenta?».

Lo más irónico de este escándalo es que tenga lugar justamente en el canal por antonomasia del IPN. Al tratarse de un centro educativo, se encarga de fomentar valores positivos entre sus estudiantes y velar por la integridad de todos sus empleados. Muestra de ello es el «violentómetro» que allí, como en muchas universidades —la de Coahuila, entre ellas— puede encontrarse en forma de una tabla donde se les asignan valores a distintos hechos de violencia, el mayor de ellos: la muerte.

Sin embargo, en la práctica, todo parece indicar que los mensajes del instituto no van de la mano con las acciones de Canal Once, aun cuando lo representa. Y recuerda lastimosamente aquella frase de «Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago».

Pecado de ser mujer

El machismo sigue vigente en México y frente a las cámaras suele ser bastante obvio. En comparación con la cantidad de programas informativos que actualmente son conducidos por hombres, son pocos los que tienen a una figura femenina en el rol principal. Si se trata de parejas de conductores, tanto peor. La mujer suele servir de imagen decorativa y se limita a apoyar, de vez en cuando, las afirmaciones de su compañero.

Lo sucedido en el programa de John & Sabina es apenas una muestra de un fenómeno bastante común en muchos espacios televisivos. La diferencia radica en el valor mostrado por Berman para no quedarse en silencio. «Pensé, soy franca, en mis sobrinas o en las mujeres jóvenes que pasan en sus trabajos acosos laborales idénticos o presiones iguales. Y decidí muy conscientemente regalarles una imagen para recordar en esos momentos difíciles. Decidí volver todo evidente, decidí parar el acoso laboral», confesó la escritora.

El caso despertó voces en el seno de los movimientos feministas y sus seguidores, que se han sumado para denunciar, una vez más, la desigualdad de género prevaleciente en la sociedad mexicana y cuán pobres e insulsas han sido las iniciativas que se han presentado en el Congreso en aras de eliminar la brecha económica y social que separa a hombres de mujeres.

Al respecto, apunta Reyes Montiel: «Mucho hemos luchado desde la Cámara de Diputados para que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades y condiciones y no podemos tolerar que desde un espacio público se ataque a las mujeres por su forma de pensar, por sus posiciones ideológicas, que se mine su libertad de expresión y derechos bajo el amparo y la complacencia del poder».

Pugnas internas en las 4T

La llegada de Morena a Los Pinos y su anuncio de transformar al país bajo el estandarte de la Cuarta Transformación (4T), ha dejado abierto muchos espacios que piensan ganarse los más radicales dentro del movimiento y, de camino, desplazar a las élites que aún sobreviven de administraciones anteriores.

Les llaman los «golpeadores» y conforman un subgrupo en el seno de la 4T que busca polarizar la izquierda para favorecer sus propios intereses. Berman asegura que John Ackerman —casado con Irma Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública— es uno de estos golpeadores y no le tiembla el pulso para sacar del camino a quien entorpezca o cuestione su intención de obtener más poder, al margen de posicionamientos políticos o ideologías.

A juicio de Ackerman, Sabina Berman se había convertido desde hace tiempo en una de esas personas molestas. Especialmente, porque en varias ocasiones ella se mostró crítica ante algunos cuestionamientos del gobierno de López Obrador. Así que, dentro de su proyecto personal para ascender en escalafón, la declaró enemiga y la llegó a acusar de haberse infiltrado a la 4T con el objetivo de minarla desde adentro.

«El oportunismo de @LillyTellez se queda corto frente al de @sabinaberman, quien se vistió con piel de “anti-neoliberal” para colarse a la #4T pero ahora encuentra su verdadera casa junto a @DeniseDresserG», tuiteó Ackerman.

Ante las constantes acusaciones, la escritora contestó: «Me parece delirante. La 4T presuntamente es la transformación de México, entonces si vivo en México ya estoy en la 4T y ¿dónde está ese lugar que llama la 4T? ¿A qué se refiere? No tengo la menor idea porque no soy ni quiero ser política ni funcionaria».

Afanes políticos a un lado, la contienda entre ambos intelectuales deja en claro el desbalance que prima en Canal Once, donde las mujeres suelen llevar las de perder, máxime si son críticas y cuentan con argumentos y valor para defender sus opiniones. E4

La Habana, 1975. Escritor, editor y periodista. Es autor de los libros El nieto del lobo, (Pen)últimas palabras, A escondidas de la memoria e Historias de la corte sana. Textos suyos han aparecido en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de Espacio 4 y de la revista hispanoamericana de cultura Otrolunes.