Consulta fallida, tirando a pifia

Con la chunga fallida consistente en solicitar mediante una consulta a la opinión pública por parte del Instituto Nacional Electoral para que se enjuiciara o no a los expresidentes de la república por actos de corrupción cometidos en sus respectivas administraciones públicas, lo único que se consiguió fue incumplir con lo que obliga la Constitución General de la República, en el sentido de que todo delito debe ser sancionable exactamente como lo dispone la ley, por lo que esa acción no debió haber sido sometida al escrutinio público, pues haberlo hecho constituyó una omisión a la norma que la hizo consustancial al delito.

Lo inaudito fue que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, avalando la consulta modificó la pregunta inicial, y que siendo reformada por los cerebros de la corte (entiéndase no cortesanos) resulto un galimatías totalmente incomprensible que, lo digo con todo respeto, si no la entendieron muchas personas más o menos preparadas, menos la iban a entender sujetos modestos que difícilmente accedieron a los primeros años de la escuela primaria.

Tal vez hubiera sido mejor comprendido el Teorema de Pitágoras que la pregunta  presidencial, cuya definición dice «en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos».

Mediante este ejercicio emprendido por el presidente de la República, seguro fue su deseo dejar acuñada la existencia en nuestro país de una democracia participativa directa, sin embrago con los resultados obtenidos en la mentada consulta que fueron tan irrisorios, no se alcanza, ni mínimamente, para que nuestra nación sea merecedora de practicarla.

Fue muy clara la posición en esa jornada en el sentido de que a los votantes no les importa otorgarle apoyo a ese tipo de propuestas presidenciales, pues a ellos lo que les importa es que toda acción que se emprenda les reditúe en actos que les sean de beneficio, pues ya casi vamos a la mitad de su sexenio y el país no avanza más que con obras que caprichosamente quiere que se edifiquen.

Una supuesta democracia participativa, como él dice que fue la pasada, seguirá avanzando por una vía de extinción debido a las acciones que ha tomado al llevar, entre otras tareas, los recortes a los dineros de los estados y municipios que inciden en la falta de atención a programas sociales, y que de alguna forma se refleja en este tipo de consultas que no les procuran el interés debido, y que incurren en restarle popularidad que lo llevará por un camino que promueva su hundimiento junto a su partido en las siguientes elecciones, incluyendo la presidencial que considero traería más bien que mal.

En el presidente opera una disonancia cognitiva, pues él cree que todo lo que ha emprendido ha sido de beneficio para el país, y que todos los que estuvieron antes que él en ese puesto, se dedicaron solo a robar y a medio hacer obra, por lo que, lavándose las manos como Pilatos, consideró que era necesario llevar a cabo la famosa consulta para que el pueblo los señalara y la autoridad les cobrara por los actos de deshonestidad, nada más que lo único que se obtuvo fue gastar dinero del erario que bien pudo servir para un sinfín de necesidades y solventar carencias, sobre todo medicinas oncológicas que por la falta han muerto muchas personas sobre todo niños, eso es de personas desalmadas.

Esperemos con ansias la siguiente consulta en marzo del siguiente año relativo a la revocación del cargo, y pensemos patrióticamente que este tipo de gobierno, y sobre todo quien lo dirige le han hecho mucho daño a nuestro País con las consecuencias que vamos viendo, viviendo y sufriendo.

Reflexionemos, no nos ceguemos con este gobierno que en los tres años que lleva, ha embestido y consecuentemente deteriorado el avance que deberíamos llevar, por lo tanto ya no permitamos gobiernos como este poder omnímodo que nos ha llevado al traste. Se lo digo en serio.

Autor invitado.