Los otros datos de la realidad

No poseo para expresar mi vida,
sino mi muerte.

César Vallejo

La cita no es gratuita ni retórica; es necesaria. Resulta de profunda significación para entender el sufrimiento del mexicano común, surgido de la marginación en la que se encuentra inmerso, sin posibilidad, casi, de revertir su condición de pobreza.

En efecto, la muerte del mexicano parece necesaria consecuencia de un orden social orientado a satisfacer la codicia y los intereses de una minoría claramente definida y a la vista de todos.

El reciente informe del Coneval respecto al incremento de pobres en México es contundente. Para un sistema político que, desde su campaña y luego ya en el poder, ha privilegiado a los pobres, esos datos le muestran la dimensión del fracaso de su gestión.

No abordo aquí los contenidos estadísticos del informe sino los trasfondos que desembocaron en resultados tan desastrosos. Y los trasfondos me parecen claros y evidentes: políticas públicas carentes de auténtico compromiso social.

Vista con buenos ojos, la política podría ser un arte. Si se concibe así, significa que la política y todas sus acciones, desde el momento en que son plasmadas en líneas de acción, entonces también se objetiva un tramo de la existencia. A partir de ese instante se sujeta a interpretaciones.

En otras palabras, la política es un objeto cultural donde es posible distinguir por lo menos, dos elementos constitutivos esenciales: el substratum y el sentido.

El substratum de la política es aquella parte de la conducta humana de su creador; conducta que ha sido plasmada, precisamente, en la política. Es decir, por el conjunto de actitudes, aptitudes, conocimientos, creencias, experiencias, sentimientos, emociones, instintos, movimientos.

El sentido de la política se manifiesta en el conjunto de valores y el mensaje que ésta expresa en una amplia gama de naturaleza: estética, religiosa, política, económica, social, cultural; es decir, puede expresarse en todos los ámbitos.

Al surgir el quehacer político creado por quien lo sustenta y dado a conocer al público, queda sujeto a sentidos y significaciones diferentes de las que su creador pensó. Pero un quehacer político será tanto más vivo y valioso en la medida de su riqueza hermenéutica, es decir, en cuanto contenga una multiplicidad de posibilidades interpretativas.

Al momento de conocer y analizar el quehacer que se desprende de una obra política lo más importante es el substratum,o sea, los valores que pretendió exaltar o destruir quien ha concebido estas líneas de acción. Sin embargo, ese sustrato sólo cobra sentido al momento en que todo ese quehacer se concreta en la realidad donde su transformación será el sello que garantiza la eficacia de tal quehacer.

En rigor, el político es un testigo de su tiempo y de su sociedad. De entrada, puede decirse que no se trata de un testigo cualquiera sino uno de excepción. Y precisamente por eso, porque es un ser de excepción, no debe pasar por alto que la política es histórica y su tendencia es la conservación de la verdad del quehacer político.

La política es historia en el sentido esencial de que funda la historia. La política hace surgir la verdad. La política hace saltar como conservación creadora la verdad de lo existente en sus líneas de acción.

Ahora bien, si el político es un testigo calificado, y por lo mismo digno de tomarse en cuenta al momento de estudiar un determinado período histórico de cualquier sociedad, ello no significa que deba hacerse una simple exégesis de su testimonio político.

Si algo debiera distinguir al político profesional de nuestro tiempo, es el compromiso que debe mantener con la colectividad; compromiso en pro del mejoramiento de la condición de todos y cada uno de los hombres y mujeres integrantes de esa colectividad.

El político puede concebir su quehacer como le venga en gana, pero no puede ni debe olvidar que su quehacer debe contribuir a la promoción de la condición humana hacia lo mejor, pasando por el bienestar para trascender su condición económica, digamos.

No hacerlo así y, por el contrario, coadyuvar al envilecimiento del ser humano constituye un crimen, no sólo de orden moral, cuanto que su acción nefasta va encaminada a la destrucción y el aniquilamiento.

Los grandes políticos de la historia universal han producido un quehacer que, en una u otra forma, han promovido al ser humano a una mayor dignidad ontológica.

La actual narrativa del presidente López Obrador, sostenida por expresiones discursivas ambiguas y cargadas de vaguedad, oculta algo esencial: su falta de compromiso social. Así se percibe cuando el sentido de su quehacer político no se corresponde con el substratum que dice exaltar.

Si no hay esa correspondencia, el político López Obrador no puede darle dimensión histórica a su tarea; pierde el derecho a ser evocado por generaciones futuras. Su intrascendencia histórica lo hundirá, seguramente, en la no-historia.

Gabriel García Márquez, la mejor expresión del realismo mágico, decía que donde hay pasión hay chapuza; es decir se miente, se hace trampa. Mi presidente es chapucero, hace trampa, le falta pasión por el compromiso social para responderle al pueblo que dice privilegiar.

Según el informe referido arriba, hoy tenemos más pobres. En términos de significación esto quiere decir en principio que el quehacer de un político constituyó un fracaso. En otro aspecto revela una falta de compromiso frente a la colectividad que gobierna.

Y ante esa pobreza que lo abruma, el mexicano de hoy no tiene posibilidades de abandonar su condición de existencia. Y por eso también, para expresar su vida sólo entrega su muerte, visible en la pandemia que nos azota, en la violencia desplegada en los colgados de Zacatecas, en la carencia de medicamentos en un sistema de salud destruido, en los migrantes que son nuestros por estar en nuestro territorio, en…

La obra de un político significativamente trascendente desde el punto de vista histórico resulta de ese tamaño porque en sí misma constituye un hito en la evolución ontológica del hombre en su dimensión colectiva o individual.

Lejos está mi presi de esa condición; el informe del Coneval son otros datos de la misma realidad que López Obrador enmascara con su visión paradisíaca de México.

San Juan del Cohetero, Coahuila, 1955. Músico, escritor, periodista, pintor, escultor, editor y laudero. Fue violinista de la Orquesta Sinfónica de Coahuila, de la Camerata de la Escuela Superior de Música y del grupo Voces y Cuerdas. Es autor de 20 libros de poesía, narrativa y ensayo. Su obra plástica y escultórica ha sido expuesta en varias ciudades del país. Es catedrático de literatura en la Facultad de Ciencia, Educación y Humanidades; de ciencias sociales en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas; de estética, historia y filosofía del arte en la Escuela de Artes Plásticas “Profesor Rubén Herrera” de la Universidad Autónoma de Coahuila. También es catedrático de teología en la Universidad Internacional Euroamericana, con sede en España. Es editor de las revistas literarias El gancho y Molinos de viento. Recibió en 2010 el Doctorado Honoris Causa en Educación por parte de la Honorable Academia Mundial de la Educación. Es vicepresidente de la Corresponsalía Saltillo del Seminario de Cultura Mexicana y director de Casa del Arte.