COVID-19, vacuna, dudas razonables

Una duda razonable no es una duda basada en compasión o prejuicio; en cambio, está basada en la razón y el sentido común. La duda razonable está lógicamente conectada a la evidencia o ausencia de evidencia. Probar más allá de una duda razonable no implica prueba hasta una certeza absoluta. ¿Se debe aplicar a la vacuna COVID? Veamos.

¿Cuáles son los ingredientes de una vacuna?

Las vacunas contienen fragmentos minúsculos del organismo causante de la enfermedad, o las «instrucciones» para hacer esos fragmentos. Asimismo, contienen otros ingredientes para mantener la seguridad y la eficacia de la vacuna.

Cada componente de una vacuna cumple una finalidad específica, y cada ingrediente se somete a diversas pruebas durante el proceso de fabricación. En ese proceso se verifica la seguridad de todos los ingredientes.

Todas las vacunas contienen un componente activo —el antígeno— que genera una respuesta inmunitaria —anticuerpos defensivos—, o las instrucciones para producir ese componente activo. El antígeno puede ser una pequeña parte del organismo causante de la enfermedad, por ejemplo, una proteína o azúcar, o bien el organismo completo atenuado o inactivado.

He aquí el riesgo de una vacuna mal elaborada, puede producir la enfermedad, en vez de prevenirla. Me consta pues «lo vi con mis propios ojos»: aquí en México, allá por 1973-74, por primera vez se vacunó para fiebre tifoidea, cuya aplicación produjo decenas de muertos de choque séptico con peritonitis por perforación intestinal; es decir, fiebre tifoidea, peor que antes de la vacunación. Se desechó esa vacuna. Políticamente se manejó que un drenaje contaminó al sistema de agua potable del DF y Edomex.

¿Cómo se desarrollan las vacunas? Al igual que todos los medicamentos, cada vacuna debe pasar pruebas amplias y rigurosas que garantizan su seguridad antes de introducirla en un programa nacional de vacunación.

Ante todo, cada vacuna en desarrollo debe someterse a investigaciones y evaluaciones destinadas a identificar los antígenos que se deberían utilizar para generar una respuesta inmunitaria. Esa fase preclínica se realiza sin pruebas en seres humanos. Una vacuna experimental se prueba inicialmente en animales, con el fin de evaluar su seguridad y sus posibilidades para prevenir la enfermedad.

Si la vacuna provoca una respuesta inmunitaria, se la prueba en ensayos clínicos con seres humanos, en tres fases.

Fase 1: La vacuna se administra a un pequeño número de voluntarios (100) con el fin de evaluar su seguridad, confirmar que genera una respuesta inmunitaria y determinar la dosis correcta.

Fase 2: La vacuna se administra a unos 500 voluntarios, con el fin de evaluar más a fondo su seguridad y su capacidad para generar una respuesta inmunitaria. Generalmente, en esta fase se incluye un grupo al que no se le administra la vacuna, con miras a realizar comparaciones y determinar si los cambios en el grupo vacunado son atribuibles a la vacuna o se han producido por azar.

Fase 3: La vacuna se administra a miles de voluntarios y se realizan comparaciones con un grupo similar de persona que no fueron vacunadas, pero recibieron un producto comparador, a fin de determinar si la vacuna es eficaz contra la enfermedad y estudiar su seguridad en un grupo de personas mucho más numeroso.

Durante los ensayos de fase 2 y fase 3 los voluntarios y los científicos que realizan el estudio no saben a qué voluntarios se les administra la vacuna y a quiénes se les administra el producto comparador. Esto se conoce como «ensayo de doble ciego», y es necesario para asegurar que en sus evaluaciones de la seguridad o la eficacia de la vacuna, ni los voluntarios ni los científicos se vean influenciados por saber quiénes recibieron qué producto.

Los expertos están de acuerdo con que una vacuna sería el arma definitiva frente al coronavirus, también afirman que no estaría disponible antes de 12 o 18 meses. El récord en desarrollar una vacuna completamente novedosa es de al menos cuatro años.

No obstante lo anterior, apenas llevamos unos 11 meses y ya nos están vendiendo la vacuna.

¿Cómo puede acortarse la aprobación por la FDA? La aprobación no es una mera formalidad y puede llevar un año entero durante el que los científicos y los comités asesores revisan los estudios para estar seguros de que la vacuna es tan segura y efectiva como dicen sus fabricantes. El no revisar a detalle los documentos científicos puede conducir a una situación como la vivida en los cincuenta con la contaminación de un lote de la vacuna antipoliomielítica inactivada con virus salvaje que provocó la muerte a varios niños. La cuestión que surge es: ¿por qué hay tantos equipos de investigadores que expresan unas predicciones tan optimistas, cuando la mayoría de los expertos se muestran escépticos incluso para los 18 meses?

Quizás porque no solo escuchan al público, sino también a los que invierten millonadas de dólares en tales investigaciones.

Otro punto a considerar es el de las vacunas «novedosas» que no han sido utilizadas en humanos hasta ahora. Y ahí surge el tema de la vacuna de ARN mensajero, a la que Bill Gates la ha calificado como una de las seis innovaciones que pueden cambiar el mundo. La pregunta es: ¿puede funcionar?, según el Dr. Ledley de la Universidad Bentley «en términos de probabilidades de éxito, lo que dicen los datos es que los ensayos llevarán más tiempo y será menor la probabilidad de su comercialización».

Por todo lo anterior, yo no soy creyente, sino «dudante», como dice Atahualpa Yupanqui, luego entonces, por el momento, no aceptaré que me vacunen, dudando razonablemente. La decisión es personal y no incito a que no se vacunen. Hacerlo, sería irresponsable.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.