COVID, diálisis, fiebre tifoidea y dexametasona

Los daños colaterales desencadenados por la histeria social y médica de COVID, continúan. Un hombre de unos 40 años de edad, campesino ejidatario, por fiebre de 39 grados, sin síntomas respiratorios agudos sugestivos de COVID, acudió a su médico, le solicitó estudios de laboratorio, entre ellos unas reacciones febriles que resultaron positivas para fiebre tifoidea. Recibió antibiótico en forma correcta para fiebre tifoidea y un calmante de la fiebre, pero en la prescripción se añadió dexametasona y prednisona a dosis máximas, ambos, derivados de la cortisona con efecto inmunosupresor (baja defensas inmunológicas), por lo que están cuidadosamente contraindicados en infecciones bacterianas agudas.

Deduzco que esta prescripción fue dirigida hacia COVID, porque la fiebre tifoidea, ya he comentado, provoca los llamados síntomas atípicos de COVID:

1. Dolor de cabeza intermitente.

2. Dolor detrás de los ojos.

3. Ojos llorosos o ardor de ojos.

4. Dolor muscular especialmente en espalda baja.

5. Mucho sueño y fatiga.

6. Pérdida del olfato y del gusto.

7. Manchas o ronchas en la piel.

8. Diarrea.

Estos ocho síntomas son más típicos de fiebre tifoidea que de COVID, desde el principio y cuando yo lo vi, muy grave, 10 días después y sin ningún síntoma respiratorio, aunado al dato de laboratorio con reacciones febriles positivas, el diagnóstico más viable era fiebre tifoidea. Tenía ya un síndrome de choque séptico con presión baja, grave, acudió a dos sanatorios privados, no lo recibieron porque «tenía COVID» y no tenía dinero. Propuse se atendiera en su domicilio, en su lejana comunidad. No respondió a soluciones parenterales y antibiótico intravenoso. Murió. El daño de la dexametasona y prednisona fue irreversible e inconmensurable.

Continuamos con la narrativa del drama del enfermo de insuficiencia renal, muerto por complicación de la diálisis y también etiquetado de COVID, sin tener COVID:

«De los costos ya algo le conté, creen que por que uno va a un servicio privado le sobra el dinero y no se miden al recetar o pedir pruebas y análisis, si hicimos el esfuerzo fue para evitar las largas esperas en el ISSSTE y tener contacto con mucha gente por todo lo que estaba pasando, creímos en nuestra “inocencia” que se tendría un mejor servicio y que al ser privado encontraríamos a gente más capaz y mejor trato, pero no, el primer nefrólogo ni siquiera lo revisaba físicamente, ni peso, ni presión, ni nada, mi papá me llegó a decir: “mira hijo lo que pasa cuando uno se vuelve viejo y enfermo, nos hacemos invisibles”, el nefrólogo no le hablaba a él, todo me lo decía a mi, no le preguntaba, ¿cómo sigue?, ¿qué ha sentido?, ¿le ha dolido algo?, ¿cree que ha mejorado? Nada, el se dedicaba a ver papeles. Curiosamente de los que si tuvimos muy buena atención fue de los enfermeros y enfermeras que se veía que hacían con verdadero cariño y vocación su trabajo, al menos los que nos tocaron siempre fueron muy amables y atentos a lo que se nos ofreciera. Lo malo es que como pasa casi siempre, me di cuenta que son de los más explotados en ese sector, los traen para arriba y para abajo, doblando y hasta triplicando turnos y en ocasiones hasta haciendo la chamba que le correspondería al doctor.

»Le agradezco el apoyo que nos brindó desde Poza Rica, por WS y su paciencia al explicar muchas cosas que no entendía, creo que no podría yo decirle que podría agregar a su columna, pero lo que sí deseo es que por mucho tiempo siga con su labor de escribir y pueda llegar a más gente y, sobre todo, a más doctores, que les siga haciendo hincapié de que traten enfermos, no enfermedades, que su paciente es un todo, que no se puede valorar simplemente viendo papeles, que usen, tal como lo describe, su razonamiento lógico, porque creo que en el futuro habrá computadoras, máquinas, aparatos que darán resultados, imágenes etc. mejores que las de hoy, tal vez haya partes internas del cuerpo que serán totalmente reemplazables con piezas electrónicas o mecánicas, ¿pero qué pasará?, ¿los doctores delegaran todo lo que a ellos les toca a esas máquinas?, ¿de que servirá todo eso si el gremio médico no evoluciona al mismo tiempo?, ¿no cambia su forma de pensar y actuar?, ¿si sigue cometiendo los mismos errores?, ¿si son incapaces de ver más allá de lo que dicen los libros? Definitivamente terminaran totalmente rebasados por la tecnología y todos los avances que se hagan.

»Repito, ojalá siga escribiendo y ayudando por mucho tiempo con sus textos a la gente común y corriente como yo y si con ellos también puede lograr que aunque sea algunos de sus colegas cambien su forma de practicar la medicina, mejor aún, habrá válido la pena el tiempo que dedica en compartir sus experiencias y conocimiento.

»Le mando saludos y abrazos, desde Querétaro».

¡Vaya descripción objetiva de este sobreviviente a su padre!

En realidad, no tengo autoridad para decir lo que tiene que hacer o no, o corregir a un médico general o especialista, simplemente le propongo mi punto de vista a los enfermos que buscan mi atención y me concreto a orientarlos en lo que estoy o no de acuerdo y, finalmente ellos, deciden con cual opinión se quedan.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.