COVID, ¿pandemia o sindemia?

Indudablemente el virus de moda ha revolucionado al mundo en lo económico, político, social, en lo médico, las relaciones humanas y en conceptos filosófico humanistas. Esto no es nuevo, Heráclito de Efeso, unos 400 años antes de nuestra era, ya nos advertía que todo cambia, refiriéndose al movimiento de la materia tanto en lo biológico como en lo social. Visto así, seguramente algunos de los cambios que provoca esta mal llamada pandemia, regirán nuestra conducta por largo tiempo, mientras que otros serán temporales.

La OMS, antes de COVID, definía a la pandemia cuando se afecta a más del 10% de la población de un grupo social —para méxico serían unos 13 millones de habitantes—; pero durante la evolución de COVID, marzo de 2020, declaró oficialmente que COVID se había convertido en una pandemia, definiéndola así: «se llama pandemia, a la propagación mundial de una nueva enfermedad que se extiende por el mundo, afectando a una mayoría de personas que no tiene inmunidad sobre ella». Ya no menciona cifras.

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Cinco meses más tarde, comienza a cobrar vida el término sindemia, para referirse a la COVID-19 por un artículo publicado por Richard Horton en la revista científica The Lancet. La palabra sindemia combina dos palabras: sinergia y pandemia. La empleó por primera vez en los años 90, el antropólogo y médico Merrill Singer, para describir la interacción entre elementos biológicos y sociales en relación a la expansión de determinadas enfermedades que afectan al individuo en distintos ámbitos de su vida.

En la COVID-19 hay una clara interacción con otras enfermedades no transmisibles, como la hipertensión, obesidad, diabetes y otras de tipo crónico. Estas son especialmente frecuentes en determinados grupos de población, como los ancianos o las personas con bajos ingresos económicos.

Richard Horton indica que: «la consecuencia más importante de considerar a COVID-19 como una sindemia, implica subrayar su origen social» y, por tanto, su abordaje médico y social. Este concepto ha sido apoyado por otros expertos que opinan que emplear el término sindemia, otorga a la actual situación una visión más amplia.

Por lo anterior, la efectividad de la vacuna para el coronavirus es importantísima como solución biomédica, pero no suficiente para erradicar las consecuencias del virus. Es necesario aplicar un enfoque integral, más amplio o sistémico, para tratar no sólo la enfermedad sino también la crisis económico-social que ha acarreado.

La noción de sindemia la concibe Merrill Singer, un antropólogo médico estadounidense, en los 90. Al escribir The Lancet en 2017, con Emily Mendenhall y otros, Singer argumentó que un enfoque sindémico revela interacciones biológicas y sociales importantes para el pronóstico, tratamiento y política de salud. Es decir; las vacunas y los tratamientos médicos y la intubación, son necesarios, pero no suficientes para limitar el daño causado por el SARS-CoV-2, que exigirá más atención a las enfermedades no transmisibles y desigualdad socioeconómica de lo admitido hasta ahora.

Una sindemia no es simplemente una comorbilidad. Las sindemias se caracterizan por interacciones biológicas y sociales entre condiciones y estados, interacciones sistémicas que aumentan la susceptibilidad de una persona a sufrir daños o empeoran sus resultados de salud. En el caso de COVID-19, atacar las enfermedades no transmisibles: diabetes, hipertensión, arterioesclerosis, será un requisito previo para una contención exitosa.

La consecuencia más importante de ver a COVID-19 como una sindemia es subrayar sus orígenes sociales. La vulnerabilidad de los ciudadanos mayores, comunidades étnicas negras, asiáticas y minoritarias, apuntan a una verdad hasta ahora apenas reconocida, a saber: no importa cuán efectivo sea un tratamiento o una vacuna protectora, la búsqueda de una solución puramente biomédica para COVID-19, fracasará. A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir las profundas disparidades, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras contra el COVID-19, en tanto no se adopten medidas sistémicas (biológicas y sociales) para su control.

Como escribieron Singer y sus colegas en 2017, «un enfoque sindémico orienta de modo muy diferente a la medicina clínica y la salud pública, al mostrar cómo un enfoque integrado o sistémico para comprender y tratar enfermedades, puede ser mucho más exitoso que simplemente controlar la enfermedad epidémica o tratar a pacientes individuales».

La crisis económica no se resolverá con un fármaco ni con una vacuna. Se necesita nada menos que un avivamiento nacional. Acercarse a COVID-19 como una sindemia invitará a una visión más amplia, que abarque educación, empleo, vivienda, alimentación y medio ambiente.

Finalmente, en lo social y sistémico, no importa el término: si es epidemia, pandemia o sindemia, lo esencial es limitar los daños y en eso influye la evolución natural y la evolución de nuestras decisiones biológicas y sociales.

Lea Yatrogenia

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.