Crisis partidista y candidaturas espectaculares

La crisis es tal en los partidos que se disputan el poder político en México, que las candidaturas para este proceso electoral 2021 ya se encuentran a la venta en el mercado de la farándula. No se trata de una nueva estrategia, sino de una treta que ha funcionado en repetidas ocasiones, y no sólo en México, sino en todo el mundo. En el 2018, partidos de todos los colores postularon a cantantes, actrices y actores, exfutbolistas, conductores de TV, modelos y boxeadores para contender por diputaciones locales y federales.

Nuestra Constitución establece el derecho de todos los ciudadanos mexicanos a votar y ser votados en su artículo 35. Sin embargo, no son pocas las voces que han propuesto que se reformen los requisitos para ser candidatos en un país que está harto de ver que quienes están a cargo de tomar decisiones por todos frecuentemente no conocen ni las atribuciones de sus cargos, mucho menos el contenido de las leyes que protestan cumplir y proponen reformar en los congresos.

El pasado martes, se anunció que nada menos que Paquita la del barrio (Francisca Viveros) se registró como precandidata a diputada en Veracruz, por Movimiento Ciudadano. El mismo partido que alberga a personajes como Samuel García en Nuevo León y que nos ofreció las bufonadas de Ángel Manuel Gutiérrez Izquierdo en las pasadas elecciones para diputados locales en Torreón.

En la rueda de prensa donde Paquita anunció su precandidatura está guardada para argumentos presentes y futuros de esta discusión, una declaración brutalmente honesta y francamente cínica e inolvidable: «No sé a qué vengo aquí… Yo sólo sé que hay personas atrás de mí que son las que me van a enseñar a cómo manejar este asunto».

Ahí está el meollo del problema: no se trata de poner a todas las celebridades en la misma canasta de deshonestidad, ignorancia o incongruencia, sino de señalar la necesidad de los partidos de recurrir a estas figuras mediáticas para salvar sus registros, ocupar curules o controlar municipios y estados. No me cabe la menor duda de que en todos los partidos existan perfiles de militantes con amplia trayectoria política, con capacidad e integridad, con experiencia de trabajo y servicio; sin embargo, lo que sí es evidente, es que esos cuadros que ellos mismos preparan durante años, deberían sentirse los más defraudados cuando las cúpulas optan por candidatear personajes sin la menor idea del oficio y ejercicio de la función pública.

Otro síntoma de esta crisis o ceguera partidista será protagonista de las elecciones para alcalde en la ciudad de Torreón. El PAN parece que sólo lo integran cuatro o cinco personajes en el estado, tan desgastados como desacreditados por la propia ciudadanía. El PRI en Coahuila conoce tan bien nuestras dinámicas electorales que lleva al menos toda la pandemia preparando a su Secretario del Trabajo y placeándolo en Torreón. Y en Morena, todo parece indicar que su discurso antineoliberal y ataques contra prianistas se disuelve en Coahuila como en todo México cuando reciben con los brazos abiertos a un cuadro claramente identificado con el PAN que ha tenido el suficiente arrastre para contender en la boleta disfrazado ahora de pejista.

Para todas las propuestas partidistas, por más increíbles que parezcan, existe un antídoto infalible: la participación ciudadana antes, durante y después de todos los comicios. Antes, participemos en las discusiones de lo público, aprovechando que ahora las redes sociales permiten que nuestros mensajes lleguen directamente a las y los involucrados. Durante, vayamos a las urnas y expresemos de manera contundente que no queremos ser representados por corruptos ni payasos. Después, exijamos que los electos cumplan sus promesas de campaña, hagamos marca personal de cada declaración, obra o proyecto que pongan en marcha a nombre de todos los ciudadanos, simpatizantes u opositores, anteponiendo el bien de toda la ciudadanía a sus intereses de partido o personales.