Cuba o México: ¿Dónde te la juegas con la COVID?

Un vistazo a la gráfica sobre el comportamiento de los contagios diarios por COVID-19 evidencia que Cuba y México —por razones obvias las dos naciones que más de cerca sigo— se encuentran en las antípodas, al menos en cuanto a tendencias de propagación de la enfermedad y el modo de tratarla.

Si me atengo a los números duros y puntuales, el pico más alto de nuevos contagios reportado en la mayor de las Antillas no llega siquiera a la mitad de la cifra más baja de México. Exactamente, mil 044, el 2 de febrero en Cuba, contra 2 mil 252, el 22 de febrero, en tierras aztecas. Estas cifras, advierto, solo cubren del 1 de enero al 1 de marzo, un día antes del momento en que escribo estas líneas. Es decir, los dos primeros meses del año.

El problema es que la interpretación de los números por sí solos, y fuera de contexto, puede resultar engañosa. Para empezar, la comparación se establece entre naciones con una desproporcionada diferencia poblacional. Mientras México supera los 126 millones de habitantes, Cuba apenas roza los 12 millones. La proporción es aproximadamente de 10 a 1. Ese cero extra no debe pasarse por alto al momento de medir el estado de salubridad de un país con respecto al otro.

Pero vayamos a otro elemento no menos importante. Donde mencioné picos —favorables y desfavorables— ahora sitúo tendencias. La curva de contagios en México va en franco declive; la de Cuba, por el contrario, se ha disparado al alza. ¿Qué falló entonces en una nación que históricamente ha presumido su excelente atención médica? El gobierno de Díaz-Canel carga los dados para justificar los contagios por la llegada de extranjeros portadores del virus. La excusa es endeble porque a los visitantes foráneos se les aplican pruebas de PCR apenas ponen un pie en territorio nacional y permanecen aislados por el tiempo que las autoridades estimen. Sin embargo, tampoco está exenta de lógica cuando hablamos de un país donde el sector de servicios, a causa del turismo, aporta más del 68% del Producto Interno Bruto anual, según datos de Business Insider. O sea que la presencia de extranjeros —sin compararse con la de un par de años atrás— sigue siendo bastante común con todo y pandemia.

De cualquier modo, resulta difícil creer que sean ellos —yumas, gallegos, mochileros y un largo etcétera— los catalizadores en este rebrote epidemiológico. La transmisión acelerada del SARS-Cov-2 ya no solo en La Habana sino también en el resto de las provincias se debe, ante todo, a la falta de control sobre las medidas de contención planteadas por las autoridades. Me consta que los medios de comunicación —especialmente la radio, a la que tengo mejor acceso por Internet— emiten constantemente mensajes de alerta y concientización para que la ciudadanía respete las normas de prevención sanitaria, pero la realidad ha demostrado que la disciplina social tiende a relajarse con el paso del tiempo y estos llamados de atención distan mucho de ser suficientes. Para muchos cubanos, lo que antes se consideraba aviso, pronto se convierte en cantaleta.

Afortunadamente, Cuba todavía está en condiciones de ingresar en un hospital a quienes dan positivos a la COVID-19. En eso difiere mucho de las capacidades hospitalarias y la estrategia de enfrentamiento a la enfermedad que sostiene México donde, la escasez de camas libres, obliga a recibir solamente aquellos pacientes que presentan síntomas graves. Quizás eso promueva los malos augurios que comparten personas de clase media y baja —la mayoría de la población, por supuesto— más o menos convencidas de que, si entras a un hospital por COVID-19, es poco probable que salgas con vida. Vale aclarar que, acorde a las cifras proporcionadas por Bloomberg, la tasa de muertes en México por este virus es de 59.2 por millón, primera en América Latina y décimo quinta en el mundo.

En general —porque las excepciones nunca faltan— ser internado en un hospital cubano, pinta bastante diferente. Y puedo asegurar que, así seas asintomático te encontrarán un lugar. En México, a los asintomáticos los mandan de regreso a casa y allí deberán sanar como puedan. En Cuba, de inmediato comienzan a reforzar el sistema inmunitario del paciente con inyecciones de Interferón alfa-2b, sin duda uno de los mejores fármacos logrado en los laboratorios del archipiélago y que ya cuenta con más de 30 años de probada eficacia. No es un antídoto. No. Pero es una buena alternativa para inhibir la propagación del virus a las células no infectadas del organismo. Para contar con un antídoto los cubanos residentes tendrán que esperar por la aprobación de la Soberana-2 —¡que hasta el nombre de una vacuna tiene que politizarse!— o por alguna de las otras vacunas que se están desarrollando internamente porque ya quedaron muy atrás los tiempos en que la extinta Unión Soviética ayudaba a su república más querida y menos reconocida.

En ese aspecto —el sistema de vacunación— México le lleva la delantera. A fuerza de billetazos ha acordado millones de dosis con distintas farmacéuticas y, aunque con atrasos como suele ser marca distintiva en casi todas las naciones al sur del Río Bravo, ha logrado echar a andar su plan de inmunización. Casi todo el personal médico de la salud que atiende la COVID-19 y buena parte de los adultos mayores en el país ya recibieron, mínimo, la primera de las dos dosis necesarias. Se espera que para finales de junio la población mayor de 40 años haya sido vacunada. La meta es ambiciosa, pero aun si no se cumpliera a cabalidad, al menos un por ciento elevado del sector más vulnerable estaría protegido.

Así las cosas, no determinaré yo cuál de las dos naciones representa un mejor escenario para evitar o sobrellevar este angustioso avatar epidémico. Dejo que cada quien elija dónde vivir… en tiempos de pandemia, aclaro, porque en tiempos normales todavía no conozco un mexicano que agarre una balsa para irse a vivir a Cuba.

La Habana, 1975. Escritor, editor y periodista. Es autor de los libros El nieto del lobo, (Pen)últimas palabras, A escondidas de la memoria e Historias de la corte sana. Textos suyos han aparecido en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de Espacio 4 y de la revista hispanoamericana de cultura Otrolunes.