Desenmascarar al hipócrita

Entender nuestra propia vida, aceptarla, asumirla, saber lo que somos, aclarar lo que queremos, aceptar con serenidad lo que ha de venir inevitablemente. Éstas sí que son metas increíbles pero no imposibles de alcanzar. Las distancias más difíciles de recorrer son siempre las interiores. El asunto es que cada quién va creciendo y haciendo lo que puede con sus días. Hay que vivir la infancia lo mejor posible, y luego la adolescencia, y luego la juventud, después la madurez, y luego la vejez, y después, al fin, la muerte.

Todos vivimos nuestras vidas enfrente de los otros; todos crecemos con testigos. Se trata de una hazaña solitaria que se realiza en público. Aunque solo fuera por eso, deberíamos esforzarnos, de verdad, en vivir nuestras vidas con un mínimo de respetabilidad y honradez.

Con frecuencia cavilo en esto cuando descubro esa enorme presión de nuestra sociedad, de nuestra familia, de nuestro trabajo y, en pocas palabras, de nuestro entorno, para que seamos más ricos, más «exitosos», más «triunfadores». ¡Qué estupidez basar el éxito únicamente en lo público, en lo profesional, en lo palpable… en el dinero! ¿Qué mayor triunfo y éxito puede haber que el de vivir la vida con modestia, con congruencia, con vocación de servicio y conscientes de nuestra naturaleza de ser sabiendo crecer y envejecer y en un futuro morir tranquilo, sereno y con dignidad?

La mejor manera de vencer los miedos que uno tiene en la imaginación es enfrentándose con la realidad porque si no, uno fabrica o le siembran temores en la cabeza y nos movemos impulsados por ellos y vivimos auto engañándonos. Hay que ser valientes e investigar como son las cosas. Qué maravilla es poder desenmascarar a los hipócritas, a los ambiciosos y enseñar a quién no conoce las circunstancias de verdad. El miedo provocado por los chismes y las calumnias, es un monstruo terrible tan frecuente en nuestra sociedad, que hay que enfrentarlo para no caer en sus garras. La felicidad duradera tampoco es la ausencia de problemas. Hay que ser conscientes de que la ley de causa y efecto es ineludible.

Teatrista.