Deshidratación por depresión y COVID

La causa principal de estados depresivos es la pérdida de un ser querido. Aunque también se debe a la pérdida de seres, no muy queridos, como en los divorcios. La pérdida de mascotas, las inundaciones con daños al hogar o hasta la venta de un coche que se ha poseído por largo tiempo, tal como le sucedió a un paciente, pueden deprimir a cualquier persona.

Lo anterior está en relación con el caso clínico comentado en la anterior entrega (04.05.21) de la paciente que en esta segunda consulta me hablaron por teléfono informándome: «Doctor, mi madre volvió a empeorar, queremos que la vuelva a revisar. Ya no camina y está somnolienta».

Llegaron al consultorio con la enferma y fue necesario subirla en vilo.

Estaba mucho más deshidratada que en la entrevista previa, su lengua era sarrosa, la presión arterial muy baja, 80/40 (normal de 90/50 a 150/110), la frecuencia respiratoria, frecuencia cardiaca y temperatura normales. Estaba consciente pero muy decaída, bien orientada en tiempo espacio y persona, sin confusión mental pese a la presión baja que disminuye el flujo sanguíneo general, siendo el sistema nervioso, el más sensible al bajo gasto cardiaco propio de estos estados.

Las causas más frecuentes de presión baja aguda son deshidratación por diarrea copiosa, o por pérdidas de sangre, por ejemplo, en traumatismos, que no tenía la paciente. Una causa muy frecuente de presión baja, que veo con más frecuencia que las mencionadas, es la dosis excesiva de medicamentos para la presión arterial. Esta presión baja es de evolución lenta e intermitente dependiendo de las dosis de los medicamentos y del horario de la ingestión de los mismos. Esta paciente no ingería medicamentos para la presión arterial.

En temporadas de calor intenso también es frecuente observar estados de deshidratación si no se ingieren las pérdidas diarias forzosas de líquidos —2 litros, promedio— más las pérdidas por sudoración, que es variable, según la temperatura e intensidad y duración de las actividades físicas.

Alguna vez me llevé mi báscula portátil a un partido de futbol en temporada de calor: me pesé antes y después del partido, en 90 minutos de los dos tiempos de juego intenso, bajé 4 kilos, por supuesto lo equivalente en sudor. Al exprimir la playera, chorreaba gran cantidad de agua.

En caso de jugar tiempo extra hay un gran riesgo: si uno no se rehidrata puede sufrir calambres que son mucho muy molestos, los cuales se deben a la pérdida de cloruro de potasio y de cloruro de sodio (sal común), que son esenciales en la contracción muscular.

Puesto que la paciente estaba consciente y era acompañada por un par de sus hijos, se dedujo que el empeoramiento de su deshidratación se debió parcialmente al diurético que prescribí para deshinchar sus pies, hecho que configura un caso de iatrogenia de la que asumí la responsabilidad ante la paciente y sus familiares. Y así se los dije. No obstante, ellos reconocieron que eran corresponsables, incluso la paciente así lo reconoció: No tomé agua como usted me indicó, doctor. Ni siquiera ingerí un litro diario y usted me recomendó unos dos. Y no le hice caso a mis hijos quienes me insistieron. Reconoció la enferma. Y no tomé agua porque no tenía sed, no me da sed.

Tanto en temporadas calurosas como durante el frío y precisamente en toda esta temporada de confinamiento por COVID, todos los días he observado muchos casos de deshidratación con debilidad, muscular, mareos, dolores de cabeza, dolores musculares, y otros por varios factores que se han conjugado para este fenómeno y que comento enseguida:

1.- Por la edad avanzada se deteriora el centro nervioso automático de la sed, el cuerpo no pide agua y nos vamos deshidratando lentamente si no ingerimos mínimo litro y medio o más de líquidos.

2.- El confinamiento, la crisis económica con bajas ventas comerciales, conlleva trastornos emocionales con tendencia a la depresión, estado emocional en el que disminuyen ciertas funciones necesarias para mantener un buen equilibrio metabólico y líquido.

3.- El pánico a enfermarse de COVID, puede empeorar los estados de depresión y disminución de funciones de muchos órganos y sistemas.

Estos tres factores se conjugaron para explicar el estado de esta paciente. Durante el interrogatorio, esta mujer ya arrastra ciertos conflictos emocionales que facilitaban un estado de depresión en el que se pierde interés en las actividades cotidianas, incluyendo una deficiente ingestión de líquidos que empeora.

Una amplia orientación e intercambio de preguntas y respuestas con la paciente y sus hijos, facilitó la comprensión amplia del problema. Han pasado más de 30 días y me han informado que la paciente se estabilizó, sin necesidad de medicamento alguno.

Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Veracruzana (1964-1968). En 1971, hizo un año de residencia en medicina interna en la clínica del IMSS de Torreón, Coahuila. Residencia en medicina interna en el Centro Médico Nacional del IMSS (1972-1974). Por diez años trabajó como médico internista en la clínica del IMSS en Poza Rica Veracruz (1975-1985). Lleva treinta y siete años de consulta privada en medicina interna (1975 a la fecha). Es colaborador del periódico La Opinión de Poza Rica con la columna Yatrogenia (daños provocados por el médico), de opinión médica y de orientación al público, publicada tres veces por semana desde 1986.