Desvanecimiento de la imaginación

Aunque parezca superficial a muchos, el consumismo es una de las cosas más importantes que le han sucedido a la sociedad mexicana en las últimas décadas. El consumismo y su cultura son capaces de explicar lo más característico de la última transformación en los usos y costumbres, en los valores y en las canciones, en las maneras de amar o de divertirse.

El patrón cultural que ha instaurado la era del consumo, ha ido sustituyendo la trascendencia por la más grande permanencia; el compromiso por la desvergüenza, y la larga espera, por la máxima inmediatez.

La condición de la adolescencia, que sirve en cada época como fachada de lo novedoso, se va manifestando en una fuga confusa, metafísica. Mientras que el noventa y tantos por ciento se declaran católicos, en la práctica, menos de la mitad se siguen adhiriendo a la iglesia católica en sus ceremonias. Y no porque se adscriban al protestantismo, al budismo o al Islam, sino porque cada vez se sienten más defraudados en lo que fue su fe.

Sentirse ateo o antirreligioso no conlleva necesariamente a no creer en nada, pero, cada vez, se cree con menor convicción y se tiende por lo general al compromiso episódico, ocasional. Frente al consumismo que conduce a la instantaneidad, la antigua virtud burguesa del ahorro, si hubiese garantía de empleos, podría significar una apuesta por el porvenir. Ahora los muchachos no tienen confianza en ninguna de las instituciones políticas o religiosas, tampoco en el futuro o la suerte. Por otro lado, persiste la duda ante la posibilidad de poder alcanzar sus metas. ¿Hay ya profesiones para toda la vida?, ¿matrimonios, patrimonio, y casa para siempre? El destino es incierto.

El amor ha pasado a formar parte del mismo sistema de consumo. ¿Sufrir trágicamente por amor? Ahora ya no se sufre por amor a los extremos de un bolero. Todas esas músicas románticas son casi añoranzas gloriosas sobre un espacio más concurrido, escandaloso y resplandeciente.

El desvanecimiento de la imaginación es el síntoma político paralelo al desorden en la idea del progreso.

Teatrista.