Francia protesta contra la barbarie y defiende las libertades de culto, conciencia y expresión

Este nuevo caso de extremismo islamista, en un país que defiende el laicismo a ultranza, presiona al presidente Macron. El gobierno galo promueve reformas para proteger a la población de nuevos atentados

Reforma antiseparatista

Samuel Paty (47 años), un profesor de Historia y Geografía que impartía clase de educación cívica sobre libertad de expresión en el College du Bois d’Aulne, en París, usó unas caricaturas sobre el profeta Mahoma para explicar sus ideas. Poco después, un extremista checheno lo decapitó en represalia.

El hecho sacó a los franceses a las calles para repudiar el atentado contra el Estado laico y secular y la libertad religiosa establecido por la constitución.

Paty ya había usado imágenes similares para ilustrar el debate sobre la libertad de expresión, comentaron algunos de sus estudiantes al periódico Le Monde.

El contexto es relevante, pues las lecciones de Paty coincidieron con el juicio contra los presuntos cómplices del ataque al semanario Charlie Hebdo en 2015, el cual continuará hasta noviembre.

En el ámbito internacional de los derechos humanos, la libertad de «creer» pesa lo mismo que la de «no creer». Manifestar una u otra postura sin temor a represalias es un derecho. Desde ese ángulo, los atentados terroristas o de cualquier índole son inadmisibles.

El debate genera una tensión política particular en Francia, sobre todo en lo relativo a libertad de expresión y modalidades de arte, literatura, retórica y otros temas considerados «sacrílegos» o «blasfemos» por una parte de la población.

La misma situación se manifiesta en múltiples controversias y conflictos alrededor del mundo entre quienes consideran «retrógradas» las leyes que castigan la blasfemia, por considerarlas atentatorias de la libertad de expresión y los derechos humanos; y quienes demandan protección legal para sus creencias religiosas.

No puede separarse el tema de la religión como fuente de poder político. En muchas sociedades, blasfemar no es solo una amenaza a las creencias, sino también al orden político. En estos casos, el castigo institucional y la respuesta popular a la blasfemia tienden a ser más severos y violentos.

El mundo registra numerosos incidentes por actos de supuesta blasfemia. Los efectos han sido: pánico moral, protestas públicas, persecuciones, llamamiento al asesinato y otras formas de represión política.

Uno de los casos más sonados ocurrió en 1989, cuando el ayatolá iraní Ruhollah Jomeiní condenó a muerte al escritor indio-británico Salman Rushdie por «blasfemar» contra Mahoma en su novela Los versos satánicos. Un empresario iraní ofreció 3 millones de dólares a quien ejecutara la sentencia.

Varios eruditos islámicos siguieron el ejemplo. Ofrecieron fetuas —pronunciamientos legales hechos por un muftí—. La muerte de Jomeiní en 1989 dio carácter permanente a la sentencia. El traductor italiano de Los Versos fue golpeado y apuñalado en Milán. Hitoshi Igarashi —traductor japonés del libro— fue asesinado en 1991 en la universidad donde enseñaba en Tsukuba. La misma suerte corrió el editor noruego William Nygaard. En Sivas, Turquía, 37 personas que escuchaban a Aziz Nesin —editor y traductor de algunas partes del libro— perecieron cuando el hotel sede fue incendiado.

«Desde 2012 se han producido 36 atentados llevados a cabo por una minoría de musulmanes en Francia. Sin embargo, en lugar de abordar las causas fundamentales del fenómeno —que algunos, incluido el propio Macron, han argumentado que incluyen la alienación social—, el Estado centra su atención en todos sus ciudadanos musulmanes, sin dirigir la misma energía hacia los supremacistas blancos y nazis del país» (mor.bo, 26.10.20).

Los comentarios de Macron en torno a una reforma a la ley de cultos que va contra el separatismo islamista en Francia se considera provocadora; los activistas señalan que el gobierno debería invertir más esfuerzos en abordar la marginación de los musulmanes franceses.

Campaña de odio

«Las lecciones (de Paty) eran divertidas. Él contaba chistes. Se compenetraba con el tema», dijo una de sus colegas. «En ningún momento quiso ser irrespetuoso, eso es lo que me dijo mi hijo», señaló uno de los padres de los estudiantes (Le Monde, 19.10.20).

El problema es que las lecciones no agradaban a los musulmanes. El 7 de octubre, el padre de una alumna de Paty publicó un video en Facebook, «muy enojado por lo sucedido». Su hija —comentó— había sido «disciplinada por expresar su disgusto».

El rechazo no quedó en las redes. El ofendido se quejó con al director del colegio y divulgó un segundo video para manifestar su indignación. De allí prendió la campaña de odio contra el profesor. Cinco días después, el 12 de octubre, el padre de otra estudiante acusó al presidente Emmanuel Macron de incitar al odio hacia los musulmanes.

Abdoullakh Abouyezidovitch, migrante musulmán checheno de 18 años, fue al College du Bois d’Aulne. Pidió a los estudiantes señalar a Paty y abandonar el salón. Fue directamente hacia el profesor y lo decapitó. El asesino subió la fotografía a Twitter. La policía lo abatió poco después.

Trece días después, el 29 de octubre, en otro atentado con tintes religiosos, al grito de «Alá es grande», un terrorista atacó y mató con arma blanca a tres personas en la basílica de Notre Dame en Niza, Francia. El atacante fue gravemente herido al ser arrestado. E4


Reforma antiseparatista

El ataque a Samuel Paty se produjo en medio de una reforma a la ley de cultos en Francia presentada por el presidente Macron con particular emfoque contra el separatismo islámico. La iniciativa afronta al extremismo religioso que ha cobrado en ese país la vida de decenas de personas en la última década. Propone aplicar controles a las prácticas religiosas, en especial las que provienen del islam. Este ha sido un objetivo de los presidentes franceses desde la década de 1980.

Los franceses exigen un «cambio profundo» para evitar nuevas tragedias.

El proyecto de Macron será presentado el 9 de diciembre en la Asamblea. Busca reforzar el «laicismo y el respeto a los principios republicanos» a través de una serie de medidas:

  • Ampliar la prohibición del hiyab —pañuelo usado por las mujeres musulmanas— y supervisar las normas contra la laicidad francesa, como los horarios en piscinas para mujeres y para hombres.
  • Controlar las asociaciones islámicas para verificar su financiamiento.
  • Reformar el sistema de educación en el hogar, limitado a quienes estrictamente necesiten este servicio por cuestiones de salud. La tradición musulmana es educar a los hijos en casa.
  • Modificar la formación islámica de sus autoridades. Plantea que los imanes (guías) musulmanes, por ejemplo, se certifiquen en Francia. Los formados en el exterior pueden propagar «ideas extremistas», lo cual representaría un peligro.
  • Crear un «instituto científico de islamología» encargado de investigar la civilización musulmana para entender su cultura, su historia y el idioma árabe; y no permitir «la adhesión del islam a debates ideológicos y exclusivamente políticos».
  • Macron pretende reforzar la presencia del Estado en las ciudades. Propone más presencia de jueces y de la policía con mayor proximidad a los ciudadanos para evitar discriminación. E4

Periodista