Freno al presidente en el Congreso y luz verde a Morena en 11 estados

Fracasa la coalición Va por México (PRI-PAN-PRD), a la cual se sumaron escritores, elites económicas y medios de comunicación, en su propósito de hacerse con el control de la Cámara de Diputados; tampoco ganó una sola gubernatura. Acción Nacional conserva Chihuahua y Querétaro; MC vence en Nuevo León y el tándem Verde-PT, en San Luis Potosí

Morena, el rival del PRI para la sucesión del 23

El 40% que «nunca votaría» por el PRI

Morena y aliados amarran Congreso y continuidad de la 4T

Saltillo y Torreón le hacen el feo a Morena: abrazan al PRI

Seis gobernadoras a escena

Los comicios del 6 de junio difícilmente podían haber tenido otro final. La tormenta en el partido gobernante, invocada por los augures, llegó en forma de brisa. Morena y sus aliados perdieron la mayoría calificada en el Congreso, pero no la absoluta (50 más uno). A cambio, ganaron 11 de 15 gubernaturas en juego (siete al PRI). Frente a unas oposiciones anquilosadas, sin liderazgo ni propuestas y, para más inri, bajo el mismo paraguas (Pacto por México) que protegió al expresidente Enrique Peña Nieto y participó de la corrupción del sexenio, la mayoría de los ciudadanos mantuvo su apoyo al presidente Andrés Manuel López Obrador, pese a los errores de su gobierno. La guerra sucia contra el fundador de Morena, la repetición de la campaña de miedo de 2006, el encono de la «comentocracia» y las embestidas de la oligarquía, volvieron a jugar en favor del activista, el caudillo, el agitador y el «falso mesías» como el semanario británico The Economist y otros medios extranjeros llamaron al líder de la Cuarta Transformación en vísperas de las votaciones.

También perdieron los gobernadores cuya pretensión de arrebatarle a AMLO el control de la Cámara de Diputados no la inspiraban el federalismo ni el equilibrio de poderes, pues en los estados las legislaturas y los tribunales de justicia son sus satélites. El propósito era imponerle condiciones al presidente (como lo hicieron con Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto), quien les cerró las llaves de la Secretaría de Hacienda por el uso discrecional y opaco de fondos federales; recuperar privilegios, afianzar sus feudos y protegerse de futuros desafueros como el de su colega de Tamaulipas, Francisco Javier Cabeza de Vaca (PAN). La Alianza Federalista quedó menguada. Tres de sus integrantes: Ignacio Peralta (Colima), Silvano Aureloes (Michoacán) y Jaime Rodríguez entregarán el poder a Indira Vizcaíno, Alfredo Ramírez (Morena) y Samuel García (Movimiento Ciudadano).

Los grupos mediáticos que apostaron todo contra López Obrador y su partido, entre ellos Reforma y El Universal, tampoco lograron su objetivo de volver al país a los gobiernos divididos del periodo 1997-2018, comprendido entre la segunda mitad de la administración de Ernesto Zedillo y los sexenios de Fox, Calderón y Peña. Infinidad de columnas políticas y de análisis se volvieron monotemáticas, y a medida que los comicios se aproximaban el bombardeo arreció, lo cual anticipaba su fracaso. Pasaron por alto varias cuestiones:

1. A quien debieron disuadir de votar por Morena era a la base electoral de López Obrador —no a ellos mismos ni a sus públicos, mayormente contrarios al presidente—, la cual, si difícilmente consulta la prensa nacional, mucho menos recurre a la extrajera. Los partidarios del AMLO no leen periódicos, se informan por medios alternativos. Las redes sociales volvieron a ser instrumento de la guerra sucia;

2. La falta de credibilidad de la «comentocracia», en particular de la consentida por Peña Nieto, cuyos pagos millonarios fueron exhibidos por López Obrador en una de las mañaneras;

3. El impacto de los programas sociales de la 4T en sectores históricamente marginados. Calificar el apoyo a los ancianos, jóvenes y personas con discapacidad de «dádiva», y no de «rescate» o «salvamento» como cuando se trata de banqueros y contratistas, ofende y discrimina;

4. En el ánimo de los electores todavía pesan menos los errores del gobierno de AMLO —algunos de ellos garrafales— que los sexenios de corrupción, impunidad y arrogancia de sus predecesores; y

5. La quiebra del sistema de partidos. La coalición Va por México naufragó. Si el PRI, PAN y PRD juntos no pudieron con Morena y sus aliados, solos habrían sido arrollados como ocurrió en 2018. La partitocracia dejó el peso de las elecciones a la ciudadanía.

Mérito ciudadano

La derrota de la coalición Va por México y su alianza de facto con intelectuales, medios de comunicación y elites nacionales y extranjeras para impedir que la izquierda se hiciera de nuevo con la mayoría en el Congreso, la prefiguró la intensificación de la campaña nacional contra el presidente López Obrador y Morena en vísperas de las elecciones intermedias. El escenario lo anticipó El País (Espacio 4, 667) y un estudio de Citibanamex donde advierte: «A nivel nacional, Morena sigue siendo la oferta política individual más fuerte. Incluso juntos, la coalición del PAN-PRI-PRD no parece lo suficientemente competitiva para superar a Morena y sus aliados en el control mayoritario de la Cámara de Diputados» (Forbes, 25.02.21).

El estudio demoscópico de Varela y Asociados, levantado entre el 29 de abril y el 5 de mayo, base para la proyección de Forbes, le asignó a Morena el 46% de la intención efectiva de voto, y a sus aliados PVEM y PT, el 5 y 3. El PAN, PRI y PRD, de Va por México, recibieron el 17, 15 y 5% de la preferencia efectiva. En las urnas, la votación por el partido guinda fue 10 puntos menor. Morena, los verdes y los petistas tienen 332 diputados en la actual legislatura (mayoría calificada). En la siguiente, alcanzarán un máximo de 281 (mayoría absoluta). El PAN, PRI y PRD subirán de 168 a 219. Poner freno al presidente es mérito de la ciudadanía, no de los partidos.

Con esa mayoría y la que también tiene en el Senado, Morena continuará la agenda de la Cuarta Transformación, mas no con la facilidad de ahora, pues aun con los diputados del PT y el Verde no podrá aprobar reformas constitucionales. Para cambiarla necesitaría, al menos, 51 votos de otras fuerzas políticas. Empero, si legisladores de oposición perciben que Morena permanecerá seis años más en la presidencia, podrían engrosar su bancada como ocurrió en el actual Congreso.

Va por México anunció una coalición legislativa días antes de las elecciones, con la intención de atraer el voto. Sus líderes ofrecieron que, en caso de ganar la mayoría, el Congreso dejaría de ser la oficialía de partes de la presidencia para convertirse en un contrapeso real —jamás lo ha sido, aun en las alternancias—. La idea no es nueva, pero sí contradictoria: recién iniciada la gestión de Peña Nieto, el PRI, PAN y PRD firmaron el Pacto por México para negociar, fuera de la Cámara de Diputados, pero con su aval, un paquete de reformas constitucionales (fiscal, laboral, educativa, energética y de telecomunicaciones) a cambio de concesiones y dinero, según declaraciones judiciales del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya.

Los éxitos del tándem Peña Nieto-Luis Videgaray (Hacienda) llevaron al presidente a la portada de Time (24.02.14, edición para América Latina). Bajo el titular «Saving Mexico» (Salvando a México), la revista destaca «cómo las radicales reformas han cambiado la narrativa de un país manchado por el narco». La energética abrió a Pemex y a la CFE a la inversión extranjera. Las transnacionales se frotaron las manos y hoy protestan por la contrarreforma aprobada por el Congreso a iniciativa del presidente López Obrador, el «Falso Mesías» según The Economist.

El 22 de enero de 2015, el semanario británico desinfló el triunfalismo. Un artículo titulado El pantano mexicano. El presidente no entiende que no entiende, mostró otra cara. La administración de Peña Nieto —advierte— «está tocada» por los escándalos de corrupción. Menciona el intercambio de favores del mandatario y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, con contratistas gubernamentales. «El principal beneficiario del cinismo que está engendrando el presidente puede ser Andrés Manuel López Obrador (…) un populista mesiánico que ha estado dos veces a punto de ganar la presidencia».

La joya de las reformas, la energética, emergió del mismo pantano. Según Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, Peña Nieto y Videgaray le ordenaron sobornar con 120 millones de pesos a diputados y senadores para aprobar las reformas estructurales; en particular, la referida a Pemex y la CFE. Citó a los panistas Ricardo Anaya, Francisco Javier García Cabeza de Vaca (actual gobernador de Tamaulipas, desaforado por la Cámara de Diputados, sobre quien pesa una orden de aprehensión por delitos fiscales) y Ernesto Cordero. Los cuatro niegan haber recibido dinero.

El Congreso dista todavía de ser un poder independiente. A veces más, a veces menos, siempre ha bailado al son que le tocan el presidente y los gobernadores. Ayer fueron Fox, Calderón y Peña. Hoy es AMLO. Mientras los diputados y senadores respondan al interés de sus partidos y sus camarillas, y no al de los ciudadanos, la separación de poderes será un mito.

«No es el fin del camino»

Conservar Baja California —primer bastión panista— y hacerse con los gobiernos de Campeche, Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas, actualmente en poder del PRI; Baja California Sur, Nayarit (PAN) y Michoacán, único con bandera del PRD, convierten a Morena en la primera fuerza política territorial del país. Sumados los siete estados que ahora tiene, entre ellos Ciudad de México, Veracruz, Puebla y Chiapas, el partido del presidente López Obrador subirá a 18.

El bloque Va por México (PRI-PAN-PRD) postuló candidatos en 11 entidades. Todos perdieron. Acción Nacional ganó Chihuahua en tándem con el PRD, y Querétaro en alianza con un partido local. Movimiento Ciudadano triunfó en Nuevo León; y el PVEM-PT, en San Luis Potosí. Donde el PRI participó solo (Chihuahua y Querétaro), las derrotas resultaron estrepitosas.

Morena encabezaba hace un año la intención de voto en los 15 estados y para ganar con holgura la mayoría en la Cámara de Diputados. Sin embargo, la coalición Va por México, impulsada por escritores y medios de comunicación antagónicos al presidente Andrés Manuel López Obrador, entre ellos Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, así como por las élites económicas representadas por Claudio X. González Guajardo, modificaron la tendencia en el Congreso.

La alianza entre el PRI, PAN y PRD, las cúpulas empresariales, los consorcios mediáticos y la «comentocracia» lograron a medias su propósito de disminuir el poder del presidente López Obrador: Morena y sus satélites perdieron la mayoría calificada,
pero conservaron la absoluta. El llamamiento en editoriales, columnas y redes sociales —pocas veces visto— para votar contra AMLO, el partido guinda y la «autocracia», no tuvo eco suficiente.

«Esta elección no es el fin del camino, pero es fundamental no solo para avanzar en el propósito común de construir una alternativa viable y atractiva frente al retroceso populista y autoritario, sino también para detener el deterioro político, económico e institucional del país. Hoy el voto libre todavía puede determinar el resultado, pero si se desperdicia la oportunidad de este proceso quizá ya no será lo mismo en la siguiente elección. Tú tienes el poder, ejércelo con inteligencia el próximo 6 de julio», advertía el Manifiesto por la república, la democracia y las libertades (Reforma, 31.05.06).

El documento, publicado en vísperas de los comicios, lo firmaron alrededor de 300 políticos, activistas, empresarios, académicos e intelectuales. Entre ellos: Agustín Basave, Claudio X. González, Gabriel Zaid, Roger Bartra, Enrique Krauze, Aguilar Camín, Ángeles Mastretta, María Elena Morera, María Marván y Jaqueline Peschard, cuya lucha por la democracia, los derechos humanos, la defensa de la mujer y la libertad de expresión han ampliado los cauces a la pluralidad e impulsado instituciones para acotar poder.

Varios de los firmantes promovieron el frente anti-AMLO y anti-Morena. Sin embargo, la influencia limitada de esos agentes en la base electoral de AMLO, el desprestigio del PRI, PAN y PRD, su escaso impacto entre los votantes y la postulación de candidatos indeseables, así como la falta de atención y propuestas para los seguidores del presidente, determinó el fracaso de Va por México, pues no obtuvo la mayoría en el Congreso y solo ganó tres de 11 gubernaturas. E4


Morena, el rival del PRI para la sucesión del 23

La derrota de Armando Guadiana, en Saltillo, lo debilita para competir por la gubernatura. El triunfo de Fraustro, cantado; Cepeda sorprende en Torreón

El PRI no tenía argumentos para recuperar Torreón, pero venció a Morena y al PAN. También retuvo Saltillo, su principal reserva de votos. El sufragio azul se trasladó al partido tricolor en ambos casos, más por miedo y para castigar a Morena, que por convicción. En la capital, Armando Guadiana salió del toril con aliento de miura, pero en el segundo tercio lo perdió. Su adversario del PRI, José María Fraustro, supo parar, templar y mandar. El triunfo del exrector de la Universidad Autónoma de Coahuila estaba cantado, pero el de Román Cepeda, en Torreón, estuvo siempre en duda. Morena perdió además Piedras Negras, pero ganó la alcaldía de Acuña.

El PAN conservó Monclova, pero perdió más ayuntamientos, pues de los 10 obtenidos en 2018, bajó a cuatro. Morena subió de cuatro a ocho, y el Verde ganó Hidalgo. La mayoría (25) fueron para la coalición PRI-PRD. Los carros llenos son cosa del pasado. El gobernador Miguel Riquelme y su partido volvieron a salir raspados en estas elecciones, pero nada en comparación con la debacle de las intermedias de 1996 cuando el PRI perdió las principales cabeceras y, por primera vez, la mayoría en el Congreso local. Las bases para el relevo gubernamental están sentadas. El peligro ya no es el PAN, sino Morena, pues el partido del presidente López Obrador acaba de derrotar al PRI en siete estados, dos de los cuales (Campeche y Colima) estrenarán alternancia.

Armando Guadiana habría encabezado el cartel para la sucesión de 2023, de haber salido a hombros el 6 de junio, igual que Humberto Moreira y Miguel Riquelme después de haber lidiado en Saltillo y Torreón. El fracaso del senador con licencia, frente a Fraustro Siller, no lo descarta por completo, pero sí lo debilita. Pasó lo mismo en Guadalajara. Pablo Lemus, de Movimiento Ciudadano (MC), venció al empresario Enrique Lomelí, aspirante al gobierno de Jalisco y exmilitante de MC. Lomelí, lo mismo que Guadiana, enfrentó acusaciones de conflicto de intereses; en su caso, como proveedor de medicamentos. El escándalo provocó su salida de la superdelegación federal para ser investigado por la Secretaría de la Función Pública.

Movimiento Ciudadano (MC) plantó su bandera en Nuevo León, estado económicamente estratégico y políticamente emblemático junto con Jalisco donde ya gobierna. La mancuerna de Samuel García y Luis Donaldo Colosio Riojas derrotó sin dificultad a los candidatos del PRI (Adrián Garza), PAN (Fernando Larrazábal) y Morena (Clara Luz Flores) a la gubernatura; y a la alcaldía de Monterrey. El hijo de Luis Donaldo Colosio, el aspirante presidencial del PRI asesinado en 1994, fue boicoteado por Garza, quien urdió una trama para eliminarlo de la competencia por no acreditar su residencia en la ciudad. La bajeza habría provocado la intervención del expresidente Salinas de Gortari. Garza y su partido pagaron en las urnas.

Dante Delgado (exmilitante del PRI) fundó MC en 1999 bajo el nombre de Convergencia por la Democracia, y hoy es la principal fuerza política emergente del país. En Coahuila ganó su primera alcaldía (Sabinas) en 2002 con David Yutani Kuri (también expriista y esta vez postulado por el PAN), pero no ha avanzado. Sin embargo, la ola naranja crece en cada elección. Así lo demostró el 6 de junio en Nuevo León donde en solitario superó a las coaliciones PRI-PRD y Morena-PT-Verde-Panal, así como al PAN. E4


El 40% que «nunca votaría» por el PRI

Frente al raquítico 39.4% de participación en los comicios de diputados locales del año pasado, el 6 de junio sufragó el 57.7% de los coahuilenses para nombrar alcaldes; ese rango corresponde a las elecciones intermedias. Así se confirma la tesis según la cual cuando los niveles de concurrencia superan el 50%, los partidos dependientes de sus estructuras ganan menos posiciones, pues el voto de castigo por la corrupción, la impunidad y otras demandas irresolutas favorece a las oposiciones.

Esa tendencia la refuerza el rechazo ciudadano a los partidos. Una encuesta de Reforma, publicada el 1 de diciembre pasado, revela que el 40% «nunca votaría» por el PRI; el 16% jamás lo haría por Morena, y el 12% en la vida cruzaría el escudo del PAN. En el caso de las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas, 30 congresos locales y alrededor de dos mil ayuntamientos, quienes hasta el final decidieron su voto lo emitieron por el movimiento del presidente Andrés Manuel López Obrador, no obstante la campaña en medios de comunicación nacionales y extranjeros para disuadir de sufragar por Morena y el líder de la Cuarta Transformación.

En cuanto a las elecciones de medio término para renovar el Congreso federal, la participación alcanzó el 53.2%, cinco puntos y medio más que en las de 2015 (47.7%). Los predecesores de AMLO (Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña) encabezaron gobiernos divididos, lo mismo que Ernesto Zedillo en la segunda parte de su sexenio. Volver a tener mayoría en la Cámara Baja y dominar el Senado le permitirá al presidente avanzar su agenda legislativa. En una rueda de prensa previa a los comicios, declaró al respecto: «Ya se logró ajustar el marco jurídico, faltan las leyes secundarias, pero las reformas constitucionales prácticamente están realizadas (…), lo sustancial, lo más importante ya se llevó a cabo».

«Cómo se les autorizaba (a los gobernadores) a que se endeudaran sin límite».

Andrés Manuel López Obrador

Sin embargo, con este presidente es preferible ir con tiento. Una de las reformas pendientes es la fiscal, cuya meta es recaudar 300 mil millones de pesos extras, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda. Uno de los puntos de la agenda consistiría en revisar el pacto fiscal, como lo han demandado los gobiernos locales. AMLO ha admitido la necesidad de elevar los presupuestos a los estados, pero también considerar por qué llegaron a la situación actual y «cómo se les autorizaba a que se endeudaran sin límite».

El caso de Coahuila es referencial. Enrique Martínez cerró su sexenio con una deuda por 320 millones de pesos, y Humberto Moreira Valdés la disparó a 36 mil millones en menos de cinco años, sin obra, servicios ni infraestructura que la justificaran. Una parte significativa de los créditos se contrató con documentos falsos, pero hoy día se ignora el destino de 18 mil millones de pesos; entre otras razones, porque las legislaturas, controladas por el PRI, han votado en contra de toda iniciativa para investigar el «moreirazo».

Ganar la mayoría en el Congreso le permitiría al presidente mantener el control del presupuesto e imponerles condiciones a los estados. «Hay que limpiar, que haya honestidad y auteridad, y a partir de ahí ver qué se puede hacer para lograr más presupuestos. (…) sin aumentar los impuestos (…) sin incrementar deuda. (…) Tenemos el compromiso y se va a cumplir, llueva, truene o relampaguee, de que no van a aumentar los precios de los combustibles en términos reales, se acabaron los gasolinazos» (El País, 18.03.21).

Si no suben los impuestos, ¿de dónde saldrán los 300 mil millones de pesos para aumentar los presupuestos? La respuesta está en la chistera de López Obrador, siempre llena de sorpresas. E4


Morena y aliados amarran Congreso y continuidad de la 4T

Va por México no pudo con el partido de AMLO que retendrá el control de la Cámara de Diputados en la LXV Legislatura. No habrá lugar esta vez para los candidatos independientes

El proyecto de transformación político, económico y social, enarbolado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, con el sustento de Morena, no presentará grandes problemas para obtener el presupuesto necesario en la LXV Legislatura pues el partido guinda, en alianza con el PVEM y el PT, obtendrá sin dificultades la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, suficiente a la hora de definir adónde van los recursos de la nación. No sucederá lo mismo con la mayoría calificada, por lo que, en caso de proponer una reforma constitucional, el Ejecutivo se verá obligado a negociar con los partidos opositores.

La coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PVEM-PT) aseguró 117 de los 300 distritos en disputa, lo cual le garantiza el mismo número de diputados federales electos por el principio de mayoría relativa. Los otros 200 se definirán por el principio de representación proporcional. El conteo rápido del INE le otorga a esta alianza un mínimo de 265 curules —máximo de 292— y con ello supera los 251 escaños imprescindibles para imponerse en el Congreso.

Los resultados son comprensibles si se tiene en cuenta que el gobierno de AMLO, máximo líder de Morena, aún goza de gran aceptación. Una encuesta realizada por Mitofsky en abril de este año, lo ubicaba con 61% de aprobación, a pesar de sus cuestionamientos en relación a los organismos autónomos, su mala relación con la prensa, y las críticas por el manejo de la pandemia que a México le ha costado más de 229 mil muertes, ubicándolo como el cuarto país con más decesos a nivel mundial.

El trabajo de la oposición, además, ha sido muy pobre cuando no nulo. Ni el PAN, ni el PRI, ni el PRD, ni los tres juntos bajo la coalición Va por México, lograron convencer a la sociedad de conformar una mejor opción. El conteo rápido del PREP le otorga de 181 a 213 puestos combinados en la Cámara de Diputados. Cualquiera de los dos escenarios queda muy por debajo de Juntos Haremos Historia.

La falta de liderazgo en los partidos opositores, aunado a sus rencillas internas, impidieron que la ciudadanía los tomara con seriedad. Súmese a ello la mala imagen creada por el PRI durante setenta años continuos y la debacle con que cerró su más reciente representante en Los Pinos: Enrique Peña Nieto. Al PAN se le asocia con Felipe Calderón y su guerra contra el narco, lo cual generó un sexenio lleno de violencia. El PRD, históricamente de izquierda, despierta más dudas que certezas en su rol antagónico de Morena. Sin duda, antes de que se abrieran las urnas, la suerte de la oposición ya estaba echada.

Dato curioso: en la próxima legislatura no habrá lugar para los candidatos independientes, a diferencia de los cuatro que lograron estar presente en la actual. E4

PartidoDistritos obtendidos
Morena-PVEM-PT117
PAN-PRI-PRD66
Morena63
PAN35
PRI12
MC7
Fuente: INE

Saltillo y Torreón le hacen el feo a Morena: abrazan al PRI

A pesar de no lograr quedarse con las dos ciudades más pobladas de Coahuila, Morena duplicó el número de municipios bajo su dominio

El PRI y Morena pueden darse por satisfechos en Coahuila tras las elecciones del 6 de junio. El primero —en alianza con el PRD— vio aumentar de 19 a 25 los municipios bajo su dominio, mientras que Morena duplicó los que ya tenía, de cuatro a ocho. El reverso de la moneda le tocó al PAN que de nueve entidades cayó a cinco. Aunque peor le fue a UDC, desaparecido completamente ya del mapa estatal. Nota especial para el PVEM que, de no tener nada, se hizo presente en, al menos, un municipio: Hidalgo.

De esta forma se consolidan dos tendencias divergentes. La de Coahuila como uno de los principales baluartes del tricolor a nivel nacional —sigue sin conocer la alternancia en su gubernatura—, y la de Morena que, a pesar de seguir siendo minoría en el estado, se acopla al crecimiento general que ostenta en el resto de la nación.

Aun cuando la asistencia a las urnas otra vez quedó a deber: 57.73% de participación ciudadana con base en la Lista Nominal de las actas PREP contabilizadas al 9 de junio (11:25 p. m.), el PRI se dejó caer con fuerzas en Coahuila. Acaparó el 40.77% de los votos contabilizados, retuvo la capital y ganó Torreón, las dos metrópolis más codiciadas del estado por la cantidad de personas que representa y los recursos que les son asignados.

En Saltillo, la rivalidad PRI-Morena no resultó tan reñida como se esperaba. El candidato del tricolor, José María Fraustro Siller obtuvo 49.92% de los votos. Muy por encima del morenista Armando Guadiana, quien se quedó con el 36.91% de las boletas.

En Torreón, Román Alberto Cepeda González, del PRI, dejó sin opciones a Luis Fernando Salazar Woolfolk, padre del candidato original de Morena —a quien el INE inhabilitó por no presentar el informe de sus gastos de precampaña—. El resultado fue de 42.88% sobre 33.31%. Marcelo Torres Cofiño, la esperanza panista para mantener el control de la urbe lagunera, terminó con apenas 19.88%.

Algo muy distinto sucedió en Monclova, donde el albiazul sí logró refrendarse y se mantiene como el único partido regente desde 2013, cuando se logró la alternancia con Gerardo García Castillo.

Trueques interesantes se dieron en Matamoros, Parras de la Fuente y Piedras Negras, que le dieron la espalda a Morena y le concedieron la oportunidad al PRI. Contrario a lo que sucedió en Castaños, Escobedo, Frontera, Múzquiz donde el camino se completó en sentido contrario.

El mapa político de Coahuila mantiene al PRI como principal fuerza del estado en 25 entidades, pero ahora seguido por Morena con ocho y el PAN con tres. De pilón queda el Verde, con una. E4

PartidoCantidad de municipios
AntesAhora
PRI1925
PAN94
UDC50
Morena48
PVEM01
PRD10
Fuente: IEC

Seis gobernadoras a escena

México ha elegido al mayor número de gobernadoras de su historia. En la foto de los mandatarios al frente de uno de los cargos ejecutivos con más poder después del presidente habrá más rostros femeninos. Al menos seis de las 15 gubernaturas disputadas estarán representadas por mujeres: Colima, Tlaxcala, Guerrero, Chihuahua, Campeche y Baja California. Cinco de ellas de Morena, solo Chihuahua del PAN.

Hasta ahora solo dos mujeres habían coincidido en ese puesto: Claudia Sheinbaum, de Morena, jefa de Gobierno de la capital; y Claudia Pavlovich, del PRI, en el estado de Sonora.

La candidata de Morena por Colima, Indira Vizcaíno, fue de las primeras en decirse ganadora. Su victoria supone la ruptura del Estado con el PRI, que había gobernado esa entidad casi un siglo. «Es un día histórico, no solo inauguramos la alternancia política sino que además es una mujer la que lo hace. Es dramático que en 93 años solo hayamos tenido dos mujeres gobernadoras electas, pero también es una gran oportunidad» (Milenio, 07.06.21), dijo al ver llegar su triunfo.

En Baja California, el sistema electoral dio el triunfo a Marina del Pilar Ávila Olmeda, candidata de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PVEM). Con más del 48% de los votos en actas contabilizadas, sería la primera mujer que gobierna este estado fronterizo.

Lorena Cuéllar, también de Morena, se impuso para la gubernatura de Tlaxcala. El estado contaba con una gran participación de mujeres, seis candidatas fuertes frente a un hombre. «Muchas gracias a todas y todos por su apoyo y confianza, una nueva historia de progreso y bienestar comienza en nuestro Estado» (El Financiero, 07.06.21), comentó. Su triunfo supone también un avance territorial para el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador, que conquista un Estado gobernado por el PRI durante 10 años consecutivos.

En el norte, la candidata panista de la coalición Va por México (PRI, PAN y PRD) en Chihuahua, Maru Campos —exalcaldesa de la capital de su Estado—, se proclamó como la primera mujer en gobernar la entidad. El resultado se lo ratificó. «Hemos tenido muchos obstáculos, pero los hemos superado todos y me siento muy orgullosa», celebró. «Me siento altamente comprometida con las mujeres para demostrar que no estamos aquí por simple paridad de género, sino porque somos capaces para contender contra hombres en las candidaturas» (Milenio, 07.06.21), apuntó. Campos ha sido, junto a Mauricio Kuri (también del PAN), los únicos candidatos que han mantenido el poder de su partido en un mapa que se ha teñido del oficialista color guinda. Morena ha alcanzado 11 de las 15 entidades que contendían el 6 de junio.

«Va a cambiar la foto y también el mensaje hacia todos los mexicanos. México vive altos índices de violencia de género y creo que poder generar una política pública que sea común entre nosotras, que ponga el ejemplo de que a la mexicana no se le toca y se le respeta, es el compromiso que tenemos todas. También, imprimir una sensibilidad especial y un modelo de alianzas es el mensaje que enviamos», añadió Campos.

La victoria de Evelyn Salgado (Morena) en Guerrero fue de las más polémicas, pues llegó a ser candidata después de que el Instituto Nacional Electoral (INE) inhabilitara a su padre, Félix Salgado Macedonio, por no haber justificado unos gastos de precampaña y con denuncias previas de violación.

La imposición oficial de incluir en sus listas a la mitad de mujeres ha hecho que aritméticamente el récord estuviera garantizado. Esta situación no implica una conciencia feminista ni de los partidos ni de todas las candidatas, pero sí un avance de cara a los comicios de 2024, donde se renovarán gubernaturas del resto de Estados y abre el camino a la posibilidad de que una mujer aspire a la presidencia. Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, es una de las posibles candidatas a suceder a López Obrador.

Al final, todo apunta a que la cantidad de mujeres que se perfilan como gobernadoras sea más que significativa. Incluso en Campeche, bastión tradicional del PRI, la candidata de Morena Layda Sansores disputó una contienda cerrada y finalmente se impuso frente al aspirante de Movimiento Ciudadano, Eliseo Fernández.

En comentarios para El País (07.06.21), Indira Vizcaíno manifestó: «Sabemos que cuando hay una mujer en un puesto de poder, el resto de mujeres de su entorno empiezan procesos de empoderamiento. Confían más en las instituciones, se acercan porque saben que las vamos a proteger, que les vamos a creer, que no van a ser prejuzgadas, en los casos de violencia… Debemos impulsar una agenda feminista entre gobernadoras y hacerla mucho más amplia; hablemos de una agenda por la igualdad. La lucha feminista se inserta en la lucha por las minorías, los derechos indígenas y derechos humanos. Nosotras tenemos esa sensibilidad y creo que podemos impulsarlo juntas desde nuestros propios Estados». E4

Torreón, 1955. Se inició en los talleres de La Opinión y después recorrió el escalafón en la redacción del mismo diario. Corresponsal de Televisa y del periódico Uno más Uno (1974-81). Dirigió el programa “Última hora” en el Canal 2 de Torreón. Director del diario Noticias (1983-1988). De 1988 a 1993 fue director de Comunicación Social del gobierno del estado. Cofundador del catorcenario Espacio 4, en 1995. Ha publicado en Vanguardia y El Sol del Norte de Saltillo, La Opinión Milenio y Zócalo; y participa en el Canal 9 y en el Grupo Radio Estéreo Mayrán de Torreón. Es director de Espacio 4 desde 1998.