Hasta en las mejores familias

Muy devaluada está hoy la monarquía española cuya corona ostenta hoy el rey Felipe VI, hijo del emérito Juan Carlos de Borbón, el mismo que vive su exilio dorado en Emiratos árabes, no en la pobreza que de joven vivió en Estoril, Portugal, apechugando una tragedia parecida en cuanto a tristeza y dolor: cuando por mero accidente mató a su hermano menor el infante Alfonso, solo que ahora, quien ha muerto civilmente es el propio rey emérito, al mismo que en 40 años de reinado siempre se le perdonó todo en España: trinquetes, abusos, raterías e infidelidades, hasta que cansó a sus súbditos que ya parafrasean el verso 20 del Cantar del Mío Cid: «Se hartaron sus vasallos, ya no obvia un gran señor».

Cabe mencionar que este campechano rey Juan Carlos tuvo un origen muy espurio, ya que por línea dinástica él no era el sucesor de la corona española, sino su padre, don Juan de Borbón quien, al enterarse de la decisión del dictador Francisco Franco en favor de su hijo mayor, el príncipe de Asturias, montó en cólera y cruzó la frontera de Portugal a España para poder mirar en un parador de camioneros la coronación de su hijo por televisión, ya que la señal no llegaba a Estoril, donde los Borbón vivían en el exilio.

Lo más tangible es que el actual Estado español, con su rey Felipe VI de Borbón, es una institución viciada de origen al ser impuesta por un dictador que dio un golpe de Estado a una república democrática apoyado por los entes totalitarios más deleznables de esa época; el nazismo alemán y el fascismo italiano, cuyos ejércitos mataron a miles de patriotas españoles para imponer a Franco en el poder. Porque la cruda verdad es que Hitler, Mussolini y Franco restauraron la monarquía de los Borbón en España.

A pesar de todo, los españoles sometidos por décadas a la dictadura aceptaron con beneplácito al rey Juan Carlos, anhelantes de libertad, democracia y reconciliación. El nuevo rey fue bien amado y tuvo su máxima gloria cuando a los seis años de haber ascendido al poder, el 23 de febrero de 1981, defendió la Constitución española frente al intento de golpe militar del coronel Antonio Tejero, de ahí para delante, al rey todo se le festejaba, toleraba y perdonaba. Hasta que sus corruptelas hartaron a los españoles.

No tiene caso enumerar aquí sus bribonadas, «sablazos», peculados, «mordidas» y cochupos. Lo cierto es que este rey Juan Carlos es hoy una caricatura de aquel jefe de Estado del «Por qué no te callas», que calló a Hugo Chávez en la cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile.

Hoy Juan Carlos de Borbón nos recuerda al sedicioso Gabilondo Soler, Cri-Cri, y su patético rey de chocolate: «Era un rey de chocolate, con nariz de cacahuate; y a pesar de ser tan dulce tiene amargo el corazón».

Hoy los españoles están indignados con las corruptelas de la monarquía. No esperan mucho de ella y se preguntan si sirve para algo. Y no está por demás pensar en la instauración de una Tercera República.

RIPIO

Y don Jorge Torres López, ¿robó o no robó del erario de Coahuila? Es pregunta.

Al menos ya vimos que las fotos del Borbón ya fueron sacadas de la Moncloa y del Palacio de la Zarzuela.

¿Sacarán las fotos de don Jorge del museo de Palacio? ¿Su corbata con la que tomó protesta? Está ahí como una sacra reliquia.