Sabiduría política para escoger sucesor

Ahora mismo los presuntos corredores de los diferentes colores que ostentan los partidos políticos se aprestan para montarse en la pista e ir a desembocar en su designación, y que arribando sin lastimaduras fuertes a la palestra encabecen la guerra de sus partidos por alcanzar el puesto anhelado en el 2023 para dirigir los destinos de Coahuila.

Uno de los corredores será el que represente en la contienda al Partido Acción Nacional (PAN) un partido político partido, deshecho debido a la derivación de las pugnas internas que no han logrado expulsar de su dirigencia a Jesús de León, pero que hicieron cercenar al partido con múltiples incisiones que ahora mismo se encuentra prácticamente en artículo mortis, pues ese diagnóstico fue la respuesta al deteriorado camino que fue conducido sin cabeza y cuya debilidad se basó en querer llevar a la vanguardia en la lucha eleccionaria pasada, a personas cuyo desgaste político no pudieron repelerlo en la disputa que llevaba la intención de salir ganadores en la jornada electoral.

Ese partido carece de una figura de relevancia para la próxima competición, sin la experiencia que reclama poseer un oficio político que sepa equilibrar las acciones de gobierno que solucionen la problemática estatal, con amplio criterio que redunde en la práctica de una democracia que diluya el autoritarismo, una figura con peso específico con un papel que coordine los esfuerzos ciudadanos que los lleve a la consecución del abatimiento de los problemas que dañen a la ciudadanía.

Aunque sabemos que en política no hay cadáveres, los nombres de algunos panistas encumbrados despiden ese tufo insepulto, que en este momento, esa debilidad de enfermo terminal no los hace reaccionar ni física ni mentalmente.

En cuanto al Partido Revolucionario Institucional (PRI) la hegemonía de la que ha disfrutado en Coahuila durante algunos 80 años y que ha parido a personajes cuyo poder lo han sostenido, unos con resultados buenos, otros con raíces despóticas y otros más con consecuencias desastrosas cargadas de un acaparamiento de recursos públicos para su provecho personal, que han hecho que vaya decayendo en el número de partidarios que lo han ido achicando de manera que, por razón de cifra, es fácil que un miembro de otro partido lo pueda aventajar.

Un factor muy importante en la selección del que jugará por el PRI, es tomar en cuenta que el designado sea muy bien escogido, un candidato empático que en su experiencia contribuya con acciones frescas que dé como resultado un crecimiento en la calidad de vida de la población, manejando la energía para que sea empleada en trabajar por el bien de todos. Aquí una premisa que debe tomarse en cuenta remitiéndonos a lo que dice el evangelio «por sus hechos los conoceréis».

La supervivencia que ha logrado tener el revolucionario institucional que lo ha posicionado en Coahuila durante muchos años, se puede perder si la decisión se encamina a impulsar a algún candidato o político mostrando simpatía solo por tener una amistad, aunque en puestos anteriores haya demostrado que su capacidad para gobernar fue insuficiente.

Ya desde ahora la moneda está en el aire y esperemos que la decisión que se tome para designar al candidato del PRI sea la conveniente, que no dé lugar a que por una equivocación del que escoge, rompa con el camino de ese partido y pase a la historia política del Estado como un personaje de ficción en esa materia.

Por lo que se refiere al movimiento Morena, propiedad de López Obrador, de los pocos nombres que bullen dentro de su ambiente político nebuloso, apenas si sobresale el de Armando Guadiana, viejo toro del ruedo, quien fácilmente podría competir por la gubernatura del Estado en virtud de que el número de votos que le favorecieron en la pasada elección en que compitió por la Presidencia Municipal de Saltillo, acumuló una buena cantidad de sufragios que automáticamente y justamente le pertenece el derecho a ser designado para la competencia.

Se lo digo en serio.

Autor invitado.