Incendios presidenciales

En los últimos 30 días en México no sólo se registraron incendios forestales en zonas serranas y boscosas del país —más de 80 en 23 estados con una afectación de casi 30 mil hectáreas—, hechos lamentables que además colocan en estado de alerta a la nación pues no hay presupuesto para el Fonden (Fondo Nacional de Desastres) y para la Comisión Nacional Forestal (Conafor) que también sufrió recorte del techo financiero para enfrentar los gastos de combate a incendios forestales.

Decisiones mesiánicas que proyectan la falta de interés y el cumplimiento del deber constitucional y humano de la gobernanza, hoy encienden otros incendios de tipo político y de estado de derechos que generan reacciones no solo de risa y lástima, si no cada vez más, de coraje y reclamo que seguramente podrían reflejarse en las urnas el próximo 6 de junio.

El segundo incendio provocado en Coahuila y Nuevo León, no se registró en la sierra o en el bosque, lo provocó el poder soberbio, la ignorancia y la falta de capacidad de gobernar con sensibilidad, al declarar que no se acude a la atención para tomarse la foto y venir a decir que se trabaja, pero que si se acepta venir, por ejemplo a Coahuila, para tomarse la foto del cuestionado programa de apoyo a jóvenes que ni estudian ni trabajan o que encabezó un evento de agua cuando no ha podido cumplir un compromiso de dotación de agua para la región lagunera y que por el contrario se enfrenta a empresas lecheras y cerveceras por usar el agua para fabricar productos que generan empleos.

Para eso si hay foto, pero no la hubo para visitar a familias que perdieron sus humildes viviendas en la sierra de Arteaga y Nuevo León, o bien para decirles a los combatientes —brigadistas y soldados— que no hay dinero porque no hay Fonden y se recortaron en más de un 70% los recursos para Conafor.

Ese incendio sin duda prendió la conciencia, el dolor, y la molestia de los ciudadanos a la indiferencia y falta de tacto para decir y actuar en la gobernanza en medio de un clima de incertidumbre y enojo porque las vacunas contra el COVID-19 se aplican literalmente a cuenta gotas para la población.

Con promesas falsas y fechas que caducan o de plano no llegan, sin la coordinación de los tres niveles de gobierno, las autoridades federales no informan a la población que se confunde y observa cómo se politizó y sobre todo se hace campaña electorera a través de un programa de vacunación que ni es programa ni es nacional y que sólo proyecta la falta de capacidad en el manejo de la pandemia que hoy mantiene a México en el top 3 del mundo por muertos de COVID-19 y en el top 13 de contagios durante la pandemia.

El otro incendio presidencial es la reacción a la determinación del máximo órgano electoral de organización y sanción de los procesos de elección de gobernantes a través del voto, que determinó suspender candidaturas de aspirantes y partidos que incumplieron con requisitos que se aplican en los procesos desde hace más de 10 años y que además son parejos para todos los que participan en una elección.

Ahora con una clara estrategia de descalificación del INE (Instituto Nacional Electoral) el partido y el grupo político y económico en el poder federal, pretenden denostar no un trabajo institucional si no una decisión que solo tiene que ver con el incumplimiento de una regla previamente establecida que si fue acatada por otros candidatos y sus partidos.

En fin los incendios no solo consumen la flora, fauna y superficie forestal-turística del país, también la lumbre calienta el ambiente político, electoral y de gobernanza para los mexicanos que en algunos casos no alcanzan a ver la realidad de las cosas por el humo que flota en la superficie y que además nubla también la visión de algunos gobernantes que seguramente después del 6 de junio confirmarán que el país ya está en llamas.

Autor invitado.