Industria automotriz: fortaleza y talón de Aquiles de Coahuila

En esta entidad del país es donde el sector está más vinculado al resto de la economía. Por tanto, es más sensible a las variaciones en el mercado internacional del cual dependen sus exportaciones

Equilibrio exportador: las lecciones del sur del país

Durante el primer semestre del año, las exportaciones mexicanas de equipo de transporte disminuyeron en 28,253.3 millones de dólares con respecto al mismo semestre del año previo. Este grupo de actividades económicas, en el cual la industria automotriz y de autopartes aporta 93 centavos de cada peso producido, es nuestro principal bastión exportador. Durante el 2019, logró ventas al mercado internacional por 170,847.4 millones de dólares, una cifra récord para un sector cuyas exportaciones crecieron ininterrumpidamente desde el 2009, año en el que colocaron productos por un valor de 46,640.2 millones de dólares en el extranjero. Es decir, el crecimiento de esta variable en una década se multiplicó por un factor de 3.7.

El sector había sido afectado desde marzo por la falta de insumos provenientes de China, lo que ocasionó el cierre de algunas plantas aún antes de las medidas de emergencia sanitaria que decretaron el cierre de las actividades no esenciales durante abril y mayo. Como resultado de lo anterior, las exportaciones de esta industria en el segundo trimestre del año cayeron en 25,113.6 millones de dólares, 62.3% menos respecto al trimestre previo. Y si bien se reporta una recuperación durante junio y julio, el ritmo disminuyó sensiblemente en agosto. Aún no se alcanzan los niveles previos a la crisis y parece poco probable que en el último trimestre del año puedan compensarse las pérdidas del primer semestre, las cuales, en términos anuales, serían de ‒16.5%.

«El cambio tecnológico acelerará el reemplazo de la fuerza laboral en el sector y las cadenas de valor serán mucho más esbeltas, comprometiendo nuestra presencia en el sector de autopartes, por ejemplo. Por otra parte, nuestro mercado natural muestra una clara tendencia al estancamiento».

Hace unas semanas la AMIA —Asociación Mexicana de la Industria Automotriz— proyectaba una reducción de 30% en las exportaciones de esta industria para 2020 respecto a los niveles alcanzados en 2019. Actualmente, a través de su página web, dan cuenta de una reactivación paulatina, impulsada por la reanimación del sector en la economía norteamericana, pero alertan sobre los riesgos asociados a un recrudecimiento de la pandemia de COVID-19. Muy probablemente, los niveles de ventas internacionales se abatirán en un rango de entre 20 y 30% en relación con las alcanzadas el año pasado.

¿Cuáles serían las repercusiones sobre la economía nacional y las de las entidades federativas que concentran cuatro quintas partes de las exportaciones de esta industria? Además de la magnitud del choque externo, la respuesta a esta pregunta depende de varios factores: la importancia relativa de la industria en cada caso, su vinculación con el resto de las actividades económicas y el grado de diversidad productiva existente en cada territorio.

En el plano nacional, el valor de la producción de la fabricación de equipo de transporte alcanzó una cifra de 3.953 billones de pesos en el 2019, aportando 9.7% de la producción bruta total del país. El cálculo de las Elasticidades Totales de las Exportaciones (ETE), nos permite responder a la pregunta formulada líneas arriba. Este indicador combina el valor de las exportaciones, su importancia como porcentaje de la producción total y el multiplicador de producción de cada sector —que depende del grado de intensidad de las relaciones de esta actividad con el resto del tejido productivo de una economía—. Entre mayor sea el valor de las ETE, mayores serán las repercusiones de los cambios en el valor de las ventas internacionales. Para la economía mexicana en su conjunto, la ETE es de 0.0989. Esto quiere decir que, si las exportaciones se contraen entre 20 y 30% en el 2020, la producción bruta del país lo hará en un rango de entre ‒2 y ‒3%. En estas cifras, solamente estamos modelando el impacto de las variaciones en las exportaciones.

¿Cuál es el valor de las ETE en los principales estados exportadores de esta industria? El valor máximo lo registra el estado de Coahuila (0.2324), seguido por Aguascalientes (0.2050), Puebla (0.1347), Chihuahua (0.1310), Guanajuato (0.1109), San Luis Potosí (0.1088), México (0.0769), Baja California (0.0693), y Nuevo León (0.0581).

¿Cómo impactaría en la producción bruta de cada estado un abatimiento de sus exportaciones en los rangos señalados? La contracción de la producción en el estado de Coahuila fluctuaría entre ‒4.6 y ‒7%; Aguascalientes, ‒4.1 a ‒6.2%; Puebla, ‒2.7 a ‒4%; Chihuahua, ‒2.6 a ‒3.9%; Guanajuato y San Luis Potosí, ‒2,2 a ‒2.3%; Querétaro, ‒1.9 a ‒2.8%; México, ‒1.5 a ‒2.3%; Baja California, ‒1.4 a ‒2.1% y; Nuevo León ‒1.2 a ‒1.7%.

28,253.3 mdd
disminución de exportaciones de equipo de transporte

170,847.4 mdd
total de ventas en el mercado internacional durante el 2019

270%
aumentaron las exportaciones automotrices y de equipo de transporte en 10 años

Dos comentarios para finalizar:

Primero. La diversificación sectorial de las economías es muy importante para compensar la inestabilidad asociada a las fluctuaciones cíclicas en ciertos sectores. Los datos reflejan una gran dependencia de la economía de Coahuila respecto a las exportaciones de esa industria. Por su parte, Guanajuato y Nuevo León, que también son grandes exportadores del sector, tienen menores elasticidades totales, lo cual les permite absorber mejor las vicisitudes del ciclo económico. Las políticas públicas de los tres ámbitos de gobierno —Federación, estados y municipios—, deben diseñar estrategias efectivas de diversificación productiva. Regresaremos sobre este tema en entregas futuras.

Segundo apunte: Los países líderes de las principales regiones económicas del mundo —China-Corea-Japón, Alemania-Francia, Estados Unidos—, aprovechan los programas de rescate económico por la pandemia, para acelerar la revolución tecnológica en la industria automotriz. Esta transformación presentará grandes desafíos para la participación exitosa de México en estas cadenas de valor. Las principales fortalezas de México son sus bajos costos, la elevada productividad laboral, así como el acceso y la cercanía al mercado norteamericano. El cambio tecnológico acelerará el reemplazo de la fuerza laboral en el sector y las cadenas de valor serán mucho más esbeltas, comprometiendo nuestra presencia en el sector de autopartes, por ejemplo. Por otra parte, nuestro mercado natural muestra una clara tendencia al estancamiento. ¿Qué podemos hacer frente a este escenario?

Estos son los temas que deberían concentrar nuestra atención y, por supuesto, la de nuestros gobernantes. E4

EntidadMillones de dólaresProporción del total
Coahuila32,527.519%
Guanajuato18,934.411.1%
Nuevo León17,917.710.5%
Puebla15,232.78.9%
Chihuahua13,505.27.9%
México13,247.57.8%
San Luis Potosí11,448.26.7%
Aguascalientes10,005.55.9%
Baja California8,724.35.1%
Comercio internacional. En nueve estados de la República se originaron prácticamente 83 centavos de cada dólar exportado por la industria automotriz y de autopartes.

Equilibrio exportador: las lecciones del sur del país

La importancia relativa del mercado externo para la región sur de México —Chiapas, Guerrero y Oaxaca—, es baja. Y sin embargo, el 12% del valor de su producción depende del mismo, al igual que el 11.1% de su Producto Interno Bruto (PIB) y el 8.6 del ingreso disponible para el gasto de los residentes de sus hogares. Su base exportadora es estrecha: la petroquímica y el comercio al mayoreo concentran poco más de la mitad del aporte de las exportaciones a la producción regional, y otro 40% corresponde al petróleo, productos del sector primario, la industria alimentaria y servicios de transporte y comercio al menudeo. Es pues un patrón exportador de materias primas, manufacturas ligeras y petroquímicos.

El peso de las exportaciones en el valor de la producción es ligeramente superior al promedio regional en el estado de Oaxaca (12.3%). Poco más de la mitad se relaciona con las actividades de la industria petroquímica, cuyo elemento fundamental es la refinería establecida en Salina Cruz. Cuatro actividades más contribuyen con otro 42.6%, para acumular con la petroquímica el 92.7% del total: los productos del sector primario, la industria de las bebidas y los servicios de transporte y comercio al mayoreo.

En el caso de Chiapas, las exportaciones soportan el 11.9% del valor total de su producción. De ese monto, casi un tercio se relaciona con las actividades de extracción de crudo y un 10.2% adicional por el complejo petroquímico establecido en Cactus. El sector primario y la industria alimentaria contribuyen con un 17.3% adicional y los servicios de transporte y comercio elevan la participación acumulada hasta el 92.1%.

En Guerrero, las exportaciones internacionales son las que menos influencia tienen en el valor de su producción total; solamente el 7.2%. De este monto, las de productos primarios y la minería no petrolera representan poco más de una quinta parte. En la minería no petrolera destacan las exportaciones de oro. Tres cuartas partes más son generadas por los servicios de transporte y el comercio mayorista y minorista.

La reducida participación de las exportaciones en la demanda final de las economías de la región sur la hacen menos dependiente a un choque adverso en estas actividades. Frente a una contracción del 20% en la demanda internacional, la región resentiría una reducción del 2.4% en el valor de la producción. Chiapas y Oaxaca serían las entidades más afectadas, pues Guerrero registraría una caída del 1.4%.

Con una presencia marginal de actividades exportadoras en la fabricación de equipo de transporte y nula en la electrónica, así como en la fabricación de maquinaria y equipo en general y para la generación eléctrica en particular, la región sur es inmune a una caída en las exportaciones de las industrias automotriz y electrónica.

Asimismo, su perfil de exportaciones de productos primarios y de las industrias de alimentos y bebidas, la pueden beneficiar en la coyuntura desencadenada por la pandemia por Covid-19 que ha propiciado un aumento en la demanda y en los precios de los alimentos. Dado el bajo monto de las exportaciones de estos productos, los dividendos serían marginales: Un aumento del 10 % en las exportaciones en estos sectores produciría un impacto positivo en el valor de la producción bruta regional del 0.2%. Los estados de Chiapas y Oaxaca serían los más beneficiados, en tanto la economía de Guerrero registraría un impacto favorable del 0.1%.

El efecto combinado del abatimiento en las ventas externas de la industria automotriz, electrónica y de maquinaria y equipo, acompañado de un aumento en las exportaciones de alimentos naturales y procesados, generaría un balance positivo del 0.1% en la producción bruta de la región sur, siendo Oaxaca el estado mejor librado, pues en este caso la cifra aumentaría un 0.2%. Chiapas y Guerrero registrarían números idénticos a la media regional.

A lo largo de los últimos 30 años, la región sur ha registrado tasas de crecimiento en el PIB anual inferiores a las del conjunto de la economía nacional —1.4 y 2.5%, respectivamente—. Pero al considerar la evolución de su población, mientras el PIB por habitante en México creció a una tasa media anual real del 1%, en la región sur permaneció estancado. En su interior, en tanto Guerrero y Oaxaca alcanzaron aumentos modestos del 0.4 y 0.6% en el PIB por residente, Chiapas registró un descenso en este indicador a un ritmo anual del ‒0.8%. Este resultado es producto de un crecimiento acelerado de la población (1.9% anual) y una expansión muy modesta del PIB (1.2% al año).

Durante la pandemia, las medidas de contingencia sanitaria golpearon con particular intensidad al sector formal de la economía. Como resultado de lo anterior, el ingreso disponible en los hogares disminuyó en todos los segmentos, pero la caída fue proporcionalmente mayor en la quinta parte de los hogares con los ingresos superiores. Con variantes, esto ocurrió en México y en todas sus regiones. En virtud de lo anterior, se redujeron ligeramente las desigualdades de ingreso, pero toda la población resultó afectada por una severa contracción en sus entradas.

De este comportamiento podemos derivar dos lecciones:

1. Un entorno hostil a la generación de valor, ya sea producto de políticas públicas equivocadas o de contingencias de otra naturaleza, como por ejemplo la pandemia, puede mejorar la distribución del ingreso si afecta más a los hogares más pudientes, pero nos empobrece a todos.

2. Las transferencias directas de ingreso a los pobres tienen efectos muy limitados en la superación de su condición. Esto es particularmente cierto en economías poco articuladas, como las de la región sur, pues los efectos multiplicadores del ingreso se transfieren al exterior, ya sea el resto del país o la economía internacional, dado que son las que abastecen un porcentaje muy elevado de sus compras de insumos y bienes y servicios de uso final. El remedio a la pobreza pasa por el desarrollo de las capacidades productivas de los individuos, en lo cual la educación de calidad juega un papel fundamental, así como por la generación de un entorno favorable a las actividades de generación de valor. Si no entendemos esto, seguiremos acelerando en neutral. E4

Investigadores nacionales del Conacyt, adscritos al Centro de Investigaciones Socioeconómicas de la Universidad Autónoma de Coahuila.