La crisis de las vacunas…

A punto de cumplir un año de la declaratoria oficial de pandemia por Covid-19 de la Organización Mundial de la Salud, hoy el mundo enfrenta no sólo la pérdida de cientos de miles de vidas y millones de personas contagiadas, pérdidas millonarias por cierres de negocios y suspensión de actividades, también se enfrenta la crisis de las vacunas, que aunque ya existen, ahora no son suficientes para evitar que la pandemia ingrese a su segunda oleada mortal, incluso con mutaciones más contagiosas y, por consecuencia, con mayor grado de mortandad.

Para algunos, cuando no había vacuna en el mercado, estamos menos peor, que ahora cuando ya circulan cuatro marcas y se aplican de emergencia en grandes países para intentar atenuar el efecto mortal y altamente contagioso que priva de todos tamaños y con economías débiles y fuertes.

Pfizer, AstraZeneca, La Moderna, Sputnik V y Cansino, son dosis que se aplican en países como Estados Unidos, Rusia, China, Alemania y Gran Bretaña, con altos niveles de cobertura en poco tiempo y aparente organización y planeación que permite avances considerables de inmunización.

Hay que recordar que la creación y prueba de las vacunas inició en forma intensiva a mediados del año pasado 2020 y estos países apostaron con recursos económicos para incluso financiar los trabajos de investigación y pruebas de las dosis contra el virus.

Por ejemplo el gobierno de Estados Unidos invirtió en forma anticipada casi 2 mil millones de dólares con diversas farmacéuticas para poder asegurar que las primeras dosis fueran distribuidas en la Unión Americana.

Por eso no es casualidad que en el país del Tío Sam en la actualidad ya se vacunaron a poco más de 70 millones de personas en menos de tres meses, lo que significa un poco menos de la tercera parte de la población total, con menores de edad incluidos que serán inmunizados el próximo año cuando ya las vacunas se apliquen sin estatus de emergencia.

En China, el gobierno decidió inmunizar primero a los integrantes de su ejército, por cierto el más grande del mundo, sin importar que pudiera arriesgar la vida de quienes garantizan la perpetuidad de su modelo de gobierno y control poblacional, pero además su principal fuerza de combate y defensoría ante los embates de otros países.

En Gran Bretaña, un presidente contagiado y que estuvo internado en terapia intensiva, apostó por financiar a su universidad modelo y apoyar con recursos a una farmacéutica que le garantizó con papeles firmados que sus primeras dosis serían para la población inglesa, situación que cumplió.

En Alemania no sólo se financió el proceso, también se preparó infraestructura especial para aplicar las dosis con orden y una organización que no cuestione de ninguna manera la inmunización de los ciudadanos en formas gratuitas.

En México, pues no, no se financió nada antes, tampoco gobernantes y empresarios  buscaron alianzas con farmacéuticas ni países para asegurar las primeras dosis y tampoco se realizó una organización incuestionable en lo político y económico con transparencia y sin reclamos públicos por falta de transparencia y equidad.

No quiere decir que en otros países no sucede que políticos se aplicarán la vacuna antes que los ciudadanos o que se intentara lucrar con padrones para establecer compromisos políticos-electorales con los ciudadanos, pero al parecer México ya es ejemplo y modelo internacional para ocupar el top tres de países reprobados en el manejo de la pandemia.

Hoy en México ni siquiera se llega a los 3 millones de personas vacunadas y sigue incierto el cumplimiento de las promesas de vacunar a mitad del año al menos a un poco menos de la población total de los mexicanos.

Efectivamente en México estábamos mejor, cuando estábamos peor, y las vacunas no significaron en términos reales y altos colectivos la posibilidad de reactivar una muy golpeada economía y una herida credibilidad ciudadana en los gobernantes y políticos.

Autor invitado.