La dignísima condición humana

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer

Conmemorar el Día Internacional de la Mujer nació a finales del siglo XIX, después de la Revolución Industrial. Se trata de un periodo histórico que transformó la economía y el modo de trabajo imperante desde el siglo XVIII y principios del XIX. Y, no obstante, si aquello favoreció a los varones, no se dio igual para las mujeres, muchas de ellas seguían siendo explotadas y no había ley que las protegiera. En 1857 las obreras que laboraban en la industria textil, las «garment workers», como las llamaban en inglés, organizaron en la ciudad de Nueva York una huelga. ¿Se imagina las que pasaron? Cuanto hartazgo y coraje debían de haber sentido, para romper con el paradigma del silencio y lanzarse a pelear para tener salarios más justos y condiciones de trabajo más humanas. Como era de esperarse, las detuvo la policía, pero la lucha siguió y dos años más tarde tuvieron su primer sindicato para exigir el reconocimiento de sus derechos.

Aquello fue solo el principio, 51 años después, el 8 de marzo de 1908, 15 mil mujeres se armaron de valor y volvieron a salir a la calle a reclamar un aumento de sueldo, menos horas de trabajo, su derecho al sufragio y la prohibición del trabajo infantil. «Pan y Rosas», era la frase que utilizaron para emblematizar su movimiento. Pan porque representaba la seguridad económica y rosas por su aspiración a un mejor nivel de vida. Exigían el sufragio femenino universal, la proclamación del derecho al trabajo, a ocupar cargos públicos, a formación profesional y a la no discriminación laboral por su condición femenina. Nada del otro mundo, simple y llanamente demandaban su desarrollo integral como personas. El 28 de enero de 1909 se celebró por primera vez en Estados Unidos el Día Nacional de la Mujer, escogieron el último domingo de febrero. En 1911 en varios países europeos y en Estados Unidos, el día Internacional de la Mujer. Eligieron el 19 de marzo para ello.

Cabe destacar que Nueva Zelanda fue el primer país del mundo que reconoció el derecho de votar a las mujeres en 1893. Acá en México fue hasta 1955.

Una tragedia enlutó al mundo de entonces. El 25 de marzo de 1911, más de 100 trabajadoras textiles, inmigrantes de Europa del Este e Italia en su mayoría, perdieron la vida en un incendio en la fábrica de Triangle Shirtwaist en Nueva York, 123 trabajadoras y 23 hombres fallecieron. Heridos fueron 70, la víctima más grande tenía 43 años y la más joven 14. De modo que la lucha tuvo que seguir. En otras latitudes también tuvieron las mujeres que tomar la bandera de la huelga para exigir vivir como lo que eran, seres humanos. En Rusia se les concedió el derecho a votar el 8 de marzo, según el calendario gregoriano.

Fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que más países se unieron y comenzaron a conmemorar el Día de la Mujer. En el año de 1975, las Naciones Unidas celebraron por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo. La lucha aún continúa en nuestros días, la brega por erradicar la violencia de género y alcanzar una real igualdad entre mujeres y varones, sigue en pie. Todavía hay mentes obtusas que se niegan a reconocer que el mundo necesita que sus dos alas, la femenina y la masculina sean igual de fuertes. Cada generación tiene el deber de luchar por los derechos de las que vendrán mañana. Se demanda un esfuerzo conjunto y prolongado en el tiempo.

En México se han dado avances importantes en este tópico, se cuenta ya con una reforma constitucional en materia de paridad de género que reafirma el compromiso con los derechos políticos y electorales de las mujeres, lo que se va reflejando, sobre todo, en el ámbito del Poder Legislativo. Pero todavía andamos cortos de presencia femenina en los espacios públicos en que se toman decisiones trascendentales para nuestro país y en los que resulta imprescindible el liderazgo y la visión de las de nuestro género. Y esto lo afirmo sin arrogancia.

Va cristalizando el exhorto del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de la CEDAW, en el sentido de «armonizar la legislación estatal a fin de reconocer como delito la violencia política contra las mujeres, estableciendo responsabilidades claras en materia de prevención, apoyo, enjuiciamiento y sanción para las autoridades federales, estatales y municipales». De tal suerte que, por primera vez a nivel federal, la violencia contra las mujeres en el espacio político se encuentra definida y regulada expresamente, lo que permite tener no solamente el fundamento jurídico, sino definido el radio de competencias para los distintos niveles de gobierno, en la prevención, atención, sanción y reparación.

Las reformas aprobadas son esenciales para que las mujeres mexicanas podamos ejercer nuestros derechos políticos electorales en condiciones de paridad y libres de violencia. Sin duda que son el resultado del compromiso asumido por los legisladores, mujeres y varones, magistrados y magistradas, autoridades electorales administrativas, organizaciones de la sociedad civil nacionales y extranjeras, la academia, movimientos de mujeres, mujeres políticas. Por cuanto a la prevención es de subrayarse que todos tenemos que esforzarnos por eliminar los estereotipos que afectan los derechos de las mujeres, y en esto tienen un papel sustantivo los partidos políticos, toda vez que siguen siendo los que preponderantemente tienen a su cargo la selección de aspirantes a los diferentes cargos públicos y a la integración de sus órganos directivos, para hacerlo de manera equitativa. Y no se diga los gobiernos de los tres niveles cuando conforman sus equipos de trabajo tanto en lo político como en lo administrativo. La armonización de leyes estatales con las federales es también relevante para garantizar la aplicación de la legislación.

La capacitación juega un papel importante para el fortalecimiento institucional, debe de ser pareja, sin distingo alguno, partiendo de que el talento no es asunto de género, si no de personas. Hay mucho que abonar todavía en este ámbito, y si desde casa y la escuela se coadyuva, sin duda que tendremos un país más equitativo en todos los ámbitos del quehacer humano. Los gobiernos deben contemplar en sus políticas públicas la generación, sistematización y uso de datos e información en materia de violencia contra las mujeres en política. Este es un aspecto en el que se necesita más concientización. Asimismo, el acompañamiento que han dado las organizaciones civiles ha sido fundamental para los avances alcanzados, por tanto, deben continuar, de ahí la relevancia de esta práctica de gobiernos abiertos que van permeando en el colectivo nacional, ya que implica el que la autoridad escuche a sus gobernados, escuche, ojo, no nada más que los oiga.

En la medida que las de nuestro género nos preparemos día a día para participar en todos los espacios de la actividad humana, y el político lo es sin duda alguna, sobre todo por la trascendencia que tiene en la vida de la nación, este país será infinitamente mejor, porque estarán en sintonía las dos visiones de quienes la componemos, hombres y mujeres. El machismo tenemos que abatirlo con conciencia, con preparación, con respeto, con diálogo, como lo hacen los seres dotados de inteligencia y de buena voluntad. Y esto está en nuestras manos alcanzarlo.

Los individuos que violentan a las mujeres, están enfermos de ignorancia, de vacíos interiores, de complejos de inferioridad, huérfanos de principios y valores. Y las mujeres que permiten ser tratadas como el ras del suelo también padecen una ausencia de amor a sí mismas, por eso hay que educarlas y sobre todo formarlas para que descubran la maravilla de lo valiosas que son y aprendan a vivir con la conciencia de que son personas dignísimas y por ende deben de ser tratadas de acuerdo a esa condición. Y a los varones también hay que formarlos en este entendido, no funciona de otra manera.

Licenciada en sociología por la UANE, Saltillo. Ha cursado estudios de Maestría en sociología, con especialidad en ciencia política, UNAM. Posee varios diplomados, entre los que destacan Análisis Político, en la UIA; El debate nacional, en UANL; Formación de educadores para la democracia, en el IFE; Psicología de género y procuración de justicia. Colabora en Espacio 4, Vanguardia y en otros medios de comunicación.