La disputa por México

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase

Lenin

En la década de 1970, sucedió el fenómeno en donde, la economía global se dividía en dos bloques: el socialismo «democrático», herencia del experimento soviético, y el neoliberalismo recién apostado en las economías nacionales y que daba libre albedrío a los mercados. El capital venció, y fue así que Margaret Thatcher y Ronald Reagan festejaban el triunfo de la nueva derecha en los años ochenta.

El modelo de sociedad con distintas variantes del socialismo, había perdido espacios debido a los conflictos de inflación económica y la subida del precio del petróleo. El modelo económico keynesiano sucumbía así ante el «fundamentalismo del mercado».

En México, con Miguel de la Madrid entrábamos a esta nueva etapa de salvajismo y especulación de mercado, que llegaba con un nuevo proyecto frente al capitalismo de estado de los anteriores gobiernos.

El poder adquisitivo de la clase trabajadora fue en detrimento con el paso de los años, la familia mexicana perdía. Las grandes transnacionales y solo un pequeño puñado de personajes concentraban la riqueza. El desmembramiento burocrático del Estado, hacía más ricos a pocas familias y se buscaba reducir a la administración a su ínfima expresión.

Con la «transición democrática», el abismo salarial y social se acrecentó más, durante esos fatídicos doce años, con gobiernos neoliberales de extracción panista. Por otro lado, con la llegada del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la república, el presidente Enrique Peña Nieto impulsó reformas estructurales, que para su gobierno resultaron cruciales.

¿A quién realmente atendieron estas reformas? ¿Fueron cambios de la denominada «revolución de los ricos»? la realidad es evidente y sin más preámbulo ni explicaciones asertivas o técnico-científicas, los resultados de este paquete de reformas ya los conocemos.

Resulta paradójico, que en un país como México se apoyara —y se sigue haciendo— a las políticas neoliberales. A pesar de haberse demostrado el fracaso del neoliberalismo, sus tentáculos, siguen penetrando en la vida política, social, educativa y cultural en nuestro país. Desde la crisis del 2007, parece ser que surgieron nuevas oportunidades para una distinta democracia con distintas formas de pensar, que se centraran más en la solidaridad y el ser humano y que pudieran tener cabida en los mexicanos, al promover una conciencia civil y una propuesta a la no desinformación en cada uno de nosotros.

Parece ser que algo hubo de eco, y el país dio una vuelta de timón con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador; sin embargo, aún no queda claro qué significa la 4T y al parecer, es combatir la corrupción o dar tumbos de decisiones administrativas sin precisión, o generar hordas de feligreses como una copia Latinoamericana de Orwell. Escoja usted la que más le acomode.

Ya sabemos que el fundamentalismo de mercado, ha sido reprobado de manera científica, con sus aspectos negativos que económica y socialmente han arrastrado. Detrás de la ilusión, estaba un modelo socialmente desigual que solo encontraba el crecimiento y la concentración en una minoría.

Si ya lo sabemos y millones de mexicanos votaron por un cambio aplastante, porque no exigimos, pero también actuamos en lugar de terminar en la silla designada para nosotros como parte de una multitud que no hilvana ideas.

Aguascalientes, 1982. Cursó sus estudios de Licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Coahuila, posteriormente hizo sus estudios de maestría en Gobierno y Gestión Pública en la Universidad Complutense de Madrid. Labora en la administración pública estatal desde el año 2005. Es maestro de Teoría Política en la Facultad de Economía de la UA de C desde el año 2009. Ha sido observador electoral de la Organización de los Estados Americanos en misiones para Sudamérica, en la que participa como miembro de observadores para temas electorales.