La histórica Legislatura XXVI

En mayo de 1911 se firmaron los Convenios de Ciudad Juárez. En los términos de éstos, Porfirio Díaz dejaría la Presidencia de la República y se nombraría un presidente interino, que fue Francisco León de la Barra. La triunfante revolución maderista estuvo en condiciones de exigir la disolución de ambas Cámaras del Congreso, así como plantear se convocara a elecciones extraordinarias para renovarlas. Sin embargo, nada se estipuló al respecto en los mencionados convenios, por lo que continuaron en funciones los diputados y senadores del antiguo régimen surgidos de las elecciones de 1910. Los diputados tenían entonces un periodo de duración de dos años; concluirían su encargo en 1912, el 15 de septiembre.

Madero ganó de calle la elección presidencial extraordinaria y asumió el poder el 6 de noviembre de 1911. Lo cual significó que desde esa fecha y hasta el 15 de septiembre del año siguiente —diez largos meses—, se las vería con senadores y diputados porfiristas de la XXV Legislatura.

Antes de elegir la siguiente legislatura (XXVI), rápidamente se hicieron reformas constitucionales y legales para que dichos comicios se realizaran a través del voto universal y directo de los ciudadanos, por primera vez en la historia de México, ya que hasta entonces las elecciones se efectuaban de manera indirecta; es decir, quienes tenían la calidad de votantes —a la sazón sólo los varones— nombraban electores, quienes a su vez designaban a los que ocuparían el cargo. En este caso a los diputados. Tal sistema pasó a la historia desde la elección de la XXVI Legislatura federal en 1912.

El decreto convocando a elección ordinaria de diputados federales, ya bajo la nueva modalidad, se expidió en mayo de 1912. Los comicios fueron el 30 de junio y la junta preparatoria de los presuntos diputados electos para calificar los comicios conforme al sistema de colegio electoral, el 2 de septiembre. Estos trabajos debieron concluir antes del 16 de septiembre de 1912, toda vez que la anterior legislatura terminó sus funciones el día anterior. Sin embargo, llegó la fecha —15 de septiembre— y no se concluyó la calificación de la elección de todos los distritos. A pesar de ello, la XXVI legislatura se declaró instalada el 16 de septiembre, cuando el presidente Madero leyó su II informe de gobierno.

Las elecciones para diputados federales celebradas el 30 de junio de 1912 ocurrieron sin mayores incidentes, si bien se presentaron ciertos problemas en algunos estados, que después se convirtieron en protestas alegando fraude.

A pesar de que las crónicas dieron cuenta de «buena afluencia de electores en las casillas», el historiador Stanley Ross, sin indicar su fuente de información, calcula que acudió a las urnas menos del 20% de los votantes en el DF y no más del 8% en los estados.

Una vez concluida por la Cámara la calificación de las elecciones de todos los distritos, la nueva legislatura empezó a funcionar regularmente a partir del 12 de octubre de 1912, es decir, casi un mes después de la fecha en la que debió haber iniciado sus trabajos regulares. Sin embargo, «después de 35 años de silencio y sumisión», de acuerdo a lo afirmado por la historiadora Josefina Mc Gregor, la nación tuvo en la XXVI Legislatura una asamblea libre e independiente.

El contraste entre esta legislatura y la anterior porfirista fue notable. El debate parlamentario reapareció después de muchos años. La discusión de ideas fue una constante, tras estar en el olvido por décadas. Además de su rico contenido, se escucharon de nuevo desde la tribuna parlamentaria discursos bien dichos y elegantes. Se volvió a hablar con libertad y sin cortapisas. Nadie tuvo temor a la crítica, fuerte, dura, expuesta con inteligencia tanto por diputados opositores como incluso por los legisladores maderistas; estos últimos no se sentían personeros del gobernante en turno, sino representantes del pueblo. El jefe de ellos, Luis Cabrera, brillante expositor y orador de gran elocuencia, lo mismo hacía acertados señalamientos críticos al gobierno que salía en su defensa con sólidos argumentos cuando era necesario. Fueron de antología los numerosos debates que Cabrera sostuvo con el Dip. Querido Moheno, formidable tribuno.

Al interior de esa histórica XXVI legislatura se formaron varios bloques parlamentarios. El más numeroso, conocido como grupo Renovador, fue el del Partido Constitucional Progresista, integrado por maderistas, muchos de ellos brillantes oradores y de gran preparación, como Jesús Urueta, José Natividad Macías y Félix F. Palavicini, entre otros, además del ya mencionado Luis Cabrera.

Estaba también el grupo denominado liberal, del que formaban parte cuatro antiguos porfiristas, diputados de la anterior legislatura, escritores y abogados de sólida preparación y excelentes oradores: José Ma. Lozano, Francisco Olaguíbel, Querido Moheno y Nemesio García Naranjo, conocidos como «El Cuadrilátero». No se quedaba atrás el grupo del Partido Católico, el mejor organizado y más disciplinado, con figuras de primerísima magnitud y calidad como Eduardo J. Correa, Francisco Elguero, Pablo Lozada, Eduardo Tamariz y Manuel de la Hoz. Sin omitir algunos independientes de gran brillantez, como los cultos abogados y escritores Aquiles Elorduy y Luis Zubiría y Campa (abuelo materno, por cierto, de mi esposa María de la Paz González Zubiría).

El 19 de febrero de 1913, estando la Cámara en sesiones extraordinarias, se presentó el cuartelazo de Victoriano Huerta y el nefando asesinato del presidente Madero. Aunque la XXVI Legislatura continuó ocho meses más en funciones, el 10 de octubre de ese año la disolvió «El Chacal» Huerta. Después de ese 19 de febrero de 1913 ni remotamente volvió a ser la misma Legislatura del régimen maderista.

¿A qué viene la anterior remembranza? A que no resulta descabellado suponer que la próxima LXV Legislatura podrá ser muy parecida en su funcionamiento a la histórica XXVI Legislatura, así: 1) Tal como funcionó hasta el 19 de febrero de 1913, en caso de que, conocidos ya los resultados —aún preliminares— de los comicios del 6 de junio, si la oposición no se fractura y Morena y sus aliados no alcanzan la mayoría calificada que perdieron en las urnas el domingo.

2) O, como aquella Legislatura funcionó después del 19 de febrero de 1913, luego del felón cuartelazo de Huerta, en el caso contrario, es decir, si la oposición deja de responder a lo que fue el mandato de sus electores y se pliega a los dictados del autócrata.

Dos visiones, dos modelos, dos opciones diferentes. Veremos cuál prevalece.

Es verdaderamente lamentable que dos dilectos amigos que pudieron llegar a la LXV Legislatura, no lo harán: los licenciados Esther Quintana y Juan José Rodríguez Prats. Dos panistas preparados, estudiosos, buenos tribunos y excelentes polemistas, que el partido debió postular vía plurinominal en lugares preferentes de su respectiva circunscripción, pues ambos participaron por el sistema de mayoría relativa. Lástima, porque pierde el PAN y pierde México.

Torreón, 1945. Ha sido diputado local, senador y diputado federal en tres ocasiones, por el Partido Acción Nacional. En 1999, fue candidato a gobernador de Coahuila por la alianza PAN-PRD- PVEM-PT, pero fue derrotado por el priista Enrique Martínez y Martínez. De 2003 a 2004, fue subsecretario de la Secretaría de Economía. En 2004, intentó se nuevamente candidato a gobernador de Coahuila, pero fue derrotado en la elección interna del PAN por Jorge Zermeño Infante. De 2006 a 2008, fue director de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS). Entre otros medios, ha escrito para El Financiero, El Sol de México y Espacio 4.