La prensa no debe censurar… ni a Trump

Saber que miente no justifica negarle a las audiencias el derecho de escucharlo, dicen especialistas. Las mentiras del mandatario pasaron a segundo término y se puso bajo escrutinio el papel de las televisoras

El presidente Donald Trump se reunió con la prensa dos días después de las elecciones del 3 noviembre para dar mensaje. No aceptó preguntas. Sin presentar pruebas, denunció fraude. «Si solo se cuentan los votos legales, yo he ganado. No tengo dudas», aseguró.

«Como medio privado, yo puedo decidir si lo pongo o no y cuánto tiempo al aire, pero mis razones no deben incluir el argumento de que miente; hacerlo así es imponerle un criterio a una audiencia que consideramos que requiere tutela».

Néstor Sclauzero

Las afirmaciones «inexactas» del republicano, no son una novedad. Los fact checkers de los medios estadounidenses han señalado una y otra vez las miles de falsedades que ha dicho en los últimos cuatro años. Esta vez, las tres principales tel evisoras estadounidenses —ABC, NBC y CBS— decidieron sacarlo del aire. Fox News y CNN mantuvieron la cobertura, con la advertencia de que «El presidente hace afirmaciones sin fundamento».

El historial del magnate neoyorkino es tan largo que los verificadores describen el hecho como inédito en su país. El inicio de su mandato fue como pisar el acelerador de una «máquina de mentiras». En su primera semana como presidente afirmó que un «fraude electoral» de «millones de no-ciudadanos, cadáveres y personas registradas en dos estados», lo había privado de obtener la mayoría del voto popular en 2016. Luego aseguró, sin demostrarlo, que el expresidente Barack Obama había colocado un micrófono en sus teléfonos.

Para finales de agosto pasado, cuando fue nominado para la reelección, ya se le contabilizaban más de 22 mil mentiras. «Ha llegado a proferir más de 50 por día» (The Washington Post, 05.11.20).

De acuerdo con politólogos, los embustes recientes son las más graves, tanto para los ciudadanos como para la democracia estadounidense. Queda claro que difamó de manera incesante y maliciosa el proceso electoral y ¿qué decir de la pandemia de COVID-19? Su discurso ha incluido cualquier cosa que le parece políticamente útil, sin importar si atenta contra la salud. Hasta el 11 de noviembre, Estados Unidos registraba 10.2 millones de contagios y más de 239 mil defunciones (Universidad Johns Hopkins).

«Lo mejor hubiera sido invitar a especialistas o políticos que ayudaran a buscar la manera de restablecer la verdad sobre el asunto».

Luciano H. Elizalde

Con sus declaraciones a lo largo de la carrera presidencial, su objetivo era claro: preparar el escenario para deslegitimar el resultado, aun a costa de socavar el sistema democrático que juró proteger.

Algunas boletas fueron «arrojadas a los ríos». Los votos han sido falsificados o han sido rechazados: elija su opción. «Las elecciones del 2020 serán las más inexactas y fraudulentas de la historia», «una gran vergüenza para Estados Unidos», tuiteó en julio y adelantó que solo podía perder si las elecciones estaban «amañadas». Con ese background, es entendible el discurso con que concluye su presidencia: «El sistema electoral es corrupto… Me han robado la elección», afirmaciones sin pruebas.

Los medios, a escrutinio

Después de que las cadenas cancelaron el discurso del presidente Trump, analistas y medios de comunicación en el mundo abrieron debate. Las mentiras del presidente pasaron a segundo término. La discusión fue sobre la censura.

«La mentira no se mata de una vez. La decisión de sacar del aire a un presidente en funciones se basa en esa ilusión, pero es contradictoria porque ese hecho refuerza las teorías conspiranoicas que esgrime Trump».

Fernando Ruiz

Sin cadenas nacionales en Estados Unidos, el episodio privó al mandatario de una audiencia muy importante. «¿Las cadenas televisivas, y otros canales, como el diario USA Today, hicieron lo correcto?», preguntó el diario argentino Perfil (07.11.20) a académicos y periodistas. La mayoría dijo que no: «fue una forma de censura».

«Quien se adjudica el poder de cancelar hoy a Trump, mañana puede cancelar a Biden o a cualquiera. Se deben contrarrestar las falsedades con pruebas en lugar de silenciar a quien las dice».

Silvia Ramírez Gelbes

Entre las posturas de los especialistas consultados por Perfil destacan las siguientes:

«Como medio privado, yo puedo decidir si lo pongo o no y cuánto tiempo al aire, pero mis razones no deben incluir el argumento de que miente; hacerlo así es imponerle un criterio a una audiencia que consideramos que requiere tutela. ¿Sacarlo del aire porque miente? ¿Acaso quienes te consumen siempre van a recibir lo que es cierto, nada que sea mentira? ¿Quién garantiza eso? En este caso, confrontar lo dicho contra datos y hechos debió ser la reacción periodística» (Néstor Sclauzero. Director de RePerfilAr, noticiero de NET TV. Exdirector de la televisión pública).

«Desde mi punto de vista, la decisión es un tipo de censura. Quien se adjudica el poder de cancelar hoy a Trump, mañana puede cancelar a Biden o a cualquiera. Se deben contrarrestar las falsedades con pruebas en lugar de silenciar a quien las dice» (Silvia Ramírez Gelbes. Lingüista. Directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés, coincide con Sclauzero).

«No comparto la decisión de sacar a alguien de la escena pública en el momento en que se expresa. Lo mejor hubiera sido invitar a un político, a un politólogo o alguien del Estado fuera del ámbito del Poder Ejecutivo, para buscar la manera de restablecer la verdad sobre el asunto» (Luciano H. Elizalde, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral).

«Es una decisión de fuerte impacto que convierte a NBC, CBS y ABC en protagonistas de un hecho político que agrega una polémica innecesaria a la tensa definición electoral. Creo que debieron dejarle concluir, sin importar si para el periodista de turno lo que dijo era verdadero, falso, justo o injusto, mientras no haya un delito evidente como la incitación al odio. La audiencia tiene derecho a enterarse y sacar sus propias conclusiones. La labor del periodismo es informar, no censurar. Decir: “Señores, el presidente está diciendo esto”, y después abrir lo dicho al debate y escrutinio público» (Gonzalo Terra, gerente de Noticias de Canal 4 de Uruguay).

«La mentira no se mata de una vez. La decisión de sacar del aire a un presidente en funciones se basa en esa ilusión, pero es contradictoria porque ese hecho refuerza las teorías conspiranoicas que esgrime Trump. La decisión de censurar solo se entiende por el hartazgo de cuatro años de su circo. Lo bueno, si acaso, es que quienes quieren institucionalizar la mentira observen que hay un periodismo que, aunque puede equivocar el método, busca cumplir con su objetivo: proteger la verdad» (Fernando Ruiz, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, presidente del Foro del Periodismo Argentino).

«Está claro que (Trump) nos manipula, así que: ¿por qué nos dejamos manipular? El debate va desde el periodista que está en un mitin, hasta los más sesudos estudiosos de la comunicación» (Carlos Hernández-Echevarría, periodista especializado en Estados Unidos del diario español La Sexta).

«A cada mentira le corresponda un desmentido, y a cada invento, un dato. La estrategia de Trump es mentir hasta que parezca que no hay hechos objetivos».

Carlos Hernández

Desde 2018, el gurú de la lingüística George Lakoff pedía a los medios: «no repitan las mentiras de Trump, ni siquiera para desmentirlas» (The Washington Post, 17.06.18). Para Hernández-Echevarría, lo correcto es que a cada mentira le corresponda un desmentido, y a cada invento, un dato. «Parece quedar claro que el objetivo de Trump no es distraernos, sino acabar con la verdad como concepto. Su estrategia es mentir hasta que parezca que no hay hechos objetivos, que todo vale y es opinable. Que no hay ciencia, expertos ni nada.

»Alguien tiene que dejar por escrito, para la historia futura: “Cómo de que no… sí hubo resistencia”. Basta de que nos hagan creer que da igual a quién insulte o a quién amenace porque “no va en serio”, “es solo por provocar”. No hay que olvidar que el perfil de Trump se respalda en un mensaje de odio y discriminación, y que eso le ha ganado muchos seguidores. Si la prensa lo desoye y no lo cuenta, y para hacer como si no sucediera usa la censura, abrirá la puerta al riesgo de caer en las desgracias que han empezado así, por no tomar en serio a alguien que anuncia lo que puede hacer». E4

Periodista