La vida según tu idioma

En 1995, la Conferencia General de la Unesco, que se celebra en París, decidió rendir un homenaje universal a los libros y autores el 23 de abril, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura

En el mundo se hablan cerca de siete mil idiomas. ¿Significa eso que hay siete mil formas diferentes de apreciar una misma cosa? En algunos idiomas aborígenes de Australia no existen palabras para «izquierda», «derecha», «delante» o «detrás». En su lugar, los hablantes nativos de esas lenguas utilizan el equivalente a «norte», «sur», «este» y «oeste», incluso en situaciones rutinarias, como en una cena: «Por favor, pasa la sal al este». Puede parecer complicado, pero resulta que estas personas, en general, tienen un mejor sentido de la orientación. ¿Quiere esto decir que la «realidad» se siente diferente de acuerdo con el idioma que se habla?

«Si hablas a un hombre en una lengua que entiende, el mensaje llega a su cabeza. Si le hablas en su lengua, le llega a su corazón».

Nelson Mandela

Nombrar un color

La lengua nos sirve para «organizar un mundo de otra forma caótico en categorías identificables», dice —en una videoentrevista a la BBC—, Panos Athanasopoulous profesor de lingüística en la Universidad de Lancaster en Reino Unido. «Nos proporciona etiquetas confeccionadas», explica el académico.

Sophie Scott, profesora de neurociencia cognitiva en el University College de Londres, considera que «la forma en que los idiomas dividen el mundo también influye en la forma en que lo vemos». Por ejemplo, la palabra «puente» puede ser masculina o femenina dependiendo de la lengua en que se hable. Como resultado, Scott explica que las personas pueden reconocer distintos atributos a la hora de describir un puente. «Su utilidad o poder puede ser asociado más a lo femenino, mientras que su fortaleza y tamaño más vinculado a lo masculino», plantea.

Por poner otro ejemplo de cómo los idiomas afectan el pensamiento, Athanasopoulous comenta sobre un experimento que implica nombrar un color en alguna escala entre el azul y el verde. «En varias lenguas hay términos para nombrar conjuntamente al azul y verde. Esto se encuentra en idiomas como el himba, hablado por tribus en Namibia», dice Athanasopoulous. Por lo tanto, «uno simplemente no puede reconocer fácilmente colores que no están codificados en nuestro idioma nativo», concluye el profesor.

El sentido del mundo

La idea de que los idiomas condicionan la forma en que percibimos la realidad ha experimentado altibajos en popularidad durante los años. Uno de sus máximos defensores fue el lingüista estadounidense Benjamin Lee Whorf, quien en 1940 publicó las conclusiones de sus estudios sobre la lengua nativa hopi estadounidense.

Whorf eligió este idioma porque sus hablantes nativos y los de inglés tenían distintas formas de concebir y expresar conceptos como el tiempo, o en palabras del profesor Athanasopoulos, «no eran observadores iguales del mundo». Esto fue llamado el principio de relatividad lingüística. Pero la teoría de Whorf fue criticada por insinuar que los hablantes nativos de un idioma no serían capaces de entender conceptos que no existen en ese idioma. Los opositores argumentaron que de ser cierto, ¿cómo alguien sería capaz de aprender algo nuevo?

Diferentes teorías

Pero existen formas en la que los idiomas fuerzan a sus hablantes a estructurar y verbalizar sus ideas, según Christopher Hart, profesor de lingüística en la Universidad de Lancaster en Reino Unido. «La estructura de un idioma fuerza nuestra atención sobre ciertos aspectos de la realidad relevantes para un idioma en el momento en que se habla», dijo el profesor Hart. Esta idea es llamada pensar-para-hablar, que significa que hablantes de diferentes idiomas piensan distinto, mientras preparan mentalmente el contenido del discurso. Obviamente es posible que todos pensemos de la misma manera pero que lo hablemos de forma distinta.

Boroditsky afirma que eso va más allá de usar un vocabulario diferente. Los diferentes idiomas requieren que recolectemos la información adecuada e incluirla en lo que se dice.

A pesar de que muchos idiomas difieren, el profesor Athanasopoulos dice que esto no debe frenar que nos comuniquemos con personas de distinto origen. «De hecho hay otra muy buena razón para aprender un idioma… ganar otra perspectiva del mundo», explica. El profesor reitera que, incluso, nuestras diferencias pueden unirnos. «La diversidad está en el corazón de la naturaleza humana y probablemente es la primera verdad universal de la humanidad», concluye el profesor.

Día compartido

Cada 23 de abril se celebra en el mundo el Día Internacional del Libro. De acuerdo con la Unesco, ese día es «simbólico» para la literatura mundial «ya que ese día en 1616 fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega».

Además, según explica ese ente de la Organización de Naciones Unidas (ONU), «la fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes, como Maurice Druon, Haldor K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo».

Por eso, en 1995, la Conferencia General de la Unesco, que se celebra en París, decidió «rendir un homenaje universal a los libros y autores en esta fecha, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura».

La celebración del Día del Libro tiene como objetivo «valorar las irremplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y cultural de la humanidad», dice la Unesco.

Sin embargo, investigadores del tema encontraron discordancia en el suceso de muerte de Shakespeare y Cervantes: En realidad no murieron el mismo día del mismo año. La aclaración alude que ciertas costumbres y los calendarios usados por España y Gran Bretaña en aquella época influyen en la confusión.

Miguel de Cervantes Saavedra no murió el 23 de abril, sino que lo enterraron ese día. En realidad, murió el día antes, el 22 de abril de 1616. Así lo indica el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España en la web conmemorativa del 400 aniversario de la muerte del escritor.

En aquellos tiempos, la costumbre era enterrar al finado al día siguiente de su fallecimiento —algo que continúa hoy en día— y anotar en la partida de defunción la fecha del enterramiento, no de la muerte. Es por eso que su muerte pasó a la historia como el día 23 de abril, cuando realmente ocurrió el 22.

¿Y William Shakespeare? En este caso, las referencias de que murió el 23 de abril de 1616 son inequívocas, así lo dice la Enciclopedia Británica, por ejemplo.

Sin embargo, cuando se menciona la fecha se olvida un dato importante: el calendario que regía a Reino Unido en aquella época. Hasta 1582 todo el mundo occidental se regía por el calendario juliano, impuesto por el emperador romano Julio César.

Ese año el papa Gregorio XII creó el suyo propio: el gregoriano, que fue rápidamente implantado en países católicos como España, Francia y Portugal, según relata Aciprensa.com. Pero Reino Unido no implantó el calendario gregoriano hasta el año 1752, según esta misma página web.

Es decir, en 1616, cuando murieron los dos escritores, ambos países se regían por calendarios que diferían en 10 días y, el 23 de abril de Reino Unido era, en España —y la gran parte del mundo occidental—, el 3 de mayo de 1616.

Así lo confirma Carlos Mayoral, filólogo español y autor del libro Empiezo a creer en mentiras, quien describe como «mito, postureo y marketing» el hacer coincidir las dos defunciones.

La ONU también habla con Ñ

No obstante, además de la celebración del Día del Libro el 23 de abril, el mismo día se asignó para la celebración del «Día del Español en las Naciones Unidas» con la finalidad de concienciar al personal de la Organización, y al mundo en general, acerca de la historia, la cultura y el uso del español como idioma oficial.

La coincidencia es que la elección del día atiende también al aniversario de la muerte del gran genio de las letras españolas, Miguel de Cervantes.

En general, las Naciones Unidas siempre han buscado maneras creativas de promover los idiomas oficiales en todas las esferas de su labor, entre las cuales no falta el español.

Multilingüismo

El pacifista Nelson Mandela afirmaba que «si hablas a un hombre en una lengua que entiende, el mensaje llega a su cabeza. Si le hablas en su lengua, le llega a su corazón». Esta premisa ha estado presente en las Naciones Unidas desde su fundación, máxime teniendo en cuenta su espíritu de paz, reconciliación y entendimiento tras un periodo de guerra.

De esta manera, el órgano internacional apostó por el multilingüismo en el reconocimiento del árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso como idiomas oficiales; mientras, el francés y el inglés serían considerados los idiomas de trabajo de la Secretaría de las Naciones Unidas, factor que persiste en la actualidad.

En 2010, la organización dio otro paso más hacia su apuesta multilingüista y decidió celebrar su diversidad cultural a través del establecimiento de los «Días de las Lenguas» para sus seis idiomas oficiales.

Las fechas se eligieron por su simbolismo o importancia histórica para cada uno de los idiomas.

Un año más tarde, en 2011, las Naciones Unidas propugnaron el multilingüismo como medio para promover, proteger, y preservar la diversidad de idiomas y culturas en todo el mundo, lo que implicaba a su vez el fomento del respeto de la diversidad cultural, el diálogo intercultural y una participación más amplia y efectiva de todos dentro de la organización. E4

Espacio 4.